Cubanálisis El Think-Tank

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El gato y el cascabel

 

Manuel Alberto Ramy, Progreso Semanal

 

En nuestra lengua española hay un refrán en forma de pregunta para destacar un reto: Quién le pone el cascabel al gato. Aplicado a la situación cubana, el gato, que es la economía, anda rengo y el cascabel, aunque no lo tiene puesto, suena a tiempos duros y difíciles.

 

Según Marino Murillo, Ministro de Economía y Planificación y vice presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, la desocupación es del 1,7%, una cifra que a simple vista es todo un éxito, pues indica la bajísima existencia de los sin trabajo, algo que golpea a la inmensa mayoría de los países, más ahora en los tiempos críticos que corren. Pero, ¿a costa de qué es esa baja desocupación?

 

Existe una disciplina relacionada con la organización del trabajo capaz de determinar la cantidad de empleados necesarios para todo tipo de trabajo, bien sea de servicios o de producción de bienes. Si esta disciplina se aplicara, veríamos la hiperinflación de plantillas que padecemos en prácticamente todas las actividades económicas del país. Allí donde basta con tres hay el doble y quizás más.

 

Bajar los numeritos indicativos de desocupación a cifras envidiables inflando plantillas ha ido entorpeciendo la producción y la productividad, pues impide, distrae, distorsiona, retarda y entretiene la realización de las tareas, cualesquiera que sean. ¿El resultado? La productividad del trabajo ha seguido cuesta abajo y este año es del 1,1% (el plan original era del 4 %). Además, se pagan salarios absolutamente innecesarios. Más clarito: si en una fábrica de bujías solamente son necesarios 20 hombres, pero hay 40, se paga el doble del salario requerido y la plusvalía o el plusvalor, según el término marxista, no aumenta, y es este plusvalor el destinado al conjunto de la sociedad.

 

Según el Ministro Murillo, el salario mensual promedio creció un 2,9%, de 414 pesos (moneda nacional) a 427. Lo planificado era de 1,4%. Un contrasentido: aumento del promedio salarial y baja productividad. Pero debemos tener en cuenta que el aumento del promedio del salario no es el real ya que los gastos de la población han crecido debido a la subida de los precios de algunos servicios, como la electricidad, y de productos que ya no se venden a precios subsidiados mediante la libreta de racionamiento, como la papa, que aumentó de 0,30-0,40 centavos la libra a 1 peso, y los chícharos, que mediante la libreta costaba 0,16 centavos la libra y ahora cuestan 3,50 pesos.

 

Según el doctor en economía Pavel Vidal, “1 peso cubano de 1989 equivale a 9,25 pesos actuales”, y al cierre del año 2008 “el salario real equivalía a 45 pesos” del citado año. Si la tendencia, anunciada y reiterada, es la paulatina eliminación de subsidios, el salario real del cubano disminuirá, salvo que se tomen decisiones que reanimen al conjunto de la economía.

 

Pero volvamos a la plantillas. Resolver la hiperinflación de personal es un imperativo para aumentar la producción y la productividad, factores imprescindibles para entrarle a fondo a otros problemas, como la dualidad monetaria, por ejemplo. Pero ocurre que las plantillas infladas es un fenómeno que envuelve a decenas y decenas de miles de compatriotas. ¿Qué hacer? ¿A la calle? Inaceptable. ¿Enviarlos a estudiar y pagarles su salario, medida tomada con miles de trabajadores azucareros cuando se decidió restringir a lo necesario la producción de este sector? ¿O manteniéndoles el 60% de su salario? No creo que el horno esté para esas galleticas.

 

Las respuestas no son coyunturales, sino estratégicas, urgidas de una visión integral. Ponerle el cascabel a la economía pasa inevitablemente por la "actualización" del modelo económico, término usado por el presidente Raúl Castro el pasado 20 de diciembre, durante su discurso de clausura del pleno de la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento cubano). Sobre los posibles por qués o motivos para echar mano al término --que implica un concepto de no ruptura radical con lo anterior y vigente, pero sí una adecuación a la realidad muy diferente a la de 30 años atrás--, ya escribe el colega Luis Sexto.

 

Pienso que actualizar implica, en primer lugar, considerar como inevitable un replanteo crítico de las distintas variantes económicas implementadas a lo largo de 51 años y definir un modelo a partir de la realidad nacional –composición social y humana cualitativamente diferente a los inicios revolucionarios--, la vigencia e impacto de una crisis internacional severa de final impronosticable y que, según especialistas, viene con voluntad repetitiva. Y además debe valorar nuestro horizonte más próximo: una administración estadounidense que busca revertir el proceso cubano, así como recuperar los espacios perdidos en nuestro continente latinoamericano.

 

Sin embargo, existen varias vías para ir desinflando sana y productivamente el globo de las plantillas. Una de ellas consiste en reanimar y ampliar a otras actividades las licencias para trabajar por cuenta propia. Otra, y por cierto nada contraria a la opción socialista, puede pasar por integrar a esos miles de compatriotas a nuevas formas de producción y de propiedad. Las pequeñas empresas y las cooperativas --insisto en estas últimas, porque siguen en la punta en cuanto a productividad en el sector agropecuario--, pueden asumir rentablemente y bajo un régimen impositivo adecuado diferentes sectores de la red minorista y de la construcción.

 

Si de liberar las fuerzas productivas allí donde sea necesario se trata, aspecto mencionado por el presidente Raúl Castro en el discurso que cité, existen lugares donde realizarlos satisfaciendo intereses y motivaciones individuales y colectivos, porque ambos existen, caminan día a día por nuestras calles y campos.

 

Vivimos tiempos complejos, cierto. También realidades complejas en lo interno y un cubano mucho más complejo, en gran medida por el nivel de educación alcanzado. A realidades complejas, respuestas, políticamente similares. No hay repuestas simples para ningún tema de actualidad.

 

El proceso se defiende con novedades bien meditadas y que resulten productivas. No actualizar equivale a un callejón sin salida. Argumentar la amenaza imperial, cierta, real, es motivo de precauciones de todo tipo, pero manejarla a fin de paralizar actualizaciones impostergables y novedades creativas, sería hacer un buen servicio al enemigo. ¿A caso no ha sido su pretendida palanca entorpecer económicamente el proceso cubano para una explosión interna? ¿O como mínimo, restar base de apoyo social al proceso? Nada, a ponerle el cascabel al gato.