Cubanálisis  El Think-Tank

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Entrevista a Jorge Lamadrid Mascaró, Embajador cubano en la Argentina

"América del Sur y el Caribe se juegan el futuro"

 

El embajador de Cuba en la Argentina, Jorge Lamadrid Mascaró, advierte que la nueva vocación latinoamericanista está sometida al riesgo de "intereses ajenos".

 

Fernando Bravo, Rionegro.com.ar

 

–¿Cómo vivió el pueblo cubano la transición de Fidel a Raúl Castro?

 

–Fidel hizo entrega de responsabilidades a su hermano Raúl, a la sazón vicepresidente primero del Consejo de Estado y de Ministros. Fue un traspaso normal seguido con mucha preocupación por el pueblo cubano, porque se trata del hombre que cambió la historia de nuestro país y de nuestra región. Con contribuciones en todos los órdenes. Pero el traspaso se produjo de manera natural y eso habla de la cultura política de los cubanos y de la propia revolución.

 

–¿Pero Castro no está del todo retirado?

 

–Nunca se ha distanciado nuestro líder de los problemas que aquejan a la humanidad y se ha mantenido convocando a intelectuales a Cuba para debatir, para analizar, como hace unos años con la encrucijada inminente de un ataque de Estados y Unidos o Israel a Irán, y lo que eso pudiera haber ocasionado en términos de destrucción. Él se dedicó a hacer conciencia de los peligros para la humanidad, la crisis ambiental, la crisis alimentaria. Ha estado permanentemente estudiando y eso se resume en una de sus reflexiones recientes, en la que dijo que lo que más siente es no haber aprendido más en menos tiempo.

 

–En los años inmediatos posteriores a la revolución, Cuba jugó un papel central en medio de la bipolaridad de la Guerra Fría, acaso con la crisis de los misiles como uno de los momentos más críticos. Ese mundo ha cambiado cuando menos de escenario. ¿Qué papel asume Cuba hoy?

 

–La primera aproximación a esa pregunta es la doctrina martiana, de nuestro José Martí, que nos enseñó que patria es humanidad. La revolución, apenas dos años después, prestó su ayuda desinteresada a Argelia, que se debatía en un conflicto interno enfrentando a la petrópolis francesa; esa vocación humanista ha estado siempre en Cuba con Fidel y sigue estando, siempre con condiciones muy claras de solicitud expresa de las autoridades o sectores esenciales de los países. No se trata de intervenciones.

 

–Eso incluye la presencia militar en Angola...

 

–Después de Argelia fue Angola, Namibia, Sudáfrica y la contribución sustantiva que Cuba hizo al fin del apartheid, a la liberación de Namibia y a la preservación de la independencia angolana, y después vinieron las misiones internacionalistas humanitarias. Hubo médicos cubanos en todos esos países. El concepto es que nunca hemos ofrecido lo que nos sobra, sino que hemos compartido lo que tenemos. Éste es el aporte de la pequeña Cuba, sin recursos materiales sustantivos pero con algo en lo que podíamos ser una potencia: los recursos humanos. Ésta es la base y el fundamento que le dan a Cuba una enorme fuerza moral para decir las cosas en las tribunas internacionales...

 

–Pero de esa misma Cuba se dice que tiene presos políticos, que es un país sin democracia gobernado por una dictadura autosucesiva, que conculca derechos humanos, que amordaza a los críticos, y del que millares se van desafiando el mar... ¿Entonces?

 

–Tuve el privilegio de estar en el centro de formación de radio comunitaria Pocahullo de esta hermosa San Martín de los Andes, y allí coincidíamos en que es el sector mediático el que hoy concentra la mayor agresividad. Desde las invasiones a Irak, Afganistán, a Libia, ahora los intentos con Siria, son contenidos esenciales de la política imperial, pero las campañas de difamación mediática contra Cuba se han convertido en el frente más dinámico para atacar la revolución. Sin el más mínimo civismo acuden a la mentira burda para atacar la revolución. Ése es el escenario.

 

–¿Pero Cuba respeta los derechos humanos...?

 

–Las convenciones de derechos humanos han convivido con un sistema que es en esencia discriminatorio y que desprecia los derechos humanos. El capitalismo es un sistema en el que quien no posee no cuenta. Qué derecho humano puede haber en eso. Hay 50 millones de norteamericanos que no tienen acceso a la salud pública, de qué derechos humanos se habla cuando se habla así.

 

–Pero en este caso le pregunto por Cuba...

 

–Desde su inicio, la revolución cubana se caracterizó por su humanismo. Qué contradicción puede haber entre los derechos humanos del pueblo cubano y una política oficial del pueblo cubano de prestar ayuda desinteresada a decenas de países en temas como educación, cultura, salud, deporte. La manipulación es ostensible y apunta a condenar a Cuba en aquellos asuntos en los que se pueden crear pretextos para justificar, entre otras cosas, la política de bloqueo. Ése es el lenguaje, el discurso de las autoridades norteamericanas, que el bloqueo es necesario hasta democratizar Cuba. De qué democratización estamos hablando, de la del modelo de demócratas y republicanos. Repare en el hecho de que un tercer candidato en la historia de Estados Unidos siempre ha sido bloqueado o eliminado del escenario político electoral. No hay espacios para otra alternativa y no hay participación mayoritaria del pueblo norteamericano. ¿Esa democracia es la que quieren imponernos?

 

–Bueno, Cuba tiene un partido único...

 

–Primero, en Cuba tenemos una enorme garantía que es la participación mayoritaria del pueblo en programas y decisiones. Cómo es posible concebir que haya una dictadura en Cuba con más de 50 años y apoyo mayoritario de la población. No podríamos haber soportado ni seis meses el asedio de Estados Unidos sin el convencimiento del pueblo cubano. La oposición en Cuba fue creada desde Estados Unidos, fue concebida en los años 59 y 60 y a partir de allí esa artificialidad, esa impostación de los llamados disidentes, que son realmente mercenarios, reciben paga, son financiados por grupos que trasladan plata de agencias gubernamentales de Estados Unidos.

 

–¿Entonces no hay disidentes?

 

–No hay oposición legítima en Cuba. Es la deformación que ha introducido esa política obsesiva de difamación. Hay organizaciones ficticias, porque tienen tres o cuatro integrantes y son utilizadas para elaborar supuestas violaciones de derechos humanos en Cuba. Se habla del partido único, que se viola el derecho de asociación, pero es que hay que ver la doctrina y el pensamiento martiano. Martí creó en 1892 un partido, el Partido Revolucionario Cubano, cuyo único objetivo era la independencia cubana y cuya única condición y exigencia era la unidad... No creó diez partidos. Entre el 59 y 65, con Fidel Castro se logra unificar todas las fuerzas y partidos en Cuba y el resultado fue un partido, el partido de la unidad de los cubanos.

 

–¿Cómo ve la experiencia de la Unasur?

 

–Es indispensable sumar esfuerzos en organizaciones como la Unasur, que apuntan al interés mayúsculo de nuestros países. Fíjese cómo habrá cambiado la situación América Latina... Con Unasur fundamentalmente es la primera vez que las naciones sudamericanas concertaron un acuerdo y lograron en apenas unos meses, con la secretaría de Néstor Kirchner, que fue un aporte sustantivo al fortalecimiento de esa organización, lograron –decía– resultados excepcionales como abortar golpes de estado en Ecuador, sostener la estabilidad en Bolivia y en Venezuela...

 

–No ocurrió lo mismo en Honduras y Paraguay.

 

–Ésas son modalidades nuevas de consumación de destituciones, donde se recurre a expulsar deshonrosamente del propio país a presidentes en ejercicio del cargo, como ocurrió en Honduras, o el golpe parlamentario en Paraguay. Sin embargo la Unasur mostró un potencial enorme y es un paso indispensable como también lo ha sido el fortalecimiento del Mercosur con el ingreso de Venezuela o la ampliación de la alianza bolivariana de los pueblos, que fueron pasos indispensables para que surgiera la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Son hitos en esta etapa nueva. El golpe y asesinato de Salvador Allende, por ejemplo, no hubiera sido posible en estos tiempos. Ésta es la calidad del cambio. El hecho de que la Celac en estos momentos esté presidida por Cuba marca también una nueva instancia. Estados Unidos nunca ha presidido nada en nuestra región, salvo intervenciones, asaltos, agresiones, manipulaciones como la de la Organización de Estados Americanos, bien llamada por un ilustre cubano como "ministerio de colonia".

 

–El bloqueo a Cuba lleva ya 50 años y fue ratificado por el presidente Obama. ¿A qué atribuye usted esta continuidad, cuando no parece que la Cuba de hoy represente el mismo peligro que Estados Unidos temía en los años de la Guerra Fría?

 

–Fidel lo planteó en un memorable discurso de hace unos años: no nos pueden perdonar que hayamos hecho una revolución socialista en sus propias narices. Hay un elemento de frustración imperial y odio irracional que integra esa decisión de asfixiar la revolución cubana. Hay sobradas pruebas de una continuidad lógica porque desde fines de siglo XIX ya se establecían claramente los propósitos... La doctrina Monroe, América para los americanos, la tesis de la fruta madura y la brutal intervención en la guerra de independencia cubana en 1898... toda la historia apunta en una misma dirección: la constitución en Cuba de un régimen neocolonial después del derrocamiento de la dominación española. Esto de hoy es continuación de aquello, inalterable.

 

–¿Cómo calificaría la relación bilateral con Argentina y en qué podría potenciarse?

 

–La relación bilateral es excelente y resultado de la voluntad política de ambos gobiernos. Identificamos actos y valores en la política exterior argentina que dieron vía a organizaciones como Unasur o a fortalecer el Mercosur o la Celac, que hablan del contenido latinoamericanista de la política exterior argentina. Realmente tenemos potenciales enormes de cooperación, por ejemplo en el campo en el que Cuba tiene más fortaleza, que es la salud: las producciones conjuntas de medicamentos, vacunas para beneficio de ambas partes y terceros, sin las manipulaciones deleznables de las transnacionales de los medicamentos.