Cubanálisis  El Think-Tank

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Cuba: un parche de pirata en el ojo izquierdo

 

El Francotirador del Cauto

 

El socialismo se hace con medidas socialistas. No olvidemos al Che quien dijo, que con las armas melladas del capitalismo no se construye el socialismo

 

Riflexiones.

 

Así, como por casualidad, leo dos artículos, uno tras otro, el primero de Víctor Rolando Bellido Aguilera titulado “Burocalipsis o socialismo con todos, y para el bien de todos” y el otro de Jesús Arboleya Cervera, quien, desde su punto de vista, aborda “los problemas y soluciones del socialismo en Cuba”.

 

Menciona Bellido que con frecuencia abandonamos el pensamiento crítico y, en consecuencia, no vemos, o no queremos ver, que la política, la religión o el paradigma que asumimos y defendemos a capa y espada tiene, siempre, una doble cara, un doble funcionamiento: con el rostro del amor incluye a unos y con el rostro de la represión mantiene a raya, aleja o expulsa a otros.

 

Tratemos entonces de calibrar el artículo de Arboleya con la condescendencia adecuada para tratar de juzgar con cariño y sin ánimos de querella las argumentaciones que nos llueven desde hace rato desde la burocracia en el poder.

 

Arboleya, del cual recibimos casi siempre artículos profundos sobre la emigración cubana, sale ahora al público para censurar a los neoliberales y a los marxistas “ortodoxos”, ya de entrada quiere meter dentro del mismo saco a unos y a otros, perspectiva esta que, en cualquier momento, ubica a los socialistas participativos y democráticos y demás corrientes progresistas en Cuba, en el campo de la contrarrevolución. Con el permiso de Bellido, ya, cuando lees esta afirmación de Arboleya, todo el posible amor con el que traté de empezar hace unos minutos se me va hacia los pies. Veamos si puedo subirlo de nuevo a estamentos superiores.

 

Argumenta Arboleya que “mientras los teóricos liberales consideran que las medidas adoptadas no son suficientemente capitalistas para salvar la economía y, por tanto, auguran la debacle del sistema por su ineficacia; los marxistas ortodoxos las consideran demasiado liberales, lo que conduce al rompimiento de los supuestos “moldes” que deben caracterizar al sistema y, por tanto, hablan de un inevitable “retorno del capitalismo”, aunque éste no sea el objetivo de las mismas”.

 

Según Bellido entre posiciones teóricas contrarias se produce un diálogo de sordos, limpiémonos entonces nuestros oídos, para simplemente recomendarle a Arboleya que lea un poco los programas y propuestas que emanan de la Izquierda Socialista  Democrática cubana, porque indiscutiblemente que las medidas tomadas por nuestra burocracia, incluido la explotación del trabajo asalariado por particulares,   a mi no me sugiere fortalecimiento de socialismo alguno, sino un retorno al año 1968, donde todos sin excepción aplaudimos, para que nuestros estómagos se lamentaran después,  el fin de los timbiriches en Cuba.

 

Quisiera además que me explicara qué regulación socialista manda a la calle cerca de un millón de obreros o reduce un siete por ciento los recursos en la salud pública, en un país donde los hospitales son de tercera y solo mantienen la calidad de los servicios por el esfuerzo de sus trabajadores. Esto sin referirnos a los hospitales donde se atiende al pueblo y aquellos a los que acude la burocracia.

 

Y es aquí donde el articulista se pone el parche del pirata en el ojo izquierdo, lo que importa - afirma Arboleya-   es el “sentido” del proceso, o sea, si avanza o no en el proyecto de construir una sociedad sin clases, partiendo de la realidad concreta que enfrenta. Pues bien, acaba de aparecer una clase que en Cuba estaba casi extinguida, la clase de los nuevos cuentapropistas o pequeña burguesía, no sé porque tanto miedo a nombrarlos por su nombre, y a mí me parece que eso no es caminar hacia el socialismo, cuando, por ejemplo, parejamente no se fortalece el cooperativismo y la autogestión obrera en el país, que si son formas socialistas de producción.

 

No sé, que será para este compañero el socialismo, pero ya que nos llama ortodoxos, queremos señalar que somos marxistas, de ese Marx que criticaba sus propias ideas a cada momento, y quien se declaró a sí mismo como no marxista, enseñando a los revolucionarios que lo importante era la crítica en cada momento y el análisis concreto de la realidad para que el dogma no sea, como asegura Bellido, un tipo de antiparras que solo permite ver, al que las usa, aquello que le conviene. No sé qué es lo que enarbola Arboleya, si antiparras o un nuevo estalinismo tropical.

 

Y hay que volverse a enojar, porque para Arboleya “al margen de crisis coyunturales o los errores económicos y políticos en su conducción, la Revolución cubana ha tenido que confrontar problemas que son consustanciales a todos los procesos revolucionarios”. A ello le respondo que si marginamos nuestros errores, si no los analizamos a camisa quitada y los dejamos al margen, las soluciones nos llevarán a nuevos errores. No podemos dejar “al margen” tantos años de sacrificios de nuestro pueblo, por lo menos el que los sufrió no los olvida.

 

Que se afirme que estamos al borde del abismo no es una noticia nueva, al borde del abismo estamos todos los que dependemos de un salario miserable, y está este país hace rato, lo que necesitamos es un análisis exhaustivo del porqué estamos pisando ese filo del desastre y que existan propuestas concretas que me garanticen que 52 años de esfuerzo de este pueblo no se tiren por la borda, o que se tengan los suficientes pantalones  para decir que la vanguardia histórica no tiene la intención de construir el socialismo en Cuba.

 

Según Bellido, “los círculos políticos privilegiados usan las antiparras del dogma. Cuando llegan a tener el poder total, solo son capaces de simular el diálogo en todo aquello que no se avenga a sus intereses específicos”. Esto, me parece, Señor Arboleya, es lo que está sucediendo en nuestro país. No lo obvie usted de manera tan tremebunda.

 

En su artículo esquivas, así porque quieres, los últimos 23 años de vida en Cuba. Esto es una superficialidad intelectual de altura y se lo digo con mucho amor, para que no se sienta ofendido, si usted lo duda leamos la siguiente afirmación: “a diferencia del capitalismo, que divide a la sociedad en “triunfadores y perdedores”, exonerando al sistema del fracaso individual, las soluciones que plantea el socialismo tienen un carácter social, responsabilizando al régimen con el bienestar de todos”.

 

¿Donde vive Arboleya? Es que acaso no se ha dado cuenta que hace 23 años en este país se desató el resuelve como puedas y olvídate del de al lado, que los fracasos individuales están a la orden del día, y que las soluciones neo liberales que emanan desde las altas esferas tienen como meta principal la salvación del estado a costa de su pueblo. De ese casi un millón de trabajadores con un pie en la calle solo un 17 por ciento se integró al cuentapropismo, el resto no los incluye el articulista como fracasados, y si hacemos caso a lo que dice, entonces los culpables de ese masivo desempleo la tiene el estado. Nuestra sociedad también está llena de ganadores y perdedores, con la paradoja que últimamente muchos, no todos, de los ganadores están siendo procesados en los tribunales por corruptos, lo que en el capitalismo significa ladrones.

 

Se queda corto Arboleya al enumerar las metas originales de la Revolución Cubana, que para él solo eran desarticular las bases políticas, económicas e ideológicas del régimen anterior; enfrentar la contrarrevolución resultante de este desplazamiento; y garantizar los reclamos populares que le dieron origen y satisfacer las expectativas de los sectores que representa. La construcción del socialismo en Cuba no es para Arboleya una meta original y yo que pensaba que era la más importante.

 

Olvida Arboleya que el 16 de abril de 1961, a dos años del triunfo de la rebelión, se nos llamó a pelear y morir por el socialismo. ¿Cómo es que esta no figura entra las metas originales?

 

Es además desmemoriado, porque dice Arboleya que “al parecer”, inicialmente se pretendía conciliar el proyecto social revolucionario con el desarrollo de una burguesía nacionalista, la cual no era el sector dominante de esta clase en Cuba y planteaba críticas al sistema de dependencia imperante. Desleído el hombre, porque literatura de Fidel al respecto, donde se afirma lo contrario,   sobra.

 

Una cosa es lo que pensaban gente como Frank País, José Antonio Echevarría, Camilo Cienfuegos y otros líderes revolucionarios y otra la que pensaba Fidel o el Che. Eso, Arboleya, es historia vieja, o es que podemos rehacer la historia cada vez que nos convenga.

 

Coincido en que la Revolución  enfrentó con bastante éxito a la contrarrevolución, al menos en el plano interno, y fue capaz de resolver los problemas esenciales de la población, así como satisfacer las aspiraciones del momento, lo que explica el tremendo apoyo popular alcanzado, pero eso, hermano, es historia vieja. ¿Y las aspiraciones de este nuevo momento qué?, es que tenemos que apoyar por inercia o porque lo hizo mi abuelo.

 

Y ya estamos llegando a lo mejor, según Arboleya, la desaparición del campo socialista  no solo implicó la peor crisis económica de la historia del país, sino la necesidad de un replanteo del diseño del proyecto mismo.

 

Precisamente eso es lo que no he conocido aún, el replanteo hacia el socialismo, porque a las modificaciones en el sistema hay que ponerles apellidos. Que yo sepa existieron las medidas del periodo especial para tiempo de paz y una ausencia total de los Congresos del Partido, que era donde tenía que darse ese replanteo y no se hizo. Luego un discurso de Fidel en el 2005 donde dijo que si no enmendábamos el camino esto se iba a bolina y más tarde los lineamientos que realmente nadie sabe hacia dónde nos llevan, y te aconsejo que es demasiado que digas, que la construcción del capitalismo no es el objetivo de los lineamientos, si no lo es, te puedo decir que es lo más parecido que hay.

 

Dices que del llamado “período especial” no podía surgir la articulación del nuevo proyecto, sino que fue la suma de medidas de supervivencia, cuyo éxito hay que medirlo por haber satisfecho este objetivo, de por sí un logro extraordinario, al margen de algunas consecuencias indeseadas que hoy es necesario resolver, pero agrego, que los lineamientos no van en ese sentido porque la miseria crece, y utilizar medidas capitalistas para resolverlas   no nos conducirán a un estado de bienestar, ya ni siquiera en este caso te hablo de socialismo.

 

Como le dije a un amigo hace poco, Marx no concibió un socialismo donde el obrero es el que vive peor, ni a esa burocracia que cree que como el obrero es la arcilla fundamental del socialismo tenga que estar constantemente viviendo en el fango.

 

El apellido de socialistas que la burocracia le endilgó a los lineamientos del VI Congreso es lo de menos, conozco a un sujeto que se llama Juan Valiente y es lo más cobarde que he conocido en la vida.

 

Si una crítica es legítima o no, le corresponde a la historia evaluarla, aunque quizás cuando dictamine no estemos ya presentes, pero si vas a hacerlo de todas formas debes ser más preciso al escribir. Cómo puedes afirmar que “una crítica legítima a las medidas aprobadas por el VI Congreso es aquella que parte del análisis de su eficacia para satisfacer los objetivos que se propone y, en tal sentido, pueden ser enmendadas, pero resulta improcedente evaluarlas a partir de falsos dogmas respecto a la naturaleza del socialismo o desde una perspectiva que pretenda compararlas con modelos capitalistas que no constituyen el propósito de las mismas”.

 

En primer lugar te pregunto cuáles son los objetivos de los lineamientos: salvar al estado de crisis en que se encuentra el estado o darle un mejor modo de vida a la población.  Dónde está la eficacia para el pueblo de la doble moneda, del desempleo, de los recortes en la asistencia social, de la creación de una pequeña burguesía nacional, del pago en moneda nacional y el cobro en divisas en los mercados estatales de artículos de primera necesidad.

 

¿Dónde radica el falso dogma sobre una democracia socialista? ¿Acaso una sociedad militarizada en la economía? ¿En la ausencias de la participación de los trabajadores en los planes de producción? ¿En llamar propiedad social al estatismo? ¿En la existencia de un solo partido excluyente en la sociedad? ¿En la homofobia y el racismo? ¿En la creencia de los jóvenes, y hasta viejos, que emigrando a Estados Unidos está la salvación?

 

¿Quién creó esos dogmas? Creo que el falso socialismo que intentamos construir y que pretendemos edificar de nuevo sin la plena participación del pueblo.

 

¿Quién dijo que opinar para que una élite decida es democracia?

 

Mientes cuando dices que estas medidas respondan a una voluntad colectiva y la mayoría se sienta identificada con el proyecto, considerándose y siendo actores del mismo. Recuerda que el actor siempre interpreta el papel que le asignan, gústele o no, porque tiene que vivir de su trabajo.

 

Otra cosa sería que los lineamientos se hubieran llevado a un plebiscito, eso sí es democracia, porque decide la mayoría y no una élite que se cree sagrada y con derechos a hacer y deshacer en nuestro país. Esa aspiración suya a que los lineamientos conciliarán la propiedad social, con la conciencia social es simplemente eso, una aspiración, pero con apellido, tonta. Entonces, quítese el parche del ojo, que usted no tiene nada de tonto.

 

Aquí, Arboleya, existió, existe y ahora existirá, según los lineamientos, la propiedad estatal y esa, ha quedado demostrado, no concilia con la conciencia social, sino con la corrupción de la burocracia. Nunca el obrero se ha sentido dueño de nada en Cuba y para colmo esa burocracia los ha llamado pichones, como si el sudor y el sacrificio de ellos no significaran nada para el estado.

 

Solo me queda decirle que el socialismo se hace con medidas socialistas o es que has olvidado al Che quien dijo que con las armas melladas del capitalismo no se construye el socialismo.

 

Y no resulta muy desacertado decir que en Cuba, como en el capitalismo, la democracia de algunos solo ha sido posible a costa de la explotación de otros, si tienes duda pregúntale a nuestra Contralora o pídale al Partido los videos de los corruptos.

 

Le recomiendo lea un reciente artículo, aparecido en el SPD 80, de Rogelio M. Díaz Moreno, titulado “Señales para orientarse en el mapa cubano” en la que cualquiera puede darse cuenta cómo las medidas de los lineamientos hasta ahora tomadas no son para más socialismo.

 

Cae usted en el mismo error de José Luis Rodríguez, ministro de Economía y Planificación, quien califica inexplicablemente, en un diálogo con Carmelo Mesa Lago, la propiedad estatal de los medios de producción en Cuba como propiedad social. Hasta cuando debemos arrastrar esa mentira.

 

Como despedida cito una idea de Martí reseñada en el artículo de Bellido donde se expone que, “hay que ser muy inhábil para descubrir que la llamada de la razón, a la que sucumbes con tanta facilidad, no es otra cosa que una maniobra política”.