Cubanálisis  El Think-Tank

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Cuba: Si no hay sistema, ¿cuál es la solución?

 

No se trata de imponer a los productores la disciplina burguesa del hambre, o la militar obligatoria, sino la del “trabajo asociado que cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría”.

 

Pedro Campos

 

“Este es un pleito que es necesario ganar, pero con maña, porque no se puede, como en la guerra, cortar los nudos, no, que deben desatarse”. Máximo Gómez 

 

En un reciente reportaje de la televisora de Santiago de Cuba, se veía al compañero Lázaro Expósito, Primer Secretario del PCC de la provincia, visitando panaderías y dulcerías en las que sobresalían la falta de higiene, la ausencia de trabajadores, el paro por falta de envases, la pérdida de  toneladas de alimentos, la existencia  de producción “no autorizada” y otras “perlas”.

 

El compañero Lázaro criticó la situación in situ, ante los trabajadores y manifestó que “este relajo es el que no permite que avancemos más” y precisó: “no hay sistema”, recalcó: “no hay sistema”. Al terminar el reportaje, el periodista concluyó: “Hay que seguir trabajando con disciplina y conciencia, esa es la única solución para que Santiago vuelva a planos estelares en calidad de vida”.

 

Las expresiones del dirigente del Partido contienen una conclusión fundamental: el problema es que “no hay sistema” (de producción, de organización, de trabajo) lo cual provoca el relajo existente. Culpó a los métodos. De donde debería colegirse que habría que establecer un sistema que funcione, cambiar los métodos para eliminar el relajo actual.

 

El periodista, cuya sentencia final es la que queda en el televidente, saca otra conclusión, distinta a la de Lázaro, extraída del arsenal del inmovilismo: trabajar con disciplina y conciencia, lo que parte de que las mismas no existen entre los trabajadores, culparlos a ellos, por lo que habría que imponerles la disciplina que los obligue a trabajar, como en el ejército, o  a sentir su “necesidad”, como en el capitalismo, es decir la disciplina burguesa del hambre que se impone a los asalariados.

 

Si los trabajadores fueran un atajo de indisciplinados, ladrones y corruptos como sugieren  algunos desde las alturas, abría que recordarle a esos “dirigentes” que “las ideas dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante”.

 

No sabemos por fin que hizo luego el compañero Lázaro Expósito, qué medidas tomó: si trató, siguiendo la lógica de su pensamiento, de cambiar el sistema de trabajo, o se fue por la línea burocrática del periodista y “mandó a fabricar un poco de disciplina y de conciencia”, para “incrustarla” en la actitud y la cabeza de aquellos trabajadores, si les impuso una disciplina de  tipo militar como pretenden algunos o si los mandó a la calle a pasar hambre como hace el capitalismo.

 

Lo cierto es que de Santiago llegan noticias alentadoras sobre la actividad política que desplaza su Primer Secretario, como mismo hizo en Granma; pero todos sabemos que “una golondrina no compone verano” y que tampoco se trata de que tengamos que clonar voluntaristamente 14 Lázaros Expósito, uno para cada una de las provincias, sino de aplicar un sistema que funcione con Expósito o con otro compañero y que lo mismo sirva para las provincias orientales que para la capital.

 

Un sistema que lleve a la gente a trabajar y a trabajar bien, pero no por obligación, sino participación, por convicción, por autosatisfacción: “el trabajo asociado que cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría”, al decir de Carlos Marx.

 

Y es evidente que el dirigente partidista tiene plenas razones: el problema es sistémico.

 

Mientras  no se cambie el sistema centro-estatista asalariado de producción, donde los trabajadores no deciden nada; mientras los trabajadores no sean responsables de la reproducción de sus condiciones de existencia; mientras no se sientan –porque verdaderamente lo sean- dueños de los recursos y medios con qué producen; mientras no estén afectados positiva o negativamente con los resultados del trabajo; mientras la “disciplina” que algunos quieren imponer a los trabajadores sea la burguesa del hambre, la obligatoria de los soldados de un ejército o la de los tornillos de una máquina y no la autodisciplina de los nuevos sujetos del proceso productivo en el socialismo, que se auto gobiernan, no cambiará ese relajo, que se podrá modificar coyunturalmente como otras veces, pero de allí no pasará.

 

La disciplina laboral es un elemento de la conciencia social que depende de las relaciones de producción, de la base económica, del modo de producir, del sistema.  No se alcanzará el sentido de pertenencia solo porque se plantee como una consigna

 

Está demostrado en casi 100 años de “socialismo de estado”: su sistema de fines “socialistas” con medios y métodos capitalistas, -mitad capitalismo,  mitad socialismo, el “capisol”- no puede funcionar positivamente, ni generar una nueva conciencia social; pero si no es el mejor, sí es muy bueno en “producir” corrupción, burocracia, holgazanería, desinterés, relajo y otros males.

Hay que repetirlo: para conseguir propósitos socialistas, habrá que aplicar medios afines.

 

En estos momentos en que el discurso y la acción predominantes en el estado cubano, se proyectan desde las perspectivas de la disciplina, la experiencia y los cuadros de origen militar, sería conveniente recordar al Generalísimo, el General de Generales cubanos de todos los tiempos, en su proclama de Yaguajay el 29 de diciembre de 1898, cuando expresó: “No se debe olvidar nunca que así como la espada es la bienhechora para dirigir y gobernar bien las cosas de la guerra, no es muy buena para esos oficios en la paz; puesto que la palabra Ley es la que debe decírsele al pueblo y el diapasón militar es demasiado rudo para interpretar con dulzura el espíritu de esa misma ley”.