Cubanálisis  El Think-Tank

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Cuba: el pueblo pierde la virginidad

 

Me llega al buzón un correo del inestimable Centro Criterios. Encierra reverberantes emailes críticos sobre el fenómeno “chupi chupi” en la Isla ¿Se le pone música al socio-liberalismo?

 

Roberto Cobas Avivar, para Kaos en la Red

 

(NOTA: Cubanálisis-El Think-Tank ha respetado las faltas de ortografía del documento original)

 

No es la saga de la llamada “guerrita de los emailes” que protagonizara el gremio intelectual cubano agrupado alrededor de la UNEAC, debate en el cual tuve la oportunidad de participar.

 

Sofocado por la propia UNEAC, aquel debate político pareció estremecer la conciencia crítica de la nación. Pronto se puso en evidencia que la censura del PCC a la intracomunicación horizontal democrática fue lo suficientemente efectiva, como para que el pueblo se enterara de la respuesta autoritaria y la coyunda impuesta a los intelectuales - la protestaría el intelectual cubano Desiderio Navarro, siendo consecuente con la actitud de compromiso crítico con que precisamente insitara el debate originario del gremio –,   sin que se supiera nada acerca del mismo debate, vergonzosamente silenciado a la opinión pública cubana.

 

Ese hecho, el debate espontáneo sobre la corrupción moral del establishment político y la forma en que la burocracia partidista lo conculca, expresaban – así lo analizamos en su momento – lo que sin más remedio el propio Jefe del Partido viene a reconocer en el VI Congreso: “hemos llevado a Cuba al borde del abismo”. La burocracia que representa el Primer Secretario del PCC no es ingenua, nunca lo ha sido en la historia de las burocracias como clases para sí. La cubana sale fortalecida de un Congreso donde no prevalece la autocrítica sobre el carácter contrarrevolucionario que la clase estado-partidista ha venido desempeñando en el Estado (su estado) de la burocracia.

 

El Congreso sanciona los llamados LPES que le adjudican a la burocracia inconstitucionalmente el poder de clase económica en sí misma. La economía seguirá bajo el dominio de la propiedad estatal, y estará gestionada por la tecnocracia estado-partidista con prerrogativas gerenciales propias de la propiedad privada (toda lectura acusiosa del documento no deja dudas razonables al respecto).   

 

A la sociedad se le lanza la piltrafa del cuentapropismo con derecho a explotación de mano de obra asalariada. Entre la ilusión del negocio privado y el enriquecimiento a costa del trabajo ajeno como expectativa de progreso individualizado se desgastará, desviándosele la atención del proceso en marcha de apropiación burocrática de la economía cubana. El capitalismo de estado no toma cuerpo ante las cámaras de televisión. El proceso es reptante e inescrutable para los mortales. Entre ellos, fundamentalmente, la juventud, mantenida en el seudo fervor del patriotismo a ultranza, gracias al impecable monopolio del PCC sobre la comunicación interna y la comunicación de los cubanos con el mundo exterior. Ya hoy la trama de conexiones económico-financieras internacionales de la burocracia cubana elitaria resulta inconmensurable. Muestra incontestable de ello es la corrupción de altos decibeles que toca los propios cimientos de la economía nacional, donde empresas como Cubana de Aviación, el casus vox populi del Cable de Fibra Óptica con Venezuela u otros engendros comerciales privados con alta participación del Patrimonio del Estado, no pueden mantener en cloroformo el mal olor de la putrefacción que las corroe. Así lo cuida y facilita la ausencia de transparencia pública sobre todo el movimiento de las relaciones internacionales económicas “estatales”.

 

El problema de fondo que corroe el «socialismo burocrático de estado» es de índole cultural. Ello significa que sus manifestaciones en el ámbito de la cultura no son más que síntomas de un proceso de devaluación de valores socialistas en la cabeza, desde donde la metástasis se reparte por un organismo social que ha perdido la inocencia de la virginidad.

 

¿A qué viene la doble moral contra un grupo de música reguetón? ¿Porqué se rasga las vestiduras lo que pretende auto asumirse como la alta cultura en el país? ¿Acaso lo determinante no está en la promoción por el PCC y el Estado de una cultura espuria de las relaciones sociales de producción e intercambio bajo las que se reproduce material y espiritualmente la sociedad? ¿No son las relaciones asalariadas de trabajo una forma crítica de prostitución del trabajo?

 

Si se toma el propio gremio creador-intelectual agrupado en la UNEAC, se conoce, por las voces críticas de muchos de sus propios representantes, que el PCC mantiene la filiación y la lealtad gracias a la primacía del valor de cambio no de la obra, si no de las relaciones de sus autores con el mando de la organización. ¿Porqué se alza moralizante la voz del gremio contra el valor de cambio que lucha para sí la “subcultura del reguetón”? No se ha visto una inquietud semejante contra la censura y represión que el PCC y el Estado blanden contra el espacio que luchan actores como los Aldeanos o Silvito el Libre. Al PCC le suenan mal las malas palabras del hip hop, pero no del todo el slang bajobarriero del reguetón.

 

Al “fenómeno chupi chupi” [1] se contrapone la línea melosa de géneros como Buena Fé por estar dentro de lo políticamente correcto. Sale el dúo a “existosas” giras por los EEUU, donde dialogan con el público desde todas las estaciones televisivas que atacan a Cuba y no pasa nada. El Grupo de Osmani García sale en promoción de la Cuba turística -ese valor de cambio más para el dólar o el euro, que valor de uso para el peso- y se desencadenan los truenos de un gremio que ha dejado de ser revolucionario, en ese sentido de la organicidad intelectual a que nos convoca Gramsci desde el más lúcido de los análisis marxianos sobre el significado de la batalla de ideas por el socialismo.

 

El teledisco “Chupi Chupi” está bien logrado con la factura audiovisual con que se compite fuera de las costas de la Isla, si de la subcultura de masas se trata. Esa que realmente modela y domina los gustos de la masa juvenil adiestrada en el arte de tragar sin masticar por el corporativismo mediático capitalista mundial. La Cuba profunda esta echa de eso y de mucho más. La crítica a la promoción de ese hecho cultural no puede asumirse desde la miopía de la “forma”, sino buscando la “cosa”.

 

El debate sustitutivo sobre la forma se va por las ramas de la hipocresía estética y moral. Que si el mensaje toma a la mujer como símbolo de la carne, que si la vulgaridad y la obscenidad del vocabulario hiere los oídos. Al mismo tiempo se obvia – porque no sirve a la crítica moralista – el logrado contrapunteo musical entre segmentos de la música discotequera (al pun pun de los latidos del corazón) con momentos instrumentalizados de buen son, una mezcla que enriquece la propuesta musicalmente plana que cultiva el vilipendiado género.   En mucho, como para pasarle ligeramente por arriba, la apropiación legítima de una otra forma de identificación social.  

 

Contra el interés que esa “expresión socio-musical” puede despertar en la juventud, esa misma que también asistió entre ávida por sentir e instruida para combatir, al concierto de Juanes, no valen los seudo discursos utilitaristas del establishment político-intelectual.

 

Más allá de todo ello, lo que está haciendo el PCC y el Estado es desarrollar la televisión comercial bajo el manto de la televisión estatal. La burocracia del ICRT - a la que calcinaran algunas voces en el VII Congreso de la UNEAC, sin que se le cayera un pelo de la cabeza ni al Jefe del Partido presente en el evento ni a la cabeza que dirige el organismo – se acopla a las exigencias de los LPES y avanza sobre la comercialización del gusto. Ese público luego votará con manos y pies por la comercialización del medio. Y el designio de la democracia de la mano de la burocracia se hará realidad.

 

La Dirigencia del PCC ha logrado que el pueblo de Cuba no crea públicamente en lo que logra leer fuera del índice que le sirve el Estado. Habiendo invertido cuantiosos recursos en la educación escolar del pueblo, se le ha adoctrinado en el escolasticismo del pensamiento, hasta el punto de convertir a cada nueva generación en analfabetos funcionales, si del conocimiento político se trata. Es decir, esa capacidad de asumir el criticismo implacable sobre las formas de enajenación ideológica con que el pensamiento único del PCC impide se distinga el carácter dialéctico de la oposición entre liberación negativa -la insurrección armada de 1953/1959- y liberación positiva: la transición socioeconómica y política socialista. El verdadero desafío cultural.

 

En 2005 el Líder de la Revolución le preguntaba a los estudiantes universitarios, si creían que la Revolución podía ser reversible. El patrioterismo inducido por el mismo Líder llevaba a los universitarios a cuestionar el planteamiento. Para luego quedar consternados con la declaración del Líder, acerca de que sí, que la Revolución la pueden destruir precisamente los cubanos que la defienden.

 

Hace varios días los estudiantes universitarios de la Habana reciben una llamada telefónica del Líder y como por el canto de sirenas quedan hipnotizados, y sólo atinan a desbordarse en elogios sobre el carisma Líder. Del ámbito público desapareció Eliades, aquel estudiante universitario que se atreviera a hacer varias preguntas de compleja sencillez crítica pero fuera de guión, en esencia: ¿porqué el socialismo cubano es improductivo?. La pregunta iba dirigida al Presidente de la ANPP (R. Alarcón), a quien no le bastó la convicción para responder con coherencia y conocimiento de causas. La Juventud Comunista de la UCI se vió en el deber de tomar “posición revolucionaria” con respecto al hecho, aún cuando el PCC, dueño de los medios de comunicación que paga con su trabajo el pueblo, no pusiera en la televisión cubana el fugaz intercambio entre el estudiante y el político de la Generación Histórica ni diera seguimiento al debate revolucionario.

 

Y ese mismo Dirigente, le declara al mundo poco tiempo después desde Beijin que Cuba estaba lista para asimilar y desarrollar la experiencia de la transición china hacia el capitalismo. Y esa misma televisión que hoy promueve el reguetón, cual “desmedida, desatinada e irresponsable filosofía que se sigue en los medios masivos de comunicación cubanos para contaminar a nuestro pueblo con bodrios” – extraído de los emalies (subrayado RCA), no publica ni somete a criterio del pueblo la desmedida, desatinada e irresponsable filosofía que se sigue desde el PCC en las voces de su Dirigencia histórica concibiendo e implantando la “actualización del modelo cubano”. 

 

Y así, como si fuéramos un pueblo de ovejas, se nos conmina (leáse: compulsa) no a leer, sino a creer en el pensamiento único, cual esa fe religiosa que ahora también toma espacios políticos de la mano de la Iglesia Católica.  

 

Sin embargo, la tierra se mueve. Bajo las convulsiones por la crisis sistémica del capitalismo. El cambio de época que marca el fin del paradigma capitalista tiene lugar ante nuestros ojos. En la meca del estado de bienestar social, la UE, el malestar de crecientes conscienzados por la moderna esclavitud amenaza la gobernabilidad del capital. Al capitalismo corporativo le crece una multitud de formas de socialización de la propiedad y las relaciones de producción.   En América Latina hierven los escenarios políticos, donde los pueblos luchan por la subjetivación política y económica. Al ejemplo a seguir, China, le crecen a la par del insostenible crecimiento económico, los multimillonarios y la desigualdad social. El PCC - como en un eterno desface de época – lucha como gato bocarriba en casa propia contra la emancipación de lo que, habría de suponer, es su propia sociedad. La propaganda del éxito alrededor del controvertido indicador del nivel de desarrollo humano (IHD – 5to lugar en A.L. y 51 en el mundo) se alza como escudo de un organismo socioeconómico estructural y políticamente enfermo.    A cambio de lo que el Estado reparte, se exige el silencio de las ovejas sobre el socio-liberalismo en marcha.  El recurso del método se repite.

 

Al compás de las “oportunidades” del reformismo economista de Raúl Castro, el pueblo recuerda el estribillo de aquella canción del sonero venezolano, hecha hit por los medios en Cuba luego de su visita a la Isla, y censurada por esos mismos medios luego de las declaraciones defensivas del intérprete en Miami, Oscar de León: “sálvate tú, y déjame a mí, que yo me defiendo como pueda”.

 

¿Quién había dicho que luego de la revolución social del pueblo, la transición capitalista no era el camino más corto hacia el socialismo?