Cubanálisis  El Think-Tank

                                          RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

                                                                SUS AUTORES, SUS PROPIAS PALABRAS

 

 

Elementos para entender la campaña de acoso a Cuba

 

Cuba tomará decisiones que impliquen cambios en la isla. Pero Cuba es un país soberano y realizará los cambios que reclamen sus ciudadanos y no los que se exijan desde Europa o los Estados Unidos

 

Antoni-Ítalo Moragas Sánchez

 

Antecedentes y perspectivas

 

Cuba es un país insensato. A sólo 90 millas de los Estados Unidos de América, los y las cubanas decidieron trazar su propio camino, construir su sistema político, social y económico sin la tutela del gigante norteamericano. A lo largo de los cincuenta y un años de revolución, el pueblo cubano ha pagado muy caro el precio de su insensatez: invasiones militares como la de Bahía de Cochinos en 1961, atentados terroristas como el perpetrado en 1976 contra un avión de Cubana de Aviación causando la muerte de sus 73 ocupantes o un bloqueo económico que, con leyes como la Torricelli de 1992, asfixia económicamente la isla.

 

Con estos antecedentes debemos situar la actual campaña de acoso a Cuba.

 

Durante los últimos años se han producido cambios políticos estructurales en América Latina. Gobiernos progresistas como los de Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Ecuador, Honduras, Paraguay, Uruguay o Venezuela, han decidido escuchar la voz de su pueblo y darle la espalda a los Estados Unidos. El proyecto económico de los EEUU para Latinoamérica, el ALCA, está tocado de muerte después que Argentina se negara a aceptarlo. La Organización de Estados Americanos, en su última Asamblea General, pidió la incorporación de Cuba en la OEA y el fin del Bloqueo Económico. Cuba, además, ha sido admitida en el Grupo de Rio, está participando en la construcción de un Foro de Integración Americana sin los EEUU (Cumbre de Monterrey) y ha sido reelegida en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Mención aparte merece el papel que están jugando los médicos cubanos en la región, en particular en Haití, demostrando, con su prestigio, la viabilidad de construir un mundo mejor.

 

Con estas perspectivas debemos situar la actual campaña de acoso a Cuba.

 

Antecedentes y perspectivas nos indican que los EEUU no podían quedarse de brazos cruzados ante la pérdida de su hegemonía en América Latina y el creciente protagonismo de Cuba en el continente. El Golpe de Estado en Honduras en junio de 2009 y la intensificación de la campaña mediática contra Cuba no son dos coincidencias casuales; son las dos caras de una misma moneda, la moneda del US dólar para mayor precisión.

 

¿Por qué una campaña mediática contra Cuba?

 

A lo largo de medio siglo de revolución, ha quedado demostrado que la voluntad del pueblo cubano no se puede torcer militar o económicamente. La derrota de la invasión norteamericana en Bahía de Cochinos en 1961 reforzó el liderazgo de Fidel Castro y la adhesión de los cubanos al carácter socialista de la revolución.

 

Entre 1990 y 1993, como consecuencia de la caída de la Unión Soviética, Cuba perdió el 80% de sus exportaciones e importaciones y vio reducido su PIB al 36%. Mientras la burguesía cubana residente en Miami preparaba las maletas para volver a la isla, en Cuba la inmensa mayoría de la población decidieron afrontar la crisis de forma colectiva, o sea, preservando su sistema político; y para muestra un botón: en las elecciones las Asambleas Provinciales y la Asamblea Nacional de 1993, la participación fue de un 99,57%.

 

La insensatez presente desde los inicios de la revolución, recordemos a los 82 barbudos que se embarcaron en un yate de 13,25 metros de eslora para derrotar un ejército regular de 80.000 hombres, convierte la debilidad económica y militar de la isla en un acorazado indestructible. Y esta insensatez se sustenta en la superioridad moral del proyecto de la revolución, una superioridad que le ha permitido mantener su prestigio internacional y su consenso interno.

 

Por eso la guerra contra Cuba es hoy una guerra ideológica, una guerra orquestada desde el exterior necesitada de voces cómplices dentro de la isla. Voces como la de Yoani Sánchez, periodista mediocre que ha sido galardonada con un sinfín de premios por sus críticas al gobierno o por denunciar sufrir agresiones sin una sola prueba. O como las de Orlando Zapata y Guillermo Fariñas, delincuentes comunes que los medios de comunicación convirtieron en prisioneros políticos. El caso de éstos es aún más trágico porque son víctimas del imperialismo, aunque también sean sus cómplices.

 

Los cambios que Cuba necesita 

 

En el marco de esta campaña mediática, los medios de comunicación pretenden transformar cualquier crítica cubana en disidencia con el objetivo de visualizar que la revolución Cubana no cuenta ni siquiera con el apoyo de sus partidarios. Esta maniobra pasa por alto que la revolución cubana no ha sido un proceso monolítico, que Cuba, durante sus 51 años de revolución, viene realizando profundas reformas económicas, políticas, sociales e institucionales, y que estas reformas son el fruto de un debate intenso en la calle, donde los vecinos, con particular elocuencia, han contrapuesto sus ideas y han manifestado la necesidad de realizar cambios.

 

No es, por consiguiente, ninguna novedad que Pablo Milanés o Silvio Rodríguez, para citar los ejemplos más mediáticos, sostengan públicamente que se deben realizar cambios en la isla. Se trata de un síntoma de normalidad democrática y muestra que la democracia cubana, a diferencia de las occidentales, goza de muy buena salud: la ciudadanía participa en las elecciones y se preocupa por las decisiones de su gobierno.

 

"Revolución es sentido del momento histórico, es cambiar todo lo que debe ser cambiado" declaró Fidel Castro -poco sospechosos de disidencia- el primero de mayo del 2000. Y la revolución consiste hoy precisamente en hacer cambios, cambios que resuelvan los problemas económicos que atraviesa el país y que permitan elevar la calidad de vida de la población cubana. Cambios que ya se han empezado a hacer: se han unificado ministerios para reducir el gasto público, se ha iniciado la entrega de tierras ociosas de propiedad estatal a ciudadanos cubanos para que las conreen y, por si no fuera suficiente, la Asamblea Nacional está llena de proposiciones de ley que aún deben ser discutidas.

 

Los cambios realizados son aún insuficientes. Pero los cambios en Cuba se han realizado con el consenso de la población y a ritmo cubano. Cuba será valiente, siempre lo ha sido, y no le temblará el pulso para tomar decisiones que impliquen cambios profundos en la isla. Pero Cuba es un país soberano y realizará los cambios que reclamen sus ciudadanos y no los que se exijan desde Europa o los Estados Unidos. En Cuba toda la población duerme bajo cobijo porque en su día se expropiaron las propiedades de los grandes terratenientes, un cobijo que debe ser reformado, ampliado y modernizado, pero que tomen nota y recuerden: Cuba no dejará a su pueblo a la intemperie. Cuba no entregará la revolución.

 

Antoni-Ítalo Moragas Sánchez es responsable de relaciones internacionales de CJC - Joventut Comunista de Catalunya.