Cubanálisis  El Think-Tank

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Fernando Heredia y Frei Betto

 

El Francotirador del Cauto, en Kaos en la Red 

 

Soy, cuando más, un rebelde con causa que no le gusta en esta vida sentarse en el portal de su casa para ver pasar el cadáver del socialismo.

 

Riflexiones

 

Déjenme decirles que yo no soy un tipo ilustrado como Fernando Heredia o Frei Betto, sino más bien un rebelde con causa que no le gusta en esta vida sentarse en el portal de su casa para ver pasar el cadáver del socialismo.

 

Ni por asomo puedo pensar que pueda compararme con ambos personajes de la cultura, pero pienso que si ellos escriben debe ser para que los que pueden leerlos dejen al menos un comentario, sin importar la utilidad, sobre sus ideas.

 

Yo vivo en un barrio de La Habana donde no pululan personas de la talla de los mencionados, sino más bien del tipo que menciona Miriam Celaya en un reciente artículo, es decir, donde conviven aseres, moninas y mujeres que les duele el peroné, junto a trabajadores, la mayoría deshonestos, que la vida los ha obligado a no ser honrados. (1)

 

De ellos les he hablado en ocasiones en mis artículos, sobre todo del carpintero, que yo juzgo que está en la media de nuestra población; casado, tiene hijos que ya le han dado nietos, es además un hombre trabajador que no se ha separado de la sierra y el cepillo desde que comenzó a trabajar siendo un adolescente. Además estuvo en Girón, en las zafras azucareras y vino de Angola medio desquiciado de los nervios. Pero ahí está, tranquilo, trabajando cuando puede comprar por la izquierda un poco de madera y abierto a dialogar para comprender porque vive en un mundo perturbado, donde detrás de toda concepción política existe un engaño procaz.

 

Yo lo uso de faro cada vez que me llegan documentos como la reciente comparecencia  “Revolución, cultura y marxismo”, de Fernando Martínez Heredia en el espacio Catalejo, de la Unión de Periodistas de Cuba, y la de Frei Betto, escritor, periodista, antropólogo, filósofo y teólogo de Brasil, en su conferencia: Papel del educador en la formación política de sus alumnos.

 

Señores, usted no se pueden imaginar la cara de estúpido puesta por el carpintero ante semejantes documentos. Nada, no se puede confiar en el prójimo. Estos señores hablan para audiencias que no pueden ser mediocres y entonces obligan, a seres como nosotros, a traducir a los simples mortales de las cosas que ellos hablan. Y lo más bonito del caso, y esto va para los troles de plantilla, nadie te paga por ello, salvo el comentario soez de algunos que cuando nos ven nos preguntan si traemos la quinta velocidad puesta, porque hay que hablar sin descanso para convencer.

 

Conozco el pensamiento revolucionario y marxista de Fernando Heredia desde los sesenta del pasado siglo, sobre todo a partir del discurso de nuestro actual presidente, que en aquel entonces pronunció una catilinaria de apaga y vamos, con el que quedó definitivamente cerrada la revista Pensamiento Crítico y donde calificaba, apostrofaba, y dejaba establecido para las décadas siguientes que tal revista y sus integrantes eran un claro exponente del diversionismo ideológico. En aquel entonces la revolución cubana no llevaba aún una década de existencia y ya era patente el autoritarismo y el fusilamiento político de cualquier idea que no entronizara con las que provenían del poder establecido.

 

Pensando en ello, me llama la atención que en su comparecencia Heredia por ninguna parte menciona que el pensamiento autoritario data desde edades tempranas y que el socialismo cubano ya cojeaba desde entonces.

 

Por supuesto, el carpintero es dado a las intemperancias y ya quiere ver debilidades donde realmente no deben existir y por eso le rechace de plano el ejemplo que me puso de que si un hombre engañado quiere regresar con la engañadora debe olvidar para siempre su infidelidad, cosa que los psiquiatras siempre han creído que es imposible. Pero no, ese no es el lenguaje del carpintero, el reitera que el tarro es duro y siempre amenazante y que olvidarse de ello solo conlleva a la nueva infidelidad. Es indudable que la experiencia adquirida por mi carpintero en su vida lo hace desconfiar mucho del ser humano, debe ser por eso que cría un perro.

 

Pero bueno, yo no soy el carpintero, para mí la comparecencia de Fernando Heredia es magistral y muy profunda, pero si soy muy exigente, creo que florea mucho para decir que en Cuba no habrá socialismo hasta que no haya democracia, hasta que no se vaya del poder el último totalitario y autoritario, hasta que no exiliemos la verdad a medias, hasta que creemos instituciones sociales que respondan a la voluntad popular.

 

Cuando Heredia afirma que “la Revolución rompió una y otra vez los límites de lo posible, y creó nuevas realidades” eso hay que verlo desde otra óptica. Como ya tales empeños quedaron en la historia, podemos analizar cuántos de esos intentos fueron fruto de la voluntad popular o del romanticismo sin costos para sus protagonistas, cuántos de esos desafíos “espontáneos” atentaron contra nosotros mismos y nuestro proceso, y cuántas de esas ideas fallidas son madrinas de los resultados que tenemos hoy. Recordemos que gobernar por decreto es tan viejo como la propia revolución.

 

Yo coincido con Heredia cuando afirma que “La revolución liberó al país del poder de la burguesía y del imperialismo norteamericano, de hecho y en la dimensión de la hegemonía, mediante el recurso a desatar y multiplicar una y otra vez las fuerzas del pueblo y del poder revolucionario. Implantó la justicia social a fondo, sin temor y sin fronteras, y sometió a sucesivas destrucciones la división de la sociedad entre élites y masas. A una escala y profundidad que no se habían soñado, se fueron creando una nueva conciencia y una nueva educación política”; pero solo por cinco décadas. Ya hoy una trasnacional brasileña puede trabajar una fábrica de azúcar sin interferencia estatal. ¿Acaso porque sea brasileña es menos explotadora que una norteamericana o inglesa?

 

Afirma Heredia: “La teoría de Marx, Engels y Lenin había sido reducida por el llamado comunismo a una ideología autoritaria destinada sobre todo a legitimar, obedecer, clasificar y juzgar”... “Necesitábamos un marxismo creador y abierto, debatidor, que supiera asumir el anticolonialismo más radical, el internacionalismo en vez de la razón de Estado, un verdadero antiimperialismo y la transformación sin fronteras de la persona y la sociedad socialista, como premisas militantes de un trabajo intelectual que fuera celoso de su autonomía y esencialmente crítico. Un marxismo que no se creyera el único pensamiento admisible, ni el juez de los demás”, pero tal cosa, Heredia, jamás existió, y cuando sectores minoritarios y figuras intelectuales se alzaron para hacer valer tales posturas, usted incluido, dice mi amigo el carpintero, en buen cubano, que los cogieron de base material de estudio.

 

Y me gusta cuando Heredia achaca ello al colonialismo mental pero más cuando lo saboriza, vaya, lo individualiza, diciendo que tal tipo de colonialismo porta la enfermedad de la soberbia y la creencia en la civilización y la razón como entes superiores e inapelables. Pero se pone mejor cuando más adelante afirma que “hay modernizaciones que parecen aportar autonomía, cuando en realidad solamente “ponen al día” los sistemas de dominación”. Eso es lo que nos está pasando ahoritica mismo con los lineamientos y el descaro estatal de la burocracia jurando que lo que construimos es el socialismo.

 

Pero más me gusta cuando nos habla de lo que fue el socialismo en el mundo “el marxismo como un talismán o como una propiedad privada, seguían vivos y activos, y que cumplían funciones muy diversas, que iban desde darles confianza y seguridad en la victoria futura del socialismo y el comunismo a muchos revolucionarios hasta la de encadenar y empobrecer el pensamiento, imponer autoritarismos y neutralizar voluntades, bloquear iniciativas, crear sospechas, condenar los desacuerdos y, en el terreno intelectual, animar la erudición vacía, la intolerancia y las citas de autoridad”.

 

Solo discrepo cuando a renglón seguido Heredia agrega que esa doctrina había retrocedido mucho y había perdido legitimidad, supongo se refiere a la debacle de 1989, porque desde entonces en el mundo algunos no enterraron el cadáver del “socialismo”, a pesar de que el muerto hiede, e intentan llamar como tal un supuesto camino hacia un imposible “capitalismo humanitario”.

 

Luego Heredia se desfasa cuando comienza a hablar de los logros económicos de la década del 80 en Cuba, una cosa es vivir mejor del esfuerzo propio y otra a vivir mejor gracias a la ayuda soviética, porque desaparecida esta lo que nos cayó arriba fue la de San Quintín. Al parecer Heredia olvidó el bistec de frazada de piso y la pizza con condón derretido.

 

Para no extenderme, realmente esta comparecencia, como todas las de Heredia, debe publicarse en la página ideológica del Granma, promueve el debate profundo, nos hace pensar y hasta sentirnos desgraciados después de tanto luchar por el socialismo y ver cono nos acercamos sin ninguna pausa y mucha prisa al capitalismo.

 

Finalmente algo para Betto. Últimamente hay una gran ofensiva y hasta el intento de hacernos creer que la cultura lo es todo para lograr el desarrollo, la libertad, la soberanía y todas esas lindezas que el ser humano ha buscado infructuosamente desde que las sociedades se dividieron en clases. Y para mí la cultura es un reflejo o producto de cada sociedad, no es causa, sino consecuencia.

 

En los años sesenta había toda una teoría de cómo los elementos de la superestructura podían incidir y cambiar el modo de producción, pero como teoría no creo que la vida le haya dado mucha razón, porque los promotores de tal ideares lo único que inventaron fue el socialismo real que es el camino más largo para llegar nuevamente al capitalismo.

 

Yo me pregunto ¿por qué los sistemas que nos antecedieron no necesitaron una Departamento Orientación Ideológica del Partido para crear ideología y les fue de los más bien?  Fíjense si al capitalismo le va bien, que un 1 por ciento revienta al otro 99 y nada pasa, salvo que el mundo ecológicamente se va a pique y amenaza con extinguir a la raza humana.

 

Hablar solo de educación obviando la contradicción entre capital y trabajo, y las relaciones de explotación que las caracteriza, es para mí como hablar en contra de la enfermedad sin considerar las causas que la provocan, es como aconsejar al paciente pastillas para la lombriz intestinal y no orientarle a no andar descalzo en la tierra y lavarse las manos antes de las comidas. Es, para ser más concreto, como el cuento de la garrapata en el oído, prolongamos la enfermedad. (2)

 

La cultura y la ideología son fruto directo de la relación entre los hombres, de las relaciones que establecen en el proceso de subsistencia, de sus aspiraciones personales, y es por eso que se explica que la cultura existente en el esclavismo difiera de la del feudalismo y de la del capitalismo.

 

No puede haber plena cultura socialista si lo que se construye no es el socialismo y la cultura y las sociedades son reflejos directos de sus condiciones de vida. Lo que sí es un hecho es que las culturas atrasadas o las sociedades deformes o en crisis son muy fáciles de penetrar culturalmente. Si lo duda, vea nuestra sociedad actual, donde se reprimen las ideas de la democracia socialista y se le da rienda suelta a las ideas atrasadas del capitalismo.

 

Notas.

 

 (1) No se en el barrio de mis lectores, pero por el mío existe la creencia arraigada y respetada, que el cubano puede ser honrado y deshonesto, y para ello establecen que la honestidad se mide desde el ombligo hacia abajo y la honradez desde el ombligo hacia arriba. A mí, la edad, como a casi todos los cubanos, nos hace honestos y honrados. Nadie roba con los pies.

 

(2) El mediquito recién graduado atiende momentáneamente la consulta de su padre y le llega un señor con dolor de oído. Conoce que el paciente se trata ese dolor de oído con su padre desde cinco años atrás. Lo revisa y le saca una garrapata que tiene en el oído al paciente y cuando le hace el cuento al padre este le dice que gracias a ella él se graduó de médico.