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Cuba: La imprudencia debe tener un límite

 

La imprudencia debe tener un límite. Incitar a la violencia en Cuba, sirve al imperialismo. Para evitar una Libia, empecemos el diálogo y trabajemos juntos para perfeccionar nuestro sistema político.

 

Pedro Campos, Kaos en la Red

      

Cuba vive complejos momentos. El agotamiento del “socialismo de estado” está dejando una estela de sinsabores en una buena parte de los cubanos, creando expectativas y engrosando las filas de los inconformes.

 

El mismo gobierno que tenemos desde 1959, acaba de intentar una “actualización” de su modelo económico, sin reformas políticas, que más parecía una copia de las recetas neoliberales con que tratan de salvar a los estados burgueses y a las grandes empresas lucrativas, a costa del despido masivo de trabajadores, la eliminación de subsidios y de programas sociales y el aumento de impuestos a los de menos ingresos.

 

Los Lineamientos del VI Congreso, que pretendían refrendar esas políticas ya en ejecución, están siendo sometidos a revisión debido a las más de 600 mil propuestas de supresiones, adiciones, modificaciones, dudas y preocupaciones,  hechas por las bases. El 65 por ciento de los acápites habría sufrido modificaciones, según declaraciones del ex Presidente norteamericano James Carter, de visita reciente en Cuba, quien dijo haber recibido la información del gobierno.

 

No fueron pocos los cubanos que advirtieron al gobierno/partido las eventuales consecuencias de una cesantía masiva de trabajadores, junto a los reajustes macro-económicos que se siguen realizando, en medio de todos los problemas y dificultades que aquejan a la sociedad cubana. 

 

Los acontecimientos en el Medio Oriente y especialmente en Libia, reiteran que el imperialismo no tiene amigos sino intereses y han indicado, de forma concluyente, que está dispuesto a meter sus narices, allí donde encuentre una justificación plausible que cuente con respaldo internacional. Propiciar tal coartada en Cuba, solo puede servir a los enemigos históricos del pueblo cubano.

 

Queda entonces claro que azuzar conflictos internos y especialmente incitar a la violencia en la Cuba de hoy, es muy peligroso. Lo que no quiere decir que las personas, grupos o segmentos de la sociedad que se sientan disminuidos en sus derechos y afectados en sus intereses, no deban luchar por ellos, mediante formas pacíficas y democráticas. Para garantizar los derechos de todos se hizo la revolución contra Batista.

 

Identificar y tratar de resolver problemas existentes de orden político, económico, religioso, racial, sexual, ecológico, de género u otros, presentar propuestas y accionar sin violencia en busca de soluciones, no tiene nada que ver con incentivar conflictos y mucho menos inventarlos.

 

Sin embargo, en esta complicada situación que atraviesa el país, la televisión, la radio y la prensa oficial bajo control del aparato ideológico del PCC, ha venido desarrollando una campaña para tratar de desacreditar a la oposición, “vinculando” a sus disímiles integrantes a las actividades subversivas del imperialismo y a sus órganos de inteligencia.

 

Se trata de un anticuado método maniqueo de demonización y acoso, que se une a la falta de espacio para el disenso y el acorralamiento a las personas, lo que en cambio sí podría estimular actos de repudio y de violencia, como ya han ocurrido en épocas pasadas y propiciar la desesperación y el extremismo. La violencia engendra más violencia.

 

Procese y sentencie a quien se compruebe trabajar para inteligencias enemigas o practique el terrorismo; pero no presente toda disidencia pacífica que demanda reformas, como subversión imperialista. La verdadera democracia respeta las minorías. En la oposición hay mercenarios y vividores, como se ha demostrado también que los hay en las filas oficiales, pero es grave error juzgar a todos por igual.

 

Si lo que se busca es amedrentar a la disidencia para evitar que sus eventuales protestas lleven aquí a la creación de una situación parecida a la de Libia, lo que se está logrando, en cambio, es agriar el mejorado ambiente político interno logrado con la excarcelaciones, hiperbolizar el significado real de esa oposición y ganarse el repudio de mucha gente por la manipulación evidente en los programas televisivos. Personas sensatas de la oposición, tratada sin diferencias, han rechazado los llamados derechistas/miamenses a levantamientos internos.

 

Si lo que se pretende es justificar el continuar limitando el acceso a Internet y a otras modernas tecnologías comunicacionales, en la creencia de que las mismas fueron las causantes de las revueltas en el Medio Oriente, se estaría desconociendo que los orígenes reales de las revoluciones políticas radican en la exclusión, la opresión y la falta de libertades a que son sometidos los opositores y descontentos por los regímenes autoritarios.

 

¿Se percatan los promotores de esta campaña que concentrar la atención de la opinión pública nacional sobre esas personas, es desviarla de lo que el Presidente Raúl Castro definió como el principal enemigo actual del proceso revolucionario cubano: nuestros propios errores y del actual enfrentamiento a la corrupción y al burocratismo?

 

Ese tipo de campaña en busca de enemigos políticos es contraproducente. Sirve a las peores fuerzas retardatarias, a la propia oposición que se victimiza y se regala publicidad y, -en caso de llegar a acciones violentas iniciadas por cualquier bando-, a las fuerzas más tenebrosas del imperialismo. El efecto podría ser desastroso. La imprudencia debe tener un límite.

 

Ya se ha dicho: los asuntos de la seguridad nacional deben analizarse integralmente.

 

Estamos en otros tiempos. La situación ha cambiado. Los métodos para evitar una Libia en Cuba, tienen que ser de otro tipo.

 

Lo procedente sería enfrentar y resolver los déficits democráticos y libertarios de nuestro actual sistema político y crear condiciones para un dialogo nacional bajo los principios del respeto mutuo y la tolerancia, en el que participen todos los cubanos con algo que aportar sobre el futuro que deseamos con todos y para el bien de todos. Ambas demandas se vienen haciendo hace años desde diversos ángulos de la sociedad y desde el propio seno revolucionario.

 

En relación con los hechos en Libia, el Ministerio de Relaciones Exteriores, en nota pública (Granma 21 de marzo/2011) expresó que: “Para Cuba los conflictos deben resolverse por la vía del diálogo y la negociación y no mediante el uso de la fuerza militar”. Y precisamente se llegó a ese conflicto por la exclusión de otros sectores políticos y por la ausencia de diálogo y de métodos democráticos de gobierno. Esperamos que esa visión para los conflictos internacionales, sea la misma para los internos, seamos previsores y no caigamos en el doble rasero que tanto criticamos a otros.

 

Los que estamos de acuerdo en evitar aquí algo parecido, empecemos el diálogo y trabajemos juntos para perfeccionar nuestro sistema político. Sería una forma efectiva, revolucionaria y poco costosa de rendir homenaje a la declaración del carácter socialista de la revolución y a la victoria en Playa Girón.

 

Sin socialización y sin democratización, no hay socialismo posible.