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Cuba: Obsoleta política de EEUU obstaculiza democratización

 

Pedro Campos, Kaos en la Red

 

La política de EEUU hacia Cuba ha demostrado ser contraproducente, más afecta los intereses del gobierno norteamericano que del cubano y, sobre todo, los del pueblo cubano, pues ha servido para justificar la represión y las políticas antidemocráticas.

 

Históricamente, el gobierno cubano ha utilizado como pretexto la coartada nacionalista que facilitan el bloqueo imperialista, sus agresiones  y el respaldo norteamericano a muchos opositores, para presentarse como el pequeño David frente al gigante Goliat y sostener  una política de “plaza sitiada” con un enemigo externo hiperbolizado. Su objetivo: mantener maquiavélicamente la cohesión y la sumisión internas y justificar el hostigamiento permanente contra los disidentes y contra todos aquellos que difieran de las políticas oficiales, no importa que sean posiciones anticapitalistas y antimperialistas sostenidas desde la amplia izquierda socialista y democrática.

 

De esta manera, la políticas intervencionistas de agresiones, amenazas, bloqueo y aislamiento de EEUU contra el gobierno cubano, diseñadas para impulsar la “transición hacia la democracia” en verdad siempre han servido a los gobernantes de este país para fortalecer su poder centralizado y obstaculizar el proceso de democratización en la Isla, así como mejorar la posición regional del gobierno cubano y aislar la del gobierno norteamericano.

 

La reciente cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericano y del Caribe) así lo atestigua. Mientras el estado cubano daba “muestras” de pluralismo y tolerancia regional, EEUU aparecía careciendo de los mismos, lo cual le acercaba a la posición de aislamiento que Washington ha buscado para el gobierno de La Habana.

 

En tanto que el gobierno isleño recibía el reconocimiento de todos los otros gobiernos de los países del continente, con las excepciones de EEUU y Canadá que no estaban presentes, muchos opositores y disidentes eran apresados y reprimidos en distintas formas por intentar un foro que discutiera cuestiones de la democracia y los derechos humanos en el país.

 

El politólogo Manuel Cuesta Morúa, dirigente  socialdemócrata del Grupo Arco Progresista y uno de los organizadores de ese foro, fue detenido para evitar su participación en el mismo, saliendo de la cárcel con una causa pendiente por  “Difusión de noticias falsas contra la paz mundial”, con el argumento de que varios artículos y textos publicados por el opositor y académico sobre la problemática racial en Cuba, “distorsionan la realidad cubana y la obra de la revolución a favor de la igualdad racial”.

 

Por distorsionar la realidad cubana y la obra de la revolución” según las miras de este gobierno, probablemente pudiéramos ser encausados varios millones de cubanos que tenemos una visión distinta sobre esa realidad y esa obra. Algunos hablan de una nueva “primavera negra” en ciernes.

 

En fin que la política de EEUU hacia Cuba ha demostrado ser contraproducente, en lo que concuerdan muchos analistas internacionales de distintas posiciones políticas. Afecta más los intereses del gobierno norteamericano que del cubano y, sobre todo, al pueblo isleño, en tanto que ha sido utilizada, internamente, como justificación de la represión y los dislates económicos del gobierno que ha presentado -con éxito relativo- la contradicción entre ambos países, como la causa principal de los problemas en Cuba.

 

De hecho, el bloqueo norteamericano, o si se quiere llámese embargo, ha sido el aliado más importante del gobierno cubano en la represión de la disidencia, del pensamiento diferente y en su lucha por evitar la democratización de la sociedad cubana.

 

Y para nada estoy diciendo que el imperialismo es el culpable de la tragedia cubana. En otras ocasiones lo he escrito y lo he demostrado: el único responsable de ese desastre es el modelo económico-político-social de capitalismo monopolista de estado, de corte neo estalinista que se ha pretendido imponer a Cuba, en nombre del “socialismo”.

 

En lo personal, los gobernantes “revolucionarios”, que viven como millonarios fuera de la miseria en que subvive la gran mayoría de los cubanos, no han sido afectados en nada por el bloqueo, cuyas consecuencias -todas- recaen sobre los hombros del pueblo cubano.

 

Como la política norteamericana hacia Cuba tiene el propósito de demostrar la inviabilidad del “socialismo”, ese que nunca ha existido, poco le han importado a EEUU los efectos concretos sobre el pueblo cubano. Por eso la llamo criminal.

 

Por culpa de su propia política, EEUU se ha visto marginado de poder contribuir directamente con eventuales cambios democráticos en la Isla y limitado en sus posibilidades de participar en un posible despegue económico de la Mayor de las Antillas.

 

Muchos cubanos estamos convencidos de que si bien a corto plazo un levantamiento de las restricciones que quedan del bloqueo podría ser presentado como un triunfo político para el gobierno cubano y ayudarlo económicamente, de inmediato afectará sensiblemente su capacidad para mantener su actual monopolio de la política y la economía del país, le hará más difícil justificar cualquier represión interna y a mediano plazo puede ser un factor importante que ayude a una salida democrática que permita superar la situación actual.

 

Es posible que algunos retrógrados de la Nueva Derecha Cubana asentada en el poder, hagan cualquier cosa porque el bloqueo se mantenga, para seguir justificando el control absoluto sobre el país y la represión interna; pero EEUU debería hacer caso omiso de tal eventualidad.

 

Sabemos de las presiones que la vieja derecha cubana asentada en EEUU ejerce sobre los gobiernos de ese país, de la significación del voto en la Florida y del tradicional rechazo de los gobernantes norteamericanos hacia el modelo de gobierno y estado implantado en Cuba.

 

Pero el Presidente Obama recientemente expresó la necesidad de “actualizar” la política hacia Cuba. La terminación de la II cumbre de la CELAC y los hechos en su entorno, comportan un buen momento para que los demócratas de EEUU hagan esa reevaluación, considerando que en el tiempo que les quede para las próximas elecciones presidenciales, un efectivo cambio de política hacia Cuba podría ayudar mejor a la democratización en la Isla, que el mantenimiento de las actuales restricciones.

 

Ello significaría una derrota de las políticas defendidas por los congresistas de origen cubano de filiación republicana y favorecería el voto demócrata en la Florida.

 

Que un levantamiento total del bloqueo no nos lleve a una anexión real o virtual que podría interesar a personeros de la Vieja Derecha Cubana o de la Nueva, donde no faltan los dispuestos a vender el país por pedazos a cambio de mantenerse en el poder, depende de todos los buenos cubanos partidarios de la libertad, la independencia y la soberanía.