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Democracia, para controlar la burocracia

 

Mientras exista burocracia, no queda otra que establecer el pleno control democrático de los trabajadores y del pueblo sobre ella y no al revés como ocurre ahora.

 

Pedro Campos, Kaos en la Red

 

“De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, irá a ser esclavo de los funcionarios.”

J. Martí

 

En uno de sus recientes discursos, Raúl decía que Fidel lo había dicho todo, pero no le habían hecho caso y que los acuerdos de los anteriores Congresos del PCC no se habían cumplido.

 

Desde su llegada a la Presidencia, el ahora también Primer Secretario del PCC, trata de sacar el país del inmovilismo y acertadamente   ha hablado de eliminar secretismos y regulaciones absurdas, de dar participación a los trabajadores, espacio a las diferencias y a las contradicciones, de descentralización, de unidad de la nación, de hacer una prensa crítica, y no se cansa de decir que hay que cambiar la mentalidad, los métodos, los estilos y las estructuras.

 

Pero la práctica del poder burocrático sigue por viejos rumbos: multitud de irracionales prohibiciones se mantienen, la corrupción continúa, pocas cosas funcionan bien, otras van muy lentas o precisan definiciones, el monopolio del estado en el mercado interno y las múltiples trabas burocráticas impiden el desarrollo de las llamadas formas “no estatales” de producción. La población sufre los interminables y complicados trámites para todo, los tropiezos con la vieja mentalidad están a cada paso y se pide al pueblo opinar sobre asuntos que afectan a todos, para que luego decida un grupo selecto, cuyas disposiciones nos llegan después a pedacitos.

 

El sistema burocrático ni se oculta para obstaculizar cualquier cambio que se pretenda.

 

Así, ahora pareciera que la burocracia, la que en concreto ejerce el poder, tampoco le hace caso a Raúl. Sigue fuera de control.

 

La historia enseña que la burocracia se somete a pleno control popular, o acaba con los procesos revolucionarios.

 

En la última reunión del Consejo de Ministros se mencionaron los cientos de regulaciones que obstaculizan las operaciones de compra/venta de viviendas y autos; pero con eso mismo se justifica la prórroga de tales edictos. La tan socorrida práctica jurídica de hacer nuevas leyes, que deroguen todas las anteriores que se le opongan, ahora parece olvidada.

 

La urgencia de la crisis a la que ha hecho referencia Raúl, demandaría reuniones inmediatas y permanentes del parlamento cubano, la instancia legal para cambiar todo lo que deba ser cambiado; pero a nadie se le ocurre.

 

Vivienda, alimentos y transporte, tres problemas básicos necesitados de urgentes soluciones y   que el partido/gobierno se ha propuesto resolver en los últimos años, siguen en crisis, más que todo por las regulaciones y trabas existentes, que no estimulan adecuadamente el trabajo y el progreso en esas ramas.

 

En el área de la economía propiamente socialista (cooperativa-autogestionaria-cuentapropismo), poco se ha avanzado, aún cuando se han dado algunos pasos importantes como la repartición de tierras ociosas, la ampliación del número de actividades autorizadas por cuenta propia y la propuesta de extender el cooperativismo, pues todo se hace desde las limitaciones que impone   el estado-centrismo.

 

Para impulsar el cooperativismo fuera de la agricultura, aprobado por el VI Congreso, no acaba de aparecer un decreto, una ley, ni siquiera una regulación transitoria ministerial, de las que tanto abundan para otras minucias. Créditos externos para el cooperativismo, no parecen interesar al estado. Algunos parecen temer que haya trabajadores libres asociados con capacidad de autofinanciamiento, independientes del estado.

 

Sin embargo, los complicadísimos planes estatales para extraer petróleo de la plataforma, hacer un super-puerto en el Mariel y erigir 19 campos de golf con zonas residenciales para el disfrute de millonarios, fueron rápidamente tramitados, aprobados y puestos en ejecución. Los préstamos internacionales para tales proyectos, se contratan con prontitud.

 

El discurso burocrático trata, imprecisa y superficialmente, problemas y categorías de la economía política que impiden la toma de decisiones correctas. Sigue confundiendo socialismo con capitalismo monopolista de estado; mercado, circulación monetaria y dinero con capitalismo; socialismo con estatalismo; cuentapropismo con pequeñas empresas capitalistas; cooperativismo con capitalismo de grupo y bienestar con consumismo.

 

No pocos burócratas interpretan el combate al igualitarismo, como el aumento de las diferencias sociales impuestas por el rango y la jerarquía otorgados, no por el resultado del trabajo creador y productivo.

 

La economía estatal que funciona a base de divisas, trata de tener en cuenta las leyes de la economía mercantil. La que funciona con moneda nacional, las vulnera totalmente y sigue ahogada financieramente, entre otras razones, por la doble-moneda, que posterga de manera indefinida el estímulo a la producción, al mercado y al consumo.

 

Se acordó en el VI Congreso avanzar en un proceso de descentralización económica, pero tres meses después no hay claros pasos en esa dirección y en la práctica, siguen en pocas manos el monopolio, la centralización y concentración de todo lo importante en la economía: el mercado, los recursos, las empresas, las decisiones de políticas a seguir. El sector militar acapara las empresas más productivas en divisa, el mercado interno de divisas y los proyectos principales compartidos con el capital extranjero.

 

Se habla de sustituir importaciones, pero muchos recursos se dedican a importar para el monopolio estatal del mercado interno en divisas y no a estimular la producción interna. Sigue presente el slogan voluntarista de producir más primero, antes que pagar mejores salarios. No acaban de entender que es al revés: Para que haya producción debe haber primero estímulo. Consecuentemente, no hay prioridad al estímulo económico a los productores ni a la producción. Pareciera que se exige a la gente trabajar para complacer los deseos de dirigentes estatales, no para satisfacer directamente sus necesidades materiales y espirituales.

 

El ejemplo del aumento del precio de Acopio a la leche, no se acaba de extender a todas las producciones y quizás no pueda hacerse, pues por su reconocida   ineficiencia podría terminar como siempre: comprometiendo el presupuesto del estado, debiéndole millones a los campesinos, llevando a la población un % mínimo de lo producido, mermando la calidad y aumentando los precios al consumo directo.  

 

Hay que establecer relaciones monetario- mercantiles entre los eslabones de la economía interna, pero sobre todo, que sus resultados positivos o negativos, se reflejen proporcionalmente en las entradas de los trabajadores.

 

El estado, que avanza en suprimir gratuidades, eliminar subsidios y rebajar los presupuestos a las prestaciones sociales, paralelamente no mejora los sueldos de sus asalariados.

 

La prensa única y oficial abunda en los incumplimientos de todo tipo de las empresas estatales y de los planes de producción agrícola, pero las propuestas de soluciones no pasan del viejo esquema voluntarista de “trabajar más, control –burocrático- y exigencia”, mientras la participación de los trabajadores se reduce a que “opinen”.  

 

Muchos en la burocracia siguen apostando al petróleo por extraer y al levantamiento del bloqueo imperialista, como salvavidas del modelo burocrático-estatalista-asalariado que sigue intacto. La dependencia de Venezuela, es harto elocuente.

 

En fin que para desarrollar la economía estatal en divisas, el sistema burocrático tiene un plan   integral que ya aprobó y ejecuta;  para desarrollar la economía socialista, la que podría beneficiar al pueblo más allá del estado, no. La esencia del neo-estalinismo, el estatalismo burocrático, sigue vigente.

 

Pero la culpa de las deficiencias se sigue atribuyendo al eslabón más débil y último: los trabajadores, a los que hay que controlar, disciplinar y exigirles, los que nada deciden, los que siguen con bajísimos salarios, los menos estimulados, los más necesitados, los dueños de nada.

 

En consecuencia el “sentido de pertenencia” no tiene sentido para las mayorías; la mira de muchos jóvenes, para progresar, sigue puesta allende los mares; la población sigue decreciendo y envejeciendo, y las esperanzas… trituradas en el trapiche de la burocracia, que boicotea los cambios con su paso de jicotea, aunque Raúl diga que no hay tiempo para seguir bordeando el precipicio. Y no por falta de leales a Raúl en todos lados.

 

En el área política las reformas están por conocerse, mientras esquemas maniqueos, sectarios, deshumanizados y excluyentes siguen presentes en el comportamiento de la burocracia.

 

Así, la policía, que estaría para cuidar a los ciudadanos de cualquier arbitrariedad, y la Seguridad del estado, que no debería inmiscuirse en cuestiones políticas o ideológicas, continúan hostigando, por diferentes vías a la disidencia, con episodios lamentables, y a quienes, por cualquier razón, difieren de políticas gubernamentales o están en desacuerdo con las figuras que el Consejo de Estado determinó que encabezaran la dirección del país.

 

Sigue el acoso a negros y mestizos que conversan con extranjeros por “asedio al turismo”, y a los orientales que vienen a La Habana a buscar mejorar la vida.

 

El Presidente muestra su disposición a conversar, sin condiciones, con el mandatario norteamericano y tiene todo el derecho de hacerlo. Los gobiernos de EE.UU. y Cuba mantienen intercambios en un sinnúmero de asuntos de mutuo interés. Las Inteligencias de ambos países colaboran en materia antiterrorista. El gobierno cubano compra alimentos en EE.UU. por varios cientos de millones de dólares anuales para revenderlo –dentro- al turismo, al mercado interno en divisas a por lo menos dos veces y media su valor original y recoger los cientos de millones de dólares que llegan por las remesas, además de mantener la menguada libreta de racionamiento.

 

Hoy por hoy, el gobierno cubano no pudiera sostenerse si no fuera por el intercambio y todos los vínculos existentes entre Cuba y EE.UU., a pesar de que subsisten otras leyes del bloqueo.

 

En cambio, los lebreles del neo-estalinismo pueden acusar de agentes del imperialismo o contrarrevolucionario a cualquier ciudadano que intercambie criterios con un diplomático norteamericano o   con un disidente político respectivamente.  Y quien se atreva a recibir un centavo de ayuda de alguna entidad internacional sospechosa de tener algún vínculo con el gobierno norteamericano, puede ser acusado de “traidor y agente de la CIA” y puede ser sentenciado a varios años de cárcel.

 

En esa misma dirección, recientes programas televisivos de la Seguridad del estado” sugieren que pudieran ser agentes al servicio del enemigo los blogueros independientes, religiosos laicos que critican aspectos no democráticos del sistema político o cualquiera que visite la embajada de EE.UU.: Una verdadera fábrica de adversarios que, contrariamente a sus propósitos, provoca in-seguridad del estado.

 

La represión, que suele encubrirse bajo medidas administrativas, adquiere matices dramáticos cuando alcanza a los propios revolucionarios que, en defensa de la revolución y el socialismo, exponen puntos de vistas distintos a los del partido/gobierno, sobre las maneras de hacer avanzar la sociedad. Y todo, amparado en decretos leyes y regulaciones, algunas ni escritas, que contravienen espíritu y letra de la Constitución.

 

Un premio nacional de pintura, miembro de una Asamblea Provincial del Poder Popular, es acusado públicamente de “contrarrevolucionario” por declarar que está de acuerdo con el pluripartidismo, recibir en su taller a cualquiera que desee visitarlo, tener relaciones personales con otros cubanos que tienen posiciones antigubernamentales y porque consintió que una destacada opositora, que vive en Cuba, pusiera una carta suya en su blog.

 

Una dirección local del Partido ratifica una sanción de separación del Dr. Esteban Morales, por haberse atrevido a calificar de contrarrevolución la corrupción en el estado.

 

El Partido separa de sus filas a un profesor universitario por expresar y promover cambios del “socialismo de estado” a un socialismo más democrático, con las empresas bajo control de los trabajadores.

 

Oficiales de Seguridad del estado prohíben desfilar el 1ro de mayo a una tela que lleva como única inscripción AUTOGESTIÓN SOCIALISTA.

 

A un combatiente contra el terrorismo contrarrevolucionario en suelo extranjero y quien fuera condecorado por misiones internacionalistas, partidario de hacer más democrático y participativo el socialismo, le retienen arbitrariamente su arma personal, debidamente legalizada y lo detienen cuatro horas a su llegada al aeropuerto, con el pretexto supuesto de buscar “drogas” en su equipaje. Algunos consideran que tales actos pudieran ser el preludio de acciones de otra envergadura contra ese compañero, ante el fracaso de otras campañas de descrédito en su contra y por su indeclinable actitud.

 

El director de un órgano nacional de prensa, impunemente, se atreve a acusar de servir al enemigo a un grupo de blogueros y periodistas jóvenes que han asumido el compromiso de expresar y analizar nuestra realidad desde su propia perspectiva, pobre, humilde, negra, desprotegida, excluida, diversa, culta. Y todo, por el simple hecho de que escriben y tienen sus bitácoras en un sitio digital (Havana Times) administrado por un norteamericano, sin tener en cuenta para nada el carácter revolucionario de lo que allí se publica ni quién ha sido y quién es ese “norteamericano”.

 

La prensa continúa plenamente controlada por el aparato ideológico –de viejo estilo-   y en ella sigue predominando el triunfalismo, si bien se aprecia un aumento de la crítica a las deficiencias. Los espacios de crítica siguen limitados y el acceso a Internet es cada vez más restringido. Los métodos del neo estalinismo, en fin, no ceden.

 

Siguen vigentes regulaciones migratorias para los cubanos, que más parecen un  lucrativo negocio para la burocracia y una especie de castigo o multa a los cubanos que desean viajar por interés personal,  que mecanismos para facilitar la vida a los ciudadanos.

 

Así, la burocracia, en su actuación práctica continúa   apegada a la medieval y oportunista filosofía del “estado sitiado”: “toda disidencia es traición, conmigo o contra mí”.

 

De forma poco transparente, luego de terminado el VI Congreso del PCC y de haber realizado multitud de Asambleas Municipales y Provinciales, de nuevo se realizan plenos territoriales, se cambian a varios dirigentes del Partido, y aunque se dijo que se dividirían las labores del gobierno y el partido, éste se inmiscuye en todos los aspectos de la administración, y por nunca quedar definido cómo hacer avanzar la producción con métodos socialistas, el discurso voluntarista se adueña de las reuniones. 

 

Raúl terminó el Congreso, con las palabras: ¡Ahora, a trabajar!: pero parece que una importante parte de la burocracia del PCC entendió: ¡Ahora, a charlar!

 

¿Los burócratas no hacen caso a Raúl, éste no habló claro, no lo entendieron, o es que la estructuración del sistema económico y político lo impide? Alguien inquirirá: ¿Es que manda la burocracia?

 

Creo, y puedo estar equivocado, que más que culpa de Fidel, de Raúl y de los propios burócratas, el problema de fondo es sistémico. Se ha reconocido que el viejo modelo no funciona, pero en lugar de cambiar todo lo que debe ser cambiado, el gobierno/partido trata de “actualizarlo”, lo que equivale a mantener intactas sus bases de sustentación: el estatalismo burocrático, la concentración en el estado de la propiedad y las decisiones, trabajo asalariado, y demás esquemas del neo estalinismo sobre el control de las libertades individuales y la democracia.

 

Preguntarán algunos: ¿Y no fueron acaso ellos dos los que implantaron el actual sistema de toma de decisiones? Mi respuesta: indiscutiblemente ellos son los máximos responsables, porque en ellos el pueblo depositó la confianza, embriagados como estábamos por la leyenda y el discurso libertario y democrático de la Sierra. Pero no culpemos solo a Fidel y a Raúl.

 

Por acción u omisión todos los cubanos con alguna cultura política, tenemos responsabilidad en que hayamos llegado hasta aquí: los que de una u otra forma sostienen lo establecido, los que en algún momento estuvimos de acuerdo con todo, los que prefirieron irse del país antes que buscarse   problemas, los que aceptamos la ausencia de mecanismos democráticos hasta 1976, en que se instaló   por primera vez, desde 1959, una Constitución y un Poder Popular siempre controlados por la dirección del PCC.

 

También los que escogieron los métodos violentos equivocados para enfrentar los déficit democráticos y, especialmente, el enemigo histórico de la nación cubana, el imperialismo norteamericano que impuso y mantiene el bloqueo, dizque para buscar un “cambio democrático”: pero que en verdad solo ha servido para justificar y acrecentar las arbitrariedades, déficits y vulnerabilidades del “modelo”, mismas que terminarán por hundirlo.

 

Y Fidel y Raúl, y quienes los hemos acompañado, lo hicimos creyendo tomar el cielo por asalto y no esperando terminar en esta situación.

 

Pero ocurre que los procesos revolucionarios terminan fracasando, si no se preservan contra desmanes de disposiciones y entramados burocráticos creados por ellos mismos.

 

Pienso que cuando Raúl habla de cambiar métodos, sistemas y estructuras, a eso se refiere.

 

No es que no se haga caso a los líderes, es que la burocracia generó y estructuró durante 52 años de poder,  mecanismos de autodefensa que reaccionan casi automáticos ante los estímulos que percibe como agresión a sus poderes y prebendas.

 

La historia enseña que, en el capitalismo clásico o en el “socialismo de estado”, la burocracia -esa capa de funcionarios designados con algún poder sobre los demás-, enferma la sociedad con regulaciones, mecanismos y aparatos para adquirir y garantizarse vida propia, regenerarse, institucionalizarse e independizarse, y en lugar de servir al pueblo, se transforma en “dueña y señora”. Sobreviene más, cuanto menos democráticos son los sistemas políticos.

 

La única forma de neutralizar los efectos negativos del “mal” es renovando constantemente la burocracia y sometiéndola a control democrático popular directo y efectivo a todos los niveles.

 

Por eso, hace años venimos hablando de democracia participativa directa y no representativa. Promovemos la realización de elecciones democráticas para todos los cargos y niveles. Defendemos la municipalización de los poderes, la realización de referendos para leyes, revocaciones y presupuestos participativos. Concedemos prioridad a las formas democráticas de producción de tipo   cooperativo y autogestionario (cuentapropismo incluido). Planteamos que la mejor política de cuadros es la elección libre y democrática de los propuestos desde abajo. Demandamos discusiones y debates libres, abiertos, horizontales, sin odios ni prejuicios, sin sectarismos ni exclusiones. Y consideramos imprescindible el respeto a todos los derechos individuales y políticos y el acceso libre a Internet.

 

Por mucho que los gobernantes lo deseen y se sirvan de un grupo selecto de cuadros “preparados” y de un “sistema integral” de contra inteligencia y policía secreta, que acrecientan la burocracia, poco pueden hacer para evitar sus desmanes. Eso solo pude lograrse con éxito si se hace desde los colectivos laborales y sociales en cada centro de producción o servicios y en cada barrio, Municipio o Provincia.

 

La burocracia tendrá manos libres, mientras no se realicen cambios profundos, esenciales, hacia un sistema político plenamente democrático, tolerante de las diferencias y respetuoso de las minorías; en tanto todos los cargos públicos sean sometidos al voto directo y secreto de los que recibirán la acción de los elegidos, y sean revocables.

 

Seguirá haciendo su voluntad mientras las leyes sigan siendo decretos y no sean ampliamente discutidas y aprobadas directamente por el pueblo en referendos; en tanto no se respeten los derechos de expresión y asociación de todos; siempre que sigamos sin un estado de derecho con garantías constitucionales y legales para todos los ciudadanos; en fin, mientras no tengamos una democracia participativa y decisoria donde sea el pueblo directamente el que promueva, discuta, elija y decida todo lo que le afecta.

 

Cómo neutralizar la burocracia, quedó muy claro para los comunistas desde la Comuna de París (1).

 

Orden y disciplina: los que establezcan democráticamente los trabajadores y el pueblo, no la burocracia. Lo que necesariamente tenga que existir de estado y burocracia, debe estar bajo pleno control popular, para servir a los trabajadores y al pueblo, no para explotarlos, reprimirlos o usarlos como pedestales.

 

Lo mejor sería desaparecer la burocracia, pero eso no parece posible hasta que los sistemas de autogobierno y autogestión de todo tipo logren desarrollarse y predominar   en la sociedad.

 

Mientras, no queda otra que establecer el pleno control democrático de los trabajadores y del pueblo sobre ella y no al revés como ocurre ahora. Urge al proceso revolucionario cubano avanzar hacia la Democracia Directa, sin más dilación, si no quiere terminar devorado por su propio engendro burocrático.

 

Está demostrado: la democracia plena es imprescindible para avanzar al socialismo y es la única forma efectiva de controlar la burocracia.

 

Rectificación de Pedro Campos:

 

Momentos después de haber enviado para su publicación el artículo Democracia, para controlar la burocracia, supe que los mismos que habían ratificado la sanción del Dr. Esteban Morales, le habían comunicado posteriormente que la sanción había sido retirada y le reintegraban su carné del PCC y sus derechos de militantes.

 

Notas:

 

1- F. Engels. Introducción de 1891 a la Guerra Civil en Francia. C. Marx y F. Engels. O.E. T-I. Editorial Progreso. Moscú 1973. “La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento, que la clase obrera, al llegar al poder no podía seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tenía, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y de otra parte,   precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento. ¿Cuáles era las características del Estado hasta entonces?….a la larga estos órganos, a la cabeza de los cuales figuraba el poder estatal, persiguiendo sus propios intereses específicos, se convirtieron de servidores de la sociedad en señores de ella…

 

En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que se transmite hereditariamente al proletariado triunfante en su lucha por la dominación de clase. El proletariado victorioso, lo mismo que hizo la Comuna no podrá por menos que amputar inmediatamente los lados peores de este mal, entretanto que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado…

 

En primer lugar (la Comuna) cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores…Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y a la caza de cargos”.