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Cuba: ¿doble moral ante el sacudimiento en África del Norte?

 

La notoria ambigüedad del Líder de la Revolución cubana ante los acontecimientos de Libia, explica con creces el rumbo anti socialista del PC cubano en Cuba.

 

Roberto Cobas Avivar, en Kaos en la Red

 

No se pronuncia el Estado cubano a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, tal como se ha practicado en el juego de la diplomacia políticamente correcta ante otros «inaceptables» acontecimientos en el mundo.

 

No se pronuncia el PC cubano, asumiendo lo que sería la posición de principios independiente como organización política soberana, identificada con el antimperialismo y la lucha de los pueblos por su emancipación. No lo puede hacer, porque en tal sentido no existe soberanía política en el PC cubano.

 

Se pronuncia el Líder de la Revolución, cuya voz, más allá de su personalismo reflexivo, representa la línea política de Cuba y del PC cubano. Su pronunciamiento condiciona el pensamiento y la posición del PC. Y la cadena de subordinación política autoritaria le envía un mensaje al pueblo: nadie tiene derecho a pronunciarse con convicción e independencia revolucionaria sobre los acontecimientos en Libia. Brillan por su ausencia, en consecuencia, declaraciones de solidaridad con el pueblo libio de la Central de Trabajadores de Cuba y de cuantas otras organizaciones sociales existen en la Isla.

 

El Líder de la Revolución cubana insiste ante los intelectuales que le escuchan en la XX Feria del Libro de la Habana en su tesis de que los alzamientos populares se dan por un pedazo de pan. Ante lo inconsistente del planteamiento, reconoce que cuando a ello se suman las faltas de libertades de regímenes políticos dictatoriales es que se obtiene la mezcla explosiva.

 

Para hacer verosímil la contradicción de su pensamiento político, enturbia el planteamiento trayendo a colación nada menos que el ejemplo de los EEUU. Explica que allí apenas vota un 30% de los votantes y no somos testigos, sugiere, de sublevaciones similares, a pesar de que la democracia esté cuestionada. El carácter político eminentemente represivo del estado capitalista de los EEUU, su régimen de coacción económica y el embrutecedor sistema de propaganda ideológica de los consorcios de la información no cuentan en el adocenamiento de la sociedad norteamericana. ¿No será hoy mismo Wisconsin una embrionaria manifestación de los tiempos que vendrán en el país de la abundancia?

 

Con semejante reduccionismo analítico el Líder de la Revolución cubana entiende que la democracia representativa del parlamentarismo burgués es capaz de sostener el orden institucional, siempre y cuando el modo de producción asegure la cantidad “suficiente” de panes y peces para los ciudadanos. El control autoritario de la sociedad vendría a ser, en cambio, un instrumento de gobierno adecuado para el aseguramiento del estatus quo del estado, no importa la naturaleza política del mismo.

 

Libia es el país de mayor renta percápita de toda África. Sus recursos petroleros garantizan los ingresos que determinan dicha estadística. La desproporción en los ingresos reales en la población del enclave urbano de Trípolis y la pobreza en que subsiste la región este del país no se justifican a partir de la renta nacional.

 

¿Qué es lo que puede determinar la desigualdad socio-material imperante en Libia, como no sea la ausencia de democracia?

 

El Líder de la Revolución, en un ejercicio político anti marxiano, intenta convencer a su auditorio local e internacional – insistiendo en ello en sus Reflexiónes (24.02.2011)[1] – que un régimen dictatorial como el libio, que lucra con la riqueza nacional[2], puede legitimar la concentración anti democrática del poder, mientras sea capaz de mantener la gobernabilidad bajo el eufemismo de “paz social”. En el momento en que dicha gobernabilidad implosiona, habrá que buscar las causas en la pobreza y la precariedad, y no en el régimen político que ha llevado a ello. Hablamos de un régimen de gobierno entronizado invariablemente durante 40 años; un tiempo sensatamente suficiente como para que el equilibrio del desarrollo socioeconómico de la sociedad fuera una carta de presentación no sólo en el mundo árabe.

 

¿Por que razón para aliviar su pobreza y su precariedad el pueblo libio tendría que estallar en una revuelta subversiva contra el Gobierno, si no identificara en el régimen de gobierno la causa de su estado socio-material? ¿Es que acaso habrían de dedicarse a romper los aperos de labranza como en el siglo XIX los ingleses las máquinas de vapor, viendo en ello la causa de su desgracia?

 

En Libia el demonio, como Aladino, se ha salido de su cautela para de una sola sacudida demostrar la relación inversamente proporcional entre democracia y autocracia.

 

El Líder de la Revolución cubana desvía la atención de las esencias del problema al hablar de probable guerra civil en Libia. La «forma» puede confundir al analista político inexperto, ¿pero la «cosa» – como filosóficamente denomina Marx la sustancia del problema - puede pasar inadvertida a un político y revolucionario de experiencia e historia política como Fidel Castro Ruz?

 

¿Puede extrañar que se esté dando en Libia una lucha intestina por el poder en las elites de gobierno cuando el régimen de poder no es democrático? Es decir, cuando no es el pueblo el sujeto de poder. ¿Puede extrañar que en vez de tener a su favor en el antimperialismo al pueblo, el Gobierno de al-Gaddafi tenga a amplios sectores populares en su propia contra?

 

¿De qué habría de servir el imperativo de un régimen de poder estado-centrista, asumido así en aras de la consolidación de un poder revolucionario, si la siembra de la democracia no fuera el fin que justificara ese medio? ¿Cuántos decenios más habría que esperar, en todo caso, para que el beneficio de la duda al régimen de poder estadocrático fuera reconocido por el único soberano posible, si de democracia se trata?

 

¿Puede ser aceptable la justificación que el auto asumido Soberano Muammar al-Gaddafi hace de la represión sangrienta contra los libios sublevados, acudiendo a la masacre del PC chino en la Plaza Tiananmen? ¿Puede ser contrastable la masacre que yanquis, europeos y sionistas se permiten en Faluya? ¿Dónde está el sistema de valores éticos y morales que la supuesta Revolución Verde había de encarnar?

 

¿Puede extrañar que en todo ese río revuelto los EEUU y la EU quieran sacar la ventaja del histórico oportunista pescador? ¿Por que habrían los halcones de comportarse de otra manera? ¿Por qué la OTAN habría de desaprovechar la oportunidad que le brinda un régimen anti democrático - petrolero o no - para lavar en sangre si le fuera necesario sus intereses económicos geopolíticos? ¿Puede extrañar la “danza de cinismo”? Muerto el Rey, que viva el Rey; murmuran en los pasillos del Pentágono y en las oficinas de Bruselas desde el comienzo de la intifada tunesina.

 

Más allá del sentido retórico de las constataciones sobre el contexto imperialista bajo el que se ha debatido el mundo árabe pos 1945, no es que la represión sangrienta en Libia, venga de las fuerzas que venga, sea un hecho lamentable, como se limita a “evaluar” Fidel Castro Ruz. Esa represión sangrienta es la lógica consecuencia de un régimen de gobierno anti democrático bajo el instinto de conservación amenazado. No existen medias tintas que valgan en la apreciación política del problema de fondo.

 

No era un régimen dictatorial a imagen y semejanza del libio, el polaco del "socialismo real" que, bajo la dirección del llamado Partido Obrero Unificado Polaco - de facto partido único de gobierno - se permitió, sin embargo, las masacres sangrientas de ciudadanos polacos en protesta y huelgas pacíficas en 1956 y 1970. No lo eran tampoco en ese sentido los regímenes del "socialismo real" que protagonizaron las «pacificaciones» de Checoslovaquia y de Hungría de la mano de las esteras de los tanques del Pacto de Varsovia.

 

La democracia en los sistemas del “socialismo real” sufría de leucemia. No llegaban a ser regímenes lo suficientemente capitalistas como para subsistir en ausencia de democracia, ni eran sus “socialismos” la encarnación de la democracia para que, como socialismo, pudieran hacerse sostenibles y prosperar en tanto formaciones socioeconómicas y culturales de nuevo tipo.

 

No es certera políticamente ni honesta intelectualmente la idea de Fidel Castro R., acerca de que los sacudimientos en África del Norte responden en primer lugar a los estados de pobreza y precariedad alimentaria. No es responsable ante los procesos revolucionarios que subvierten el orden capitalista en América Latina, ahora ante los propios pueblos árabes, y ante el proceso de enajenación del rumbo socialista que tiene lugar en Cuba, poner en un segundo plano el factor de la emancipación del ser-social en tanto ser humano.

 

En ese sentido no es admisible ni ética ni políticamente la afirmación del Líder de la Revolución, en la que advierte que: “El mundo arábigo, de cultura y creencia musulmana, se ha visto humillado adicionalmente por la imposición a sangre y fuego de un Estado que no fue capaz de cumplir las obligaciones elementales que le dieron origen”[3] (subrayado RCA). Lo que con toda seguridad sí está en juego en Libia y África del Norte, es el empoderamiento de los africanos o la continuación de la servidumbre de las manos de gobernantes propios y/o viejos poderes imperiales.

 

La interpretación manipulada de una realidad de complejidad mucho mayor que dicho reduccionismo, no se explica sin advertir las contradicciones políticas que cultiva el PC cubano hacia el interior del sistema sociopolítico y económico cubano.

 

Durante 50 años de ejercicio de poder político, el PC jalona un régimen de gobierno anti democrático. La democracia no ha sido concebida como real empoderamiento económico y político del pueblo. Eso es precisamente lo que vienen a confirmar los “Lineamientos de Política Económica y Social” (LPES) con que el PC cubano pretende “curar” la mediatización del sistema de democracia que justo hace colapsar el modelo socioeconómico establecido.

 

Cincuenta años de gobierno estadocrático niegan sin apelación la idea revolucionaria emancipadora encarnada en el concepto marxiano que habría de transformar, como en una metamorfosis, el modo de producción capitalista para que las nuevas relaciones sociales de producción e intercambio se abriesen camino.

 

Hablo de la formación de una sociedad, cuya reproducción cultural se dé bajo la asociación de productores libremente asociados. Donde la libertad de asociación adquiere sentido emancipador al regirse por el principio socialista marxiano de la no explotación del prójimo.

 

La explotación del prójimo no se elimina bajo el principio burgués del trabajo asalariado por bien remunerado que aparente estar. El salario ha sido, es y será el instrumento que permite sustraerle al trabajador arbitrariamente una parte consustancial del valor de su trabajo.

 

La democracia, si socialista, se define en el momento en que, por lo tanto, el trabajador decide directa, soberana y solidariamente sobre la utilización socio-comunitaria de esa parte que el sujeto-propietario le estará sustrayendo ilegítimamente.

 

Si la liberación negativa (liberarse “de”) elimina la necesidad de tener que pedir permiso para vivir al sujeto que nos compra la fuerza de trabajo, la libertad positiva (liberarse “en pos”) se da sólo y solamente si eliminamos la necesidad de explotar el trabajo ajeno para reproducirnos como seres humanos y sociedad.

 

En el “marco” de dicha concepción, la democracia blinda y potencia el «demo» en detrimento estructural y orgánico de la «cracia». El marco se torna ilimitado en cuanto a las formas de organización de las fuerzas productivas. La libertad de asociación productiva así condicionada se convierte en factor de cohesión social. Por cuanto el pacto social sobre la no explotación del trabajo de los congéneres, bajo ningún pretexto economicista, condiciona económica y políticamente la solidaridad social. Las fuerzas productivas se desarrollan en el libre albedrío del trabajo. El mercado se libera como el espacio socioeconómico de intercambio de trabajo. La institucionalidad del estado se construye sobre la base de un estado de riguroso derecho y de derechos sociopolíticos ciudadanos inalienables. La soberanía ciudadana se instituye como la primera premisa legítima y garante por excelencia en última instancia de la soberanía nacional.

 

La democracia bajo el contenido socialista apuntado es cuestión de ser o ser de la nación cubana. De ello depende la eficiencia y la sustentabilidad del sistema económico que necesita ser modelado. De ello depende la viabilidad del sistema social. De ello depende la cohesión política de la nación.

 

La revuelta del pueblo cubano seguirá latente mientras no se establezca el “marco” de la democracia emancipadora. Si lo que el PC cubano persigue es - de acuerdo a la lógica política que defiende el Líder de la Revolución – multiplicar el pan y los peces para mantener “la paz social” bajo el gobierno de la estadocracia, Túnez, Egipto y Libia permanecerán como el espejo ante el que más temprano que tarde se tendrá que mirar.

 

Si el prof. de economía cubano Juan Triana Cordoví admite - en la llevada y traída conferencia “interna” sobre la condición de la economía cubana[4] - la posibilidad de los tanques en la calles de Cuba, ante las consecuencias sociales del pronunciado deterioro material y social de la vida de los cubanos; ¿saldrán los tanques si al remedo economista de los LPES se suma la acumulación de contradicciones que cercenan la emancipación socio-económica y política de los cubanos?.

 

Si el socialismo permanece como un reto histórico mundial, si muy especialmente lo es para el pueblo cubano; lo que con toda seguridad sabemos es cómo no se hace el socialismo. No se hace ni se hará como el PC cubano defiende desde la imposición doctrinaria del pensamiento único y del dictad político con que se ha enajenado el sistema de partido-único.

 

El ideario socialista alternativo ha sido puesto a debate. “Repetir ahora que la sociedad cubana es huérfana de conocimiento, pensamiento, e ideas sobre el rumbo de la transición socialista constituye un acto de interesada contrarrevolución. Insistir en la imposición de los LPES del PC al pueblo cubano sin dar a conocer públicamente en el país la plataforma SDP-PD, constituye una clara declaración política contra el socialismo en Cuba”[5].

 

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[1] Fidel Castro R., “Danza macabra de cinismo”, ver: http://www.kaosenlared.net/ noticia/danza-macabra-de-cinismo-2

 

[2] El intelectual Santiago Alba Rico, identificado con el régimen de Gobierno cubano, desliza una crítica elíptica a la posición política que defiende Fidel Castro R. No obstante ello, proporciona en su artículo “¿Qué pasa en Libia?, del mundo árabe a América Latina” (Rebelión), algunas informaciones al respecto del lucro del gobierno de Kadafi con la riqueza nacional (http://www.kaosenlared.net/noticia/danza-macabra-de-cinismo-2). Para los interesados en el examen de fondo de la cuestión, abundan en la red en estos momentos análisis ampliamente documentados sobre la cuestión.