Cubanálisis  El Think-Tank

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Cuba: el sector de la salud - una guerra avisada - 1

 

¿Puede ocurrírsele a alguien en su sano juicio, que los logros de la salud se deben a lo inteligentes que son los que nos dirigen...? - hablan los propios autores de la potencia médica.

 

Francotirador del Cauto, para Kaos en la Red

 

El viernes 29 de julio del año en curso, en la edición del periódico Granma que dedica dos páginas a recoger inquietudes de la población, una ciudadana hizo público el maltrato del cual fue víctima al ser mal orientada en dos centros de salud, específicamente en dos Laboratorios Clínicos. Tres días más tarde, el 1ero de agosto, circuló la página "La rosca izquierda" con un dibujo humorístico acompañado del comentario de Fausto Martínez, bajo el título "Ética médica: lo primero es atender al paciente", que concluye con la siguiente frase: “Kafka palidece. La burocracia, hermana de la indolencia, no solamente se apertrecha tras de un buró”. También el 4 de noviembre aparece otra crítica al sector de la medicina en el mismo diario titulada: "Paciencia de los Pacientes". 

 

Me llamaba la atención que los médicos cubanos, ejemplo dentro de nuestra población del esfuerzo y dedicación cotidianos, no enfrentaran los argumentos esgrimidos por el diario del PCC contra ellos. Error garrafal... me equivocaba. Los medios siguen en manos del estado.

 

Pensaba que cuando la televisión cubana había entrevistado a algunos camajanes cuasi responsables del famoso quinquenio gris, la intelectualidad literaria había saltado como si le hubieran quemado el trasero, y se desató la guerrita de los emails, o lo que se dio en llamar los Emilios.

 

Pues ahora hay otra guerrita de los Emilios dentro del sector de la salud, y ello lo confirman los correos electrónicos que circulan en la web de Salud Publica con los criterios de varios profesionales de la salud sobre las acusaciones vertidas en el Granma, y que ese diario se rehúsa a publicar.

 

Como no tengo autorización de esos médicos enojados no utilizaré los nombres que firman esas cartas, sino que daré a conocer los argumentos que en ellas se esgrimen, porque considero que vale la pena respaldar a un sector de nuestra Revolución cuyos logros se han mantenido inalterables desde el año 1959.

 

Esta parece otra guerrita de desgaste, ¿pero lo será? ¿Puede el auscultamiento de una enfermedad prescindir del diagnóstico de las condiciones de salud del paciente? 

 

***

 

Habla el sector de la salud 

 

Comienzo por expresar mi satisfacción por el hecho de que cada quien encuentre espacio para criticar, señalar errores, y exigir lo que considere un derecho propio. Me pregunto por qué nosotros, los trabajadores de la salud, no hacemos exactamente lo mismo cuando somos maltratados por la población o por algunos funcionarios, cosa que ocurre con muchísima frecuencia. Tal vez necesitábamos de este impulso, y llegó la hora de que se escuchen nuestros reclamos. El caso de la paciente de 65 años que motivó la posterior reflexión de Fausto Martínez, efectivamente no tiene justificación posible según la forma en que fue expuesto. Sin embargo, como parecen desconocerse las enormes dificultades que enfrentamos los médicos y los técnicos de la salud en todas las esferas, me dispongo a ofrecer una apretada síntesis en aras de esclarecer mínimos elementos, aunque conozco de   antemano que se requerirá de una enorme consulta con todos los trabajadores de la salud en asambleas masivas, el día que haya voluntad y paciencia para escucharnos.

 

Hace tres años ofrecí un panorama de la situación de los médicos generales integrales al cual titulé "Una vieja deuda", respondiendo al ataque de otro periodista que injurió a los Médicos de Familia a través de la televisión nacional. Aunque ese artículo fue   conocido entre varios colegas que disponen del servicio de Infomed, dicho análisis cayó, como suponía, en saco vacío. No voy a repetir los señalamientos de entonces, porque sería reiterar el tema de los bajísimos y desproporcionados ingresos salariales, del menosprecio por la vocación, del trato realmente abusivo del cual somos víctimas y otras gravedades ya que, obviamente, no existe todavía posibilidad de   paliar dichos males. Sin embargo, nos consolaba el reconocimiento de los enfermos como último estímulo para no cejar en nuestro empeño de laborar sin comodidades mínimas, para continuar trabajando en condiciones deplorables, para seguir sin derechos elementales que hemos reclamado muchas veces como el descanso post guardia, la alimentación adecuada en el servicio nocturno, agua y jabón para el aseo de las manos y un largo etcétera que los pacientes ignoran.

 

Más que irritación, sentimos dolor ante la ligereza con que hemos sido tratados en la prensa a través de los artículos mencionados. Nosotros nos regimos por normativas que intentan distribuir lo más equitativamente posible los escasos recursos materiales que, como se sabe, son altamente costosos, y en el caso de los reactivos químicos, mucho más. Es por ello que a cada centro de salud se le asigna un número determinado de reactivos de laboratorio, de material de radiología, de implementos de curaciones, de medicamentos para emergencias entre otros, según la población que atiende cada área del nivel primario. Es de señalar que cuando se trata de una VERDADERA URGENCIA, todos los enfermos reciben lo necesario, pertenezca o no al centro asistencial al que acudió.

 

Hemos acostumbrado a la población a la llamada complacencia: De análisis innecesarios, de recetas auto indicadas, de dietas que se vuelven vitalicias; recursos todos que cuando son rechazados por el   personal de salud que se encuentra en contacto directo con los enfermos (insisto en esto porque no hay comprensión en muchos administradores de la salud), acuden a la queja, y ocurre entonces que son satisfechas esas demandas, en detrimento del criterio del médico que antes las había rechazado por considerarlas superfluas o incluso   perjudiciales. Esto ocurre para evitar molestias en la población, ya bastante abrumada por las dificultades cotidianas.

 

Para otro médico participante en este intercambio nadie debe estar exento de la posibilidad de ser públicamente criticado, sobre todo si los resultados de su labor así lo ameritan.

 

Para él, los primeros que debían recibir la crítica pública, en estos momentos, en nuestro país, debían ser los periodistas y los órganos de prensa, que a pesar de los llamados y exigencia de la dirección de la revolución, siguen sin mostrar ni por asomo, la labor crítica que se les pide. Asegura que no hay periodismo de investigación, y hay bastantes cosas que pudieran ser investigadas, empezando por las cartas que les envían la población y las vergonzosas respuestas que ofrecen los organismos.

 

Entiende que sí hay personas que sienten que deben criticar al sector de la salud, es saludable que lo hagan, y que se investigue, como han reclamado ya otros colegas, la crítica concreta. “Pero -añade- lanzar una bengala sobre los médicos, de manera general, me parece indignante, y más indignante aún, que no haya habido una respuesta, ni por parte del Sindicato de la Salud, ni de ninguna organización, sociedad, o estructura del Ministerio de Salud Pública, excepto la que informa de las sanciones que impusieron a varios compañeros. Esto es quizás uno de los aspectos más preocupantes: No tenemos representación como gremio, no hay defensa oficial de nuestras actuaciones. Lo único   publicado ha sido la carta individual de una doctora que responde   bastante bien, aunque pienso que sin ir al fondo de la cuestión”.

 

Alega que es muy posible que muchos, entre los que se incluye, hayan pensado una vez más en la necesidad tener una verdadera Sociedad, colegio o lo que se le quiera llamar, como lo tienen Enfermeras, Abogados, Economistas, Ingenieros, y un largo etc.

 

Y este médico se pregunta y nos pregunta: ¿hay algún otro sector en Cuba, además del de la salud, que pueda mostrar los logros sostenidos durante largos años en los resultados de su labor? Me refiero a reducción de las Tasas de Mortalidad de todo tipo, aumento de expectativa de vida, reducción de morbilidad, etc.

 

Al respecto también pregunta si : ¿a alguien se le puede ocurrir que estos logros se deben a las buenas condiciones de vida de la población, la magnífica higiene en que viven los cubanos, la excelente nutrición, particularmente después de los 90, la disponibilidad de medicamentos, material gastable y otros insumos necesarios para nuestro trabajo?

 

¿O quizás, puede ocurrírsele a alguna persona en su sano juicio, que los logros de la salud se deben a lo inteligentes que son los que nos dirigen, lo bien que planifican el trabajo, el aseguramiento que nos dan de todas las cosas que necesitamos?

 

Tampoco -agrega- creo que se le ocurra a nadie pensar que estos resultados son el fruto de las magnificas condiciones de trabajo de que disfrutamos, la excelente comida en nuestros comedores, o el elevado salario, la estimulación en divisas, o la atención al hombre.

 

Entonces, ¿a que hay que atribuir los éxitos del sector de la salud, que no puede ningún otro organismo o sector mostrar? Y responde que la respuesta es solo una, y todo el que conozca medianamente como trabajamos lo sabe: A la vergüenza, el compromiso y la dedicación, en primer lugar de nuestros médicos.

 

Me vienen a la mente -expone- Agricultura, Transporte, Alimentación, Construcción, Poder Popular, Educación, Policía, Comercio Interior, Gastronomía, los propios Medios de Comunicación y no encuentro ningún otro que pueda, pálidamente, acercarse a nuestros resultados.

 

En el resto del comentario este médico expone:

 

Por otro lado, conoce nuestra población cuál es el principal rubro de ingreso económico en nuestro país en el momento actual, superior, de lejos, al Turismo, y demás fuentes económicas, y que se ha convertido en un verdadero salvavidas para la nación en difíciles momentos? ¿Sospecharán que son los servicios que ofrecen muchos colegas en el exterior, devengando prácticamente un ínfimo salario en relación con lo que recibe el país?

 

¿Y se habrán puesto a pensar que para poder brindar estos servicios, sus colegas que permanecen trabajando en Cuba deben asumir las tareas que tenían asignados estos colegas, incluyendo no solo la asistencia médica, sino también la formación de miles de estudiantes, de Cuba y de todo el mundo?

 

¿Saben los que critican, y los que publican las críticas, que el médico cubano no tiene horarios, que después de una guardia permanece en su centro hasta que sea necesario, que no tiene vida privada, que muchas veces tiene dedicarse a labores que otras personas no hacen y que no tiene nada que ver con su contenido laboral, como buscar donde realizar un estudio, conseguir un medicamento, buscar donde pueda hojas en blanco para poder escribir en las Historias Clínicas de los pacientes, pues quienes deben garantizarlas no lo hacen, y un largo etc.?

 

Que nadie les entrega ni un simple lapicero para escribir en las historias clínicas, recetas, y otros documentos. Que le venden una bata sanitaria cada tres o cuatro años, con suerte. Que el salario que reciben es más bajo muchas veces que el de una empleada de limpieza, que la comida es pésima, incluida las guardias. Sabrán que diariamente, en cientos de Salones de Operaciones de nuestro país, entran cada mañana Cirujanos, Anestesistas, Ortopédicos, Neurocirujanos, y otros, después de haber ingerido el magro desayuno que su salario le permite, de haber recorrido kilómetros en bicicleta, o buscando cómo puede una botella, pues el transporte público todos, o casi todos, saben cómo funciona, y los almendrones son inaccesibles   para su economía, y sin saber a qué hora terminarán. Y lo mejor de todo, las técnicas quirúrgicas que aplican están a la vanguardia, y sus resultados se comparan con los de los mejores hospitales del mundo desarrollado. Y mejor aún, nadie los ha escuchado quejarse.

 

Sabrán que a nuestros Profesores, que escriben los libros por donde   se estudia la carrera, que han formado generaciones de médicos, que dan garantía diaria de calidad en la asistencia que se brinda en nuestros centros, le suprimieron hace meses una mísera cuota de gasolina, que además pagaban, y cuanto pidieron una explicación nadie se las dio?

 

Pienso que muchas de estas verdades son ignoradas, no sé si voluntaria o intencionadamente, y que de saberse quizás algunos de los que critican se medirían más para hacerlo

 

***

 

Pero el problema es político y de fondo... no es posible auscultar el mal concreto fuera del diagnóstico del sistema. No se trata del sistema de salud, aunque del mismo se trate. Un gigante con patas de barro no es el resultado del esfuerzo de los trabajadores de la medicina, sino del empeño del estado de la burocracia. ¿Cuán avanzada es la metástasis?

 

Ahí están las voces del gremio de la medicina en las reflexiones que continúan y articulan el debate no autorizado por el PCC y el Estado.

 

 

Cuba: el sector de la salud - guerra avisada no mata soldado - 2

 

Franz Kafka palidecería de verdad si supiera la forma en que somos tratados

 

El instinto de conservación le mueve el reflejo condicionado a la burocracia política de nuestro país: liquidar al mensajero que trae la noticia. Pero los médicos no trabajan en la empresa de correos, sino en los hospitales cubanos y en decenas de lugares en países del llamado tercer mundo. Comparten con el resto de los trabajadores cubanos las consecuencias del Gobierno de la burocracia de "nuestro" socialismo de estado

 

Los médicos tampoco piden privilegios al Estado ni sobornos al pueblo, entregan sus altos conocimientos por salvar vidas humanas y mantener a Cuba entre los 10 países de mejor atención medica en el mundo. Y no confundan los entretenidos atención médica con sistema de salud. Los médicos y científicos del sector, los autores de la potencia médica,  mantienen la salud de la nación, contra los vientos y mareas de los designios del Estado de la burocracia. 

 

Son sus reflexiones críticas, censuradas por Granma, las que hablan:

 

***

 

Uno de los médicos llamó a la redacción de Granma para informarse cual era la metodología del diario para dar credibilidad y publicar las cartas al editor, porque según él pensó, una noticia debía ser previamente verificada, “máxime cuando se trata de un hecho que denigra el prestigio tan bien ganado de nuestra salud pública y se divulga en el órgano del PCC”.

 

La jefa de Redacción de esa sección, le informó que el método de trabajo de "Cartas a la Dirección" se basa en la publicación de opiniones del pueblo sin investigación previa alguna, pues de la investigación y la respuesta son responsables las   personas o entidades implicadas.

 

Esta respuesta es la doble moral en dos patas, porque me figuro no suceda lo mismo cuando alguna persona escriba a ese diario censurando la labor o comportamiento de algún alto burócrata de nuestro país. Supongo que hasta ahí llega la regla del diario. Es más fácil condenar a los de abajo.

 

Aclara otro galeno que no es justo que se convierta en hábito la crítica generalizada a "las batas blancas" sin el conocimiento real de cómo somos, en qué condiciones trabajamos ni cuáles son nuestros sacrificios de cada día.

 

En otro de los comentarios en los Emilios se censura un artículo del periodista de la BBC. Fernando Ravsberg, “donde a claras luces decía que los médicos somos sobornables,  y trabajamos a cambio de favores de todo tipo”.

 

Al respecto el médico señala: “Como tantas personas se atribuyen el derecho de generalizar cuando de hacer comentarios acerca de los servicios médicos se trata, pues nosotros adquirimos el deber de defendernos. Cuando se critica, por ejemplo, el mal estado de muchos de nuestros centros de salud, nadie añade que son esas y no otras las condiciones en las cuales trabajan y prácticamente viven los médicos, las enfermeras y los técnicos de la salud ya que pasamos más tiempo en ellos que en nuestros hogares. Cuando se comentan las largas horas que hubo de esperar algún enfermo para acceder a una consulta, no se tiene en cuenta que el personal que la ofrece, está trabajando en ese mismo   lugar sin detenerse para beber un vaso de agua, no digamos ya para   almorzar. Se lamentan de su maltrato y no del que está sufriendo el   otro. Errores existen, es verdad, y negligencias, y despreocupaciones.   Pero la práctica de generalizar ha sido siempre un mal profundamente injusto, y lo rechazamos con energía. De la burocracia todos somos   víctimas sin excepción, pero la médica es particularmente abrumadora. No me refiero a la reseñada en los artículos, sino a la que padecemos   nosotros los médicos sin que los enfermos la conozcan. No se trata   entonces de disponernos a un lamento en masa, sino de escucharnos los   unos a los otros, de tendernos las manos, de ayudarnos a soportar los   males que a todos nos golpean”.

 

Y puntualiza: “Nunca hemos sabido de planteamientos por parte de la población para que sean mejoradas nuestras condiciones laborales, para que se respete el criterio clínico que tanto esfuerzo y tiempo cuesta aprender”.

 

Más adelante puntualiza que “son escasísimos los enfermos que muestran comprensión hacia nuestro trabajo, que respetan nuestro horario de almuerzo o de descanso, que colaboran con mínimos gestos hacia los locales de consulta (me refiero, por ejemplo, a cuidar en horario nocturno que ningún malhechor hurte muebles o instrumentos médicos de los consultorios) y no a regalos ni a prebendas”.

 

Y aclara que no basta con reconocer a través de los medios el esfuerzo de   grandes procederes médicos como los trasplantes, las hemodiálisis o el rescate de un ser humano que agonizaba en el mar. La rutina de saber   que estamos rodeados de médicos, de enfermeras y de técnicos de salud   en todos los rincones y a toda hora, no puede ser obstáculo para el   respeto elemental que merecemos.

 

Como colofón a su carta este médico concluye que “ni corruptos ni burócratas, ni mucho menos indolentes, marchamos cada día a intentar alivio en nuestros enfermos. Más bien sin los recursos básicos que harían mucho más feliz nuestra tarea, enfrentamos la corrosiva cotidianidad con el añadido de una sonrisa, de una palabra de aliento, de una esperanza. No es justo que se convierta en hábito la crítica generalizada a "las batas blancas" sin el conocimiento real de cómo somos, en qué condiciones trabajamos ni cuáles son nuestros sacrificios de cada día. Franz Kafka palidecería de verdad si supiera la forma en que somos tratados”.

 

Otra de  las cartas dirigida a Lázaro Barredo, director del diario del PCC, comienza así:   “Me dirijo a usted y su sección, como lo han hecho otros colegas míos sin haber visto coronados sus esfuerzos de ver publicadas sus opiniones de defensa a nuestra comunidad médica, pues como es el eslogan de su sección cartas a la dirección son opiniones con las que se puede estar o no de acuerdo, y lo hago posterior a la publicación de la respuesta del director provincial de salud de La Habana como conclusión a la queja formulada por pacientes en el policlínico Capdevila, que ha generado tanta polémica y una ola de críticas mal intencionadas a nuestra gestión, como si fuéramos una rara especie diseñada para servir al pueblo que se negara a hacerlo”.

 

Agrega, “Sepa usted que la inmensa mayoría de los médicos que ejercemos en este momento es fruto de aquella generación, de profesores, que decidió quedarse en el país y no emigrar a los EEUU posterior al triunfo revolucionario del 1º de Enero de 1959, que nos ha inculcado sus valores y nos ha hecho convertirnos en una potencia médica de solidaridad hacia el prójimo y altruismo, porque escasez y condiciones anormales para trabajar es lo que nos sobra, son innumerables, y nunca se nos ha escuchado quejarnos al respecto. Solo solicitamos respeto de quien servimos, el tratar y ser tratados como verdaderos seres humanos, que se ha ido perdiendo de forma acelerada desde la caída del campo socialista y el inicio del período especial generantes de un espíritu individualista en la población en el que solo importa mi problema o mi problema es el mayor de todos”.

 

Según este galeno en los cuerpos de guardia de urgencias a donde acuden a diario los pacientes con enfermedades de 15 días, meses y hasta años de evolución reclamando estudios sofisticados de urgencia como TAC o Resonancia Magnética, son los que generan conflictos y escándalos en el salón de espera cuando llega la verdadera urgencia, la que reclama la presencia del médico en ese servicio y que a veces tiene que esperar porque se termine de atender un paciente no urgente o que acudió como acompañante de una urgencia, pero ya que estaba en el hospital decidió consultarse un problema que venía presentando desde hace años y no la había hecho hasta el momento, o simplemente decidió pasar a solicitar una receta de complacencia de un medicamento que sacaron en farmacia para completar el botiquín, o decidió ir a atenderse un dolor X de larga evolución a las 2, a las 4 o a las 6 am porque a esa hora no hay tantas personas en espera de ser atendidos como durante el resto del día, porque al fin y al cabo nosotros estamos de guardia 24 h y tienen que atenderle (una verdadera  ofensa), sin contar que después de esa maratónica consulta externa de cuerpo de guardia llega la verdadera urgencia y ya no cuentan con fuerza y/o capacidad de raciocinio adecuada para cumplir con el verdadero objetivo de la guardia: LA URGENCIA. Los profesionales sanitarios en general, "son vulnerables a los efectos de la fatiga, al igual que los turnos laborales prolongados" y "Los niveles de fatiga después de una guardia pueden afectar a la agudeza mental" y por lo tanto al manejo de los pacientes.

 

Esta carta concluye “Ha sido una indicación de nuestro ministerio durante años el eliminar las recetas y estudios de complacencia, con lógica razón pues erogan una gran cantidad de recursos que deben estar disponibles para el que realmente lo requiere, dándole una mayor importancia al método clínico, origen de nuestra ciencia. Lo que no concuerda con esa filosofía es que cuando existe la queja del paciente, que se auto diagnostica, auto medica y cree que lo merece, el sistema flaquea y le da la razón a este último en detrimento del actuar médico, que no para solo en la sanción administrativa sino en la erosión de la vergüenza y reputación de ese galeno que cumple indicaciones lógicas y luego es traicionado por sus dirigentes. Al final ¿qué hacemos?...

 

"Hagamos lo que hagamos seguiremos traicionados, porque somos la especie rara, a atacar y sin derecho a réplica”.

 

***

 

Este es un debate en toda regla por el socialismo, por mantener la salud social como premisa de la subjetivación política. El hombre como el fin. Y lo que sabemos los socialistas es que el fin no justifica los medios más que en la cabeza de los que -al son de la "actualización del modelo"- ya pelean sin muchos miramientos por el cambiazo capitalista en nuestro país.

 

Los médicos tienen derecho a la voz propia, una voz del pueblo, y así lo confirman las próximas entregas...