Cubanálisis  El Think-Tank

        RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

                                  SUS AUTORES, SUS PROPIAS PALABRAS

 

 

Deben ser los trabajadores, no la burocracia, los que guíen el tren

 

Pedro Campos, Kaos en la Red

 

Se estaría acercando un convite muy peligroso entre el estado cubano y el imperio del Norte. ¿Cómo enfrentarlo?

 

“Renovemos todas las trabas que oprimen al proletario…

 

Que nosotros mismos haremos nuestra propia redención…

 

Tenemos que ser los obreros los que guiemos el tren…”

 

De la Internacional

 

(Un artículo de la opositora Miriam Celaya, sobre el eventual levantamiento del bloqueo imperialista a Cuba motivó estas líneas. Por elemental ética revolucionaria y periodística, ponemos dicho artículo a disposición de nuestros lectores en el boletín digital SPD).

 

La burocracia podrá percatarse o no, hacerse la inocente o desearlo con impaciencia; pero quienes seguimos de cerca la política de EE.UU. hacia Cuba, apreciamos un movimiento paulatino de la línea de “presión y bloqueo” a la de “acercamiento y penetración”, para tratar de destruir desde dentro el intento socialista cubano, esquema que podría ampliarse en una segunda administración Obama.

 

No por gusto discuten la oposición y el exilio sobre el eventual levantamiento del bloqueo y las inversiones en Cuba de capitalistas emigrados. Ellos lo ven venir.

 

Apercibidos de la incapacidad del bloqueo para interrumpir el proceso revolucionario cubano, el imperialismo y sus tanques pensantes han venido estructurando hace años un conjunto de ideas sustentadas en sus experiencias contra las variantes socialistas intentadas en Europa y Asia.

 

La batería va desde la distorsión de las ideas socialistas, la absolutización del estalinismo como socialismo, el “tendido de puentes”, la “convergencia” y la penetración económica hasta el lógico fomento y financiamiento de las alternativas políticas generadas por la propia inconformidad que crea el modelo de “socialismo de estado” o creadas artificialmente, de la misma forma que los “comunistas” convertidos en gobierno fomentaron y financiaron partidos y movimientos políticos en el seno de los países capitalistas.

 

Mientras, la economía cubana no logra levantarse a pesar de las modificaciones introducidas por la “actualización” impulsada por el gobierno de Raúl Castro y su equipo de militares, refrendada por el VI Congreso del PCC celebrado hace ya un año.

 

Seguimos importando gran cantidad de alimentos que podemos producir, la zafra azucarera no cumple su modestísimo plan, la población suma decrecimiento, el transporte público está de nuevo en crisis, el valor de la moneda cubana arrastra el piso, los salarios siguen bajando su poder adquisitivo y los precios aumentando, el fondo habitacional se continúa deteriorando, la construcción de viviendas se mantiene a bajos niveles. Y La Habana está más despintada, destruida y sucia cada día, no importa cuánto dinero entra a la capital vía turismo o impuestos.

 

La prensa oficial no se oculta para informar de la corrupción e  incapacidad de las administraciones y los cuadros designados desde arriba para impulsar los planes de las empresas estatales asalariadas, mientras que el sector propiamente socialista -(estatización, no es socialización)- de la economía, el cooperativista, con éxitos limitados en el área agropecuaria por las persistentes trabas burocráticas, no se acaba de extender a otros renglones de la economía, a la espera de experimentos que se propone el estado.

 

De la cogestión entre los trabajadores y el estado y del desarrollo de empresas autogestionadas, ni se habla por el partido-gobierno, mientras que el trabajo por cuenta propia, se ha distorsionado, al abrir paso a la “contratación de trabajadores por privados” acelerando la expansión del capitalismo que explota trabajo asalariado en restaurantes, renta de habitaciones, transporte y agricultura, los que aumentan la recaudación de impuestos para el estado.

 

Dineros que la burocracia maneja a su arbitrio, de lo cual se va cansando la gente. Así por ejemplo, en la última asamblea de rendición de cuentas del delegado del poder popular de mi circunscripción, ante la persistente postergación de arreglos de edificios multifamiliares, uno de los cuales ya se declaró inhabitable y fue apuntalado, en peligro de derrumbe, se planteó y fue aprobado por unanimidad de todos los presentes, que la forma en que se iba a invertir el dinero de los presupuestos municipales, debe ser discutida y aprobada por los ciudadanos de cada municipio, de acuerdo con sus necesidades concretas.

 

La “actualización”, hasta ahora, no modifica, en fin, la esencia del capitalismo monopolista de estado que encubre el modelo actual, pues mantiene las grandes y medianas empresas productivas del país bajo régimen de explotación asalariada para el gobierno, además del monopolio estatal de gran parte del mercado y todo el control de las relaciones políticas, según el obsoleto esquema estalinista de “socialismo estatal” y “dictadura del proletariado”.

 

Sus medidas están claramente orientadas a tratar de resolver prioritariamente los problemas macroeconómicos del estado, en especial sus finanzas, que carecen de toda transparencia, en lugar de poner en primer plano los asuntos que afectan e interesan directamente a los trabajadores, las comunidades y la población.

 

El estado reduce plantillas, subvenciones y prestaciones sociales, buscando reducir sus gastos y centra las inversiones que obtiene de todas las utilidades que rinden las actividades económicas que realiza, en planes defensivos militares y de seguridad; en programas para garantizarse mano de obra barata, calificada y saludable para el trabajo; en infraestructura y en la ampliación de proyectos empresariales del sector emergente que le brindan divisas: turismo, comunicaciones, energía, biotecnología, mercado interno en divisas y triangulación mercantil internacional, básicamente.

 

Todo, con la vieja justificación histórica, paternalista y “vulgar” de que con los dineros que produzcan los trabajadores de las empresas estatales “de todo el pueblo”, el estado creará “nuevos empleos asalariados” y resolverá “gratuitamente”, los problemas de salud y educación a cada ciudadano. ¿Hasta cuándo la misma fantasía del “socialismo” como distribución centralizada y vertical desde arriba y de la “construcción del socialismo” con las “armas melladas” del capitalismo?

 

Si a todo esto se unen las modificaciones apuntadas en la política norteamericana y las ansias de la burocracia de recibir  grandes inversiones, conjuntas o no, de capital externo y desarrollar pomposos planes –como el del Mariel- para el comercio triangular con EE.UU.; la creación de bolsones capitalistas con Zonas Especiales de Desarrollo para maquiladoras; explotación conjunta del petróleo en la plataforma norte con empresas imperialistas y gigantes proyectos turísticos con marinas, campos de golf y áreas residenciales para millonarios, no hay que ser muy avezado para darse cuenta de que se estaría acercando un convite muy peligroso entre el estado cubano y el imperio del Norte que nos apetece, pero nos desprecia.

 

Y es respecto a ese convite, donde  se cruza este artículo con el citado de Miriam Celaya; pues de darse tal comunión, cuando todavía en Cuba no predominen las relaciones de producción genéricas y horizontales del socialismo, de tipo cooperativo-autogestionarias, cuando todavía el sector propiamente socialista de la economía sea ínfimo y limitado en su capacidad de desarrollo, como hasta ahora, y sean el capitalismo de estado -la economía estatal asalariada- y el privado, los predominantes; el resultado lógico apuntaría a fortalecer al sector capitalista de la economía, antes que al  débil socialista y, en consecuencia, a una especie de conexión, interconexión o anexión virtual, de la economía cubana predominantemente capitalista a la norteamericana de igual signo.

 

Insertarnos –no queda otro remedio-; pero sin diluirnos, en el mundo capitalista internacional, sí; pero insertar el mundo capitalista aquí dentro, no.

 

¡Y ese peligro lo venimos advirtiendo hace años! (1)

 

Más claro: el desarrollo concreto de la política de “acercamiento y penetración” del imperialismo, combinado con la “actualización” del gobierno cubano que solo podría verificarse en gran escala con el previo levantamiento del bloqueo, o al menos de sus medidas principales, comporta graves riesgos para la independencia de la nación y el futuro del socialismo en Cuba, debido a la imbricación que conllevaría entre  “el capitalismo de estado” y el capital privado nacional y extranjero”, cuando aún el sector socialista de la economía es incipiente.

 

Y efectivamente, la “actualización”, para lograr sus propósitos desarrollistas, depende del levantamiento del bloqueo, las inversiones, el turismo y amplio mercado de EE.UU., por lo que en ese aspecto, presenta rasgos neo-plattistas. Por cierto, ¿alguien pudiera informar al pueblo de Cuba, el monto de la deuda que se estaría contrayendo por el desarrollo de esos macro-planes y de qué forma se piensa pagarla, si no se levantara el bloqueo norteamericano?

 

No, -dirá el honesto partidario de la “actualización”-, con ella se busca “desarrollar la economía” cubana, manteniendo la independencia política. Olvidando el honesto que la política es la extensión de la economía y que no hay economía sin política, ni política sin económica. Como no hay política por un lado y economía por otro. Desde Carlos Marx se llama Economía Política.

 

¿Alguien se cree que el “cuento chino” del desarrollismo capitalista, se puede repetir en Cuba, a solo 90 millas el imperio que ha tratado de absorbernos durante siglos, con culturas parecidas, con una tradición de dependencia neocolonial a EE.UU. hasta hace medio siglo, con dos millones de cubanos allá de apenas 13, con una historia reciente de odios y venganzas, sin que implique de hecho una anexión real o virtual a EE.UU.?

 

Y ¿Alguien se cree que sin lograr nada a cambio, EE.UU. va a levantar el bloqueo, liberar a los 5, procesar a Posada Carriles y devolver la Base de Guantánamo para consolidar el poder de los que en Cuba permitieron la implantación de cohetes atómicos “rusos”, confiscaron todas las propiedades norteamericanas e impulsaron la lucha de todo tipo, en todo el mundo contra el imperialismo?

 

Si lo hiciera, sería porque estaría convencido de que sería la mejor forma para acabar con sus tradicionales enemigos cubanos.

 

Desde luego no creo que los estrategas de la “actualización” se propongan conscientemente la anexión real o virtual de Cuba a EE.UU.; pero ya sea por ignorancia de la economía política, por no haber sacados las conclusiones adecuadas de lo ocurrido en la URSS y el “campo socialista” o por pragmatismo burocrático, estarían llevando el país en esa dirección.

 

Si se quiere en verdad “construir” el socialismo, habrá que ser consecuente con lo que al respecto pensaron los que a través de los últimos siglos fueron conformando el conjunto de concepciones que vinieron a constituir el meollo de la teoría revolucionaria contemporánea, bien expresados en las estrofas del himno de los trabajadores, La internacional, que encabezan este artículo.

 

Mientras no sean los trabajadores y el resto del pueblo los que decidan en cada lugar, en cada centro de producción o servicios, en las comunidades, en los municipios, en la nación; mientras no sean ellos mismos los que se encarguen de su emancipación, mientras no sean los que guíen el tren, el socialismo seguirá siendo un propósito vacío de contenido.

 

En estas circunstancias, la forma fundamental de evitar que el reencuentro, que pudiera ser inevitable, de las economías de Cuba y EE.UU. sirva a intereses ajenos al pueblo, a los trabajadores y al proceso socialista cubano, está en lo que parte de la izquierda cubana viene planteando hace ya más de 20 años y que cada día parece más obvio, aunque desde el poder algunos traten de ignorar:

 

Urge al proceso de socialización y democratización de la economía y la política en Cuba,  avanzar a formas superiores de producción cooperativas-autogestionarias, basadas en la propiedad colectiva directa de los trabajadores sobre los medios de producción o en usufructo cogestionado con el estado; a los presupuestos participativos autónomos en municipios y regiones y a la democratización del sistema político, especialmente incluidas la libertad de expresión, asociación y elección, y el sometimiento de todas las leyes importantes a debates públicos horizontales y a referendos, de manera que los trabajadores y el pueblo sean los que decidan directa y democráticamente sobre todo lo que les concierne.

 

¡Deben ser los trabajadores y no la burocracia los que guíen el tren!

 

Nota

 

1-Ver, entre otros, el ensayo Alerta Cuba: EE.UU. puede cambiar su táctica política, no sus fines estratégicos, de julio de 2007, donde se abordan la estrategia y las tácticas políticas de EE.UU. hacia Cuba, sus antecedentes, aristas y perspectivas, así como la forma de enfrentarla.