Cubanálisis  El Think-Tank

        RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

                                  SUS AUTORES, SUS PROPIAS PALABRAS

 

 

De frentes, alianzas, tácticas, estrategias,

sectarismos, democracia y revolución

 

Pedro Campos, Kaos en la Red

 

Las contaminaciones ideológicas en las alianzas tácticas, se dan precisamente por no tener definidos los objetivos estratégicos, los programas políticos y las bases ideológicas.

Intento aportar algo al debate sobre las alianzas políticas y los frentes, que –con toda razón- preocupa a algunos compañeros de la izquierda, por la eventual contaminación ideológica que se puedan generar entre diferentes posiciones políticas, en colaboraciones tácticas, transitorias, coyunturales, sobre la base de objetivos concretos comunes.

 

Y efectivamente, tales contaminaciones pudieran darse, si no hay claridad en la estrategia propia y si se confunden los intereses tácticos con los estratégicos.

 

Llevará a confusiones  tácticas, estrategias y a alianzas equívocas, el no tener claros, bien definidos, los propósitos que se persiguen, no disponer de un programa político-económico y social –científicamente fundamentado- que seguir, ni conceptos filosóficos precisos que guíen la acción; o confundir revolución, con gobierno, estado, partido, líderes o cualquiera de estos conceptos entre ellos; desconocer que los valores humanistas se han ido perfeccionado como resultado de un proceso histórico, al que han aportado todas las clases sociales revolucionarias en su momento.

 

Confundir táctica con estrategia, impide tener una estrategia clara, triunfadora y puede reducir el alcance de una estrategia dada, al creer que logrado un objetivo táctico, ya se llegado a conseguir todo lo que buscado. Creer que cualquier fin se consigue con cualquier medio y que no existe una correspondencia entre ellos y su carácter, es condenarse a cometer errores. Creer que solo existe la verdad propia, que los demás están equivocados, lleva al sectarismo y al aislamiento.

 

No respetar las creencias religiosas y la idiosincrasia de las personas, como estamos viendo ahora en el mundo, lleva a  confrontaciones fratricidas.

 

Desconocer los derechos de los demás a pensar distinto sobre cualquier tema, tiende a los extremos. Creer que su “cultura” es superior y que otras culturas “inferiores”, las de abajo, las que practican otros pueblos, o grupos humanos, están llamadas a desaparecer o no juegan ningún papel social importante, empuja a equivocaciones graves.

 

Criticar a las personas y no a sus posiciones, desvía las discusiones de su sentido.

 

Igual conduce a error  desconocer las diferencias entre ideología y política práctica.

 

Desconocer las herramientas del análisis histórico, o mal usarlas, condena a equivocación.

 

No beber en las fuentes de la experiencia histórica conocida, es condenarse a fracaso

 

Analizar la historia, las clases, los grupos sociales o las personas maniqueamente: sin matices, las cosas son buenas o son malas, conmigo o contra mí, amigo o enemigo, leal o traidor, siempre desde los opuestos extremos, conduce a perder la riqueza en el análisis y a fallar en la búsqueda de las causas y eventuales consecuencias de actos propios y los de los demás.

 

Leer y conocer una única tendencia política, ideológica, filosófica, escuela de pensamiento, y por las razones que sean, desconocer otros análisis de la historia, otros enfoques, otras filosofías, lleva a desconocer las razones y argumentos de vida de los otros, a los que se negará el sentido de sus existencias.

 

Confundir con el sistema político de la burguesía, los valores democráticos universales alcanzados en la lucha de civilizaciones enteras, impide entender cómo empoderar al pueblo. Cuando no hay claridad en la estrategia ni en la táctica o cuando se asuman obligaciones que comprometan los objetivos finales, aumentan los riesgos de contaminación estratégica, por la colaboración táctica, y viceversa.

 

Desconocer las diferencias entre revolución política (cambios de gobierno, cambios de dueños, cambios en el poder), y revolución social (cambios en las relaciones de producción), lleva a confundirlas y a olvidar que no siempre las revoluciones políticas desembocan en sociales.

 

No saber que el capitalismo es una relación social de producción relativa a la explotación asalariada del trabajo, lleva a confundir el capitalismo de estado con el “socialismo” de Stalin en lo económico y lo político-social. Genera los “anti capitalistas”, que defienden otro capitalismo, el de estado o no lo combaten.

 

Confundir mercado con capitalismo o reducir el capitalismo a la existencia del mercado y desconocer que el mercado con sus diferentes formas de intercambio, -correspondientes a largas etapas históricas de desarrollo económico-, ha existido  desde la descomposición de la comunidad primitiva y tendrá que seguir existiendo siempre de alguna manera, porque nadie podrá producir todo lo que necesita, lleva a extraviar todo análisis en las relaciones económicas.

 

Subestimar o desconocer la interactuación entre la base económica y la superestructura, entre los diferentes intereses clasistas, entre la economía y la política, lleva a equivocación en las tácticas y estrategias políticas. No saber si quiera que la base económica esté compuesta por el conjunto de relaciones de producción, poco puede ayudar a entender lo que es la superestructura política, jurídica, social y cultural de una sociedad dada.

 

Ignorar el papel del desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción en la sociedad y buscar las soluciones a los problemas socio-económicos en la distribución, en una mejor actitud humana, en la disciplina, la exigencia, lleva al fracaso económico y  al atraso.

 

No ver la historia como el resultado de un proceso de desarrollo en espiral, donde son los pueblos y sus condiciones de existencia y reproducción los que la hacen avanzar o retroceder transitoriamente, o entenderla como suma de hechos (hechología), como catálogos de fotografías, como resultado de la acción de “buenos y malos”, o de grandes hombres, condena a la pérdida constante  de la brújula política.

 

Creer que no son necesarias otras fuerzas para impulsar el carro común de la sociedad, tratar de imponer a otros sus consideraciones políticas-económicas y sociales, desestimar la necesaria organización para hacer efectiva la cohesión de varias fuerzas de signo distinto, dejar todo al  “movimiento y la espontaneidad”, considerando a los demás desinformados, mal intencionados, con intereses espurios, en busca de beneficios personales, solo produce dispersión de fuerzas, divisionismo, improvisación, al aislamiento, a la falta de concertación y al fracaso. Es el sectarismo que tanto daño ha hecho a la izquierda.

 

Desconocer la importancia de la actividad política práctica, de las alianzas tácticas y estratégicas, de la necesidad de tener en cuenta los intereses de otras fuerzas económicas y políticas que existen independientemente de los deseos de nadie, sobreestimar las capacidades y posibilidades propias, subestimar la necesidad de una legalidad que permita la libertad de expresión y asociación para poder ejercer una verdadera influencia social que –lógicamente-  tendrá que ser para todos o será falsa, llevará siempre a obstaculizar la consecución de los objetivos políticos,   si es que alguna vez estuvieron claros.

 

Hablar y filosofar sobre Marxismo, sin haber estudiado mínimamente a Marx, o haberlo conocido por la letra y la acción de otros, es tan falto de seriedad como pretender cocinar sin candela, sin recipiente y sin alimentos que cocer.

 

Y, la Cuba Martina con “todos y para el bien de todos”, que tanto se defiende y encabeza la constitución,  ¿cómo puede lograrse sino es con la participación y el aporte de todos, no importan su condición social, su pensamiento político, su religión, sus dineros, su cultura, nivel educacional, edad, sexo, región de origen, lugar de residencia y otras diferencias?

 

Cada cual debe ser libre de expresar, por los medios libres de información, su pensamiento, sin ofensas, descalificaciones, ni agresiones de ningún tipo, estemos o no de acuerdo, nos guste o disguste, o todo discurso sobre democracia y libertad seguirá siendo una impostura.