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Cuba: ¿tiempo para una nueva Constitución?

 

Harold Cárdenas, en La Joven Cuba

 

En el profundo proceso de cambios que vive Cuba la Constitución se ha vuelto cada vez más obsoleta, se hace necesario sustituirla por una nueva que sea adecuada no solo en su contenido sino también en la forma que se elabore. Pero… ¿acaso somos una sociedad empoderada, horizontal y participativa para lograr esto? Hoy hablaremos sobre el cambio de la Constitución cubana y los desafíos que esto implica.

 

En mi país para nadie es un secreto que muchos cubanos nos hemos conformado con vivir al margen de la Constitución, es una contradicción real que con el alto nivel de instrucción existente en el país, sepamos menos de derechos y deberes que otros pueblos de la región con menor escolaridad. Buscando superar esto, en los últimos tiempos se escucha cada vez con mayor atención un llamado a cambiar la Constitución de la República de Cuba y lograr también así un empoderamiento sociopolítico que todavía no existe.

 

La pregunta que pudiéramos hacernos los cubanos es: ¿lo hacemos mediante asamblea constituyente o reforma constitucional? En realidad lo importante no es que sea de una u otra forma sino que en cualquiera de estos casos se cuente con la participación ciudadana desde el inicio hasta el final de la misma.

 

La actual Constitución fue producto de un proceso en el año 1976 que no pudo disponer de una asamblea o comisión constituyente sino que nació por un acuerdo entre el Partido y el Gobierno que designó una comisión de 20 personas que redactara el anteproyecto, el cual luego fue sometido a discusión pública, luego sometido a votación en el Primer Congreso del Partido y de allí salió finalmente el proyecto que fue ratificado masivamente en 1976. Como en el proceso hubo una parte partidaria-gubernamental y otra parte popular, se considera que esto es nocivo pues lo necesario es que el poder constituyente resida en manos de los ciudadanos con el menor grado de mediación posible.

 

Queda por ver si repetiremos estas mediaciones o favoreceremos el empoderamiento ciudadano en un nuevo proceso constituyente. Los que quisieran repetir el procedimiento del año 1976 estarían en una posición muy incómoda porque los propios países aliados de Cuba en la región han realizado procesos constituyentes ejemplares y masivos partiendo no de propuestas gubernamentales sino propias de los movimientos sociales.

 

En estos países primero se hizo un referendo nacional para ver si querían o no una Asamblea Constituyente, luego en todo momento el pueblo fue testigo de cómo iba el proceso y tuvo la posibilidad real de influir en el proceso. En Bolivia todos los viernes los constituyentes tenían que reunirse con el pueblo, mediante herramientas de Internet comunicaban lo ocurrido constantemente, el ciudadano podía incluso presentar sus propias agendas con lo que creía que debía llevarse a la constituyente.

 

Alguien podría rebatirme diciendo que en Cuba se han hecho consultas a través de las organizaciones sociales y de masas, a esos solo los invito a reflexionar sobre lo ocurrido con dichas consultas, cuyos resultados nunca han sido públicos (a mí me encantaría saber qué es lo que más pide el cubano promedio) y no solo eso, que consultar no es sinónimo de participar. ¿Podríamos decir que el proceso de discusión de Lineamientos en Cuba fue participativo? Habría que analizarlo a profundidad, yo personalmente vi mucha asistencia y poca participación real, el formalismo sigue siendo un problema en los espacios que creamos.

 

Habría que ver cuáles son las posibilidades reales para lograr un proceso transparente y participativo en nuestro país. Mientras en Ecuador había un canal televisivo de 24 horas dedicado solamente al proceso constituyente, en Cuba las sesiones de la Asamblea Nacional aún hoy son editadas y se transmiten solo “fragmentos” en la pequeña pantalla. Estas son metas civilizatorias que nos tocará afrontar en los próximos tiempos sin temerle a los cambios que sean necesarios ni dejarnos condicionar por el contexto.

 

Otro problema que tenemos en Cuba es que el poder de reforma constitucional es exclusivo del órgano legislativo (Asamblea Nacional del Poder Popular) contrario a naciones como Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde no se admite que se proceda a una nueva reforma constitucional si no se convoca a una Asamblea Constituyente por elección ciudadana.

 

Se trata de que si la mayoría de los ciudadanos cubanos consideramos que la Constitución ya no se aviene con nuestros derechos y aspiraciones, podamos echar a andar un proceso constituyente que fortalezca el país y brinde un conocimiento sobre la legalidad a la vida cotidiana del ciudadano.

 

Ya el país no está en condiciones de hacer como en el año 1992, que hicimos una reforma constitucional con una pequeña Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos, luego sometida al voto de la Asamblea Nacional y aprobada. Todo esto se hizo en un período de tiempo relativamente corto, sin hablar del asunto hasta el año 2002 que ocurre la siguiente reforma… es decir, que cíclicamente cada 10 o 15 años nos acordamos que tenemos una Constitución.

 

Cometemos un error si creemos que las constituciones son solo expresión de los cambios en los países, son también agentes del cambio si saben conducirse correctamente y ponerlas en función del bien común.

 

La nueva Constitución tendría que contemplar los derechos colectivos o de tercera generación: el derecho a disfrutar de un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado, el derecho a la paz, el derecho a las minorías étnicas, etc. Podríamos también reconocer derechos que no aparecen en la Constitución actual como el derecho al honor, el derecho a la vida, etc. Otra carencia del texto actual se refiere a los derechos y las garantías, los cubanos actualmente no tenemos definido nítidamente qué cosa es un derecho y qué una garantía. En el texto constitucional actual prácticamente las únicas garantías presentes son las materiales.

 

En este proceso de transformaciones podríamos hacer también un análisis a la Asamblea Nacional. Resulta que el órgano legislativo cubano es mayor que la Duma estatal rusa y el congreso estadounidense, una locura si comparamos la cantidad de habitantes de cada nación. Una Asamblea Nacional que aunque últimamente pueda parecer más frecuente por la agenda que tiene, se reúne solo dos veces al año. Sinceramente no me molestaría tener menos representantes en la Asamblea en aras de mayor operatividad, así evitamos costes y nos concentramos en algo más importante que la cantidad de diputados: la verdadera representatividad de los mismos.

 

Decía Víctor Hugo que nadie puede parar una idea cuyo tiempo ha llegado, veamos si es el caso a través de una consulta popular mediante referendo. Quizás entonces los cubanos decidan convocar a un proceso constituyente democrático, que implique la participación consciente de todos los ciudadanos y en el cual la forma en que se haga… será tan fundamental como la Constitución misma.