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Cuba: amnistía política general, y no mercantilismo político

 

La amnistía política general constituye la expresión cabal de soberanía nacional de Cuba

 

Roberto Cobas Avivar

 

La Revolución cubana ha sido de principios revolucionarios emancipatorios, no de utilitarismos políticos. Negociar la libertad de ciudadanos cubanos condenados por causas políticas pertenece al juego y la lógica del mercantilismo burgués. Es lo que han demostrado los 5 cubanos presos sin apego a derecho en cárceles estadounidenses. Pudieron haber aceptado “compromisos” mercantilistas con las cortes de justicia de los EEUU y sencillamente no han cedido.

 

Los presos por causas políticas en Cuba, condenados con arreglo a la legislación cubana que defiende la soberanía nacional de Cuba contra la injerencia de estados extranjeros, como han sido la política oficial de los EEUU y la política neocolonial del Reino de España, son convertidos en «mercancía política» cuando se liberan a cambio de entendimientos con los estados que agreden al pueblo de Cuba.

 

Los EEUU han creado en Cuba la oposición ideológica pro-norteamericana que necesitan para llevar a buen puerto sus intereses de largo alcance contra la nación cubana. Lo han hecho en base a legislaciones propias injerencistas. Declarando abiertamente y financiando copiosamente las personas y los grupos opositores que se han plegado al servilismo del agresor.

 

Pero  logran sus fines  aprovechando el caldo de cultivo de las contradicciones sociopolíticas que minan y mantienen el proyecto socioeconómico y político cubano en una crisis estructural determinante para la suerte de la nación cubana.

 

Esa crisis responde en esencia a la inviabilidad interna del modo de producción cubano actual (sus relaciones sociales) y el sistema de participación política. La crisis estructural de la modelación de economía estado-centrista y sistema de dirección económica y política osificadamente burocrático acumula contradicciones irresueltas, cuya responsabilidad cabe única y exclusivamente al Partido-gobierno cubano. Es decir, responsabilidad de un orden de relaciones sociopolíticas que amputa la soberanía interna de la sociedad cubana. Esa es la contradicción política de fondo que expresa la decisión de negociar con estados extranjeros la liberación de ciudadanos cubanos condenados por la República de Cuba.

 

No existe Estado de Derecho ni soberanía política interna cuando se opta por desconocer al único soberano, el pueblo de Cuba, en nombre del cual la República condena a conciudadanos por causas políticas. Los presos por tales causas, o han sido juzgados justamente con arreglo a derecho soberano – reconocido en el derecho internacional – y en tal caso cumplen sus condenadas y quedan bajo las consideraciones de libertad condicionada, según las estipulaciones del código penal establecido; o sus causas se reconsideran políticamente de acuerdo al derecho soberano del Estado y la sociedad cubana para hacerlo.

 

La negociación de la libertad de los condenados por causas políticas con terceros, mediadores políticos, responde a la consideración política de las causas juzgadas. Por lo tanto, el diálogo mediador legítimo en problemas políticos internos es con el único interlocutor soberano: el pueblo de Cuba.

 

¿Cuál es la significación política trascendental del problema para Cuba?

 

La negociación de la libertad de condenados por causas políticas con terceros deja planteado el cuestionamiento de la soberanía nacional de Cuba. Justamente lo que se ha pretendido defender con el juzgamiento de los procesados y condenados en la causa de «los 75».

 

El proceder del Partido-gobierno cubano se enmarca, tal como lo expresan las contradicciones políticas internas, en el desconocimiento que la soberanía nacional constituye - ha de constituir para Cuba - la proyección de la soberanía interna del pueblo cubano. Esa es la cualidad de principios que estará diferenciando el sistema sociopolítico cubano de los sistemas sociopolíticos capitalistas con respecto a los cuales intenta desarrollarse como alternativa política.

 

La decisión tomada (7 julio 2010) de liberar a todos los condenados por la causa de «los 75», mediante la negociación de las condiciones de la liberación con terceros - distinguiendo como actor político a una de las representaciones religiosas con intereses particulares seculares dentro del estado laico cubano    (la Iglesia católica)[1], e incluyendo el Gobierno del Reino de España -, reduce el principio de soberanía nacional al utilitarismo político, y viene a declarar el costo político que el Partido-gobierno cubano está dispuesto a asumir en aras de defender la doctrina del “real socialismo” que sume a la nación cubana en la crisis estructural más corrosiva que conoce la historia del proceso sociopolítico poscapitalista.

 

El pueblo cubano permanece de espaldas a la dimensión de la crisis por la que atraviesa el estado-nación. El sociólogo cubano Juan Valdés Paz la llega a reconocer como una crisis de identidad nacional. «Cuba – advierte – puede decirse que hoy está en una encrucijada similar a la que experimentábamos en 1902». El destacado joven jurista y politólogo cubano Julio César Guanche, lo explica expresando estar consciente de que los cambios estructurales que demanda la crisis socioeconómica sistémica exigen de una revolución para expropiar a la burocracia cubana apoderada. Suscintos y equilibrados análisis de especialistas cubanos como O. Everlyne, P.Vidal, A. Nova Glez., entre otros, muestran, sin que la opinión pública conozca los mismos y debata sobre ellos, que la economía cubana colapsa real y virtualmente. Este y otros autores cubanos hemos presentado análisis que no se han quedado en semejantes evaluaciones, sino que intentan además proyecciones socialistas. Ameritará exponer estudios integradores que expresen el calado de la crisis estructural del sistema socioeconómico cubano y arrojen luz sobre el callejón sin aparente salida.

 

La sociedad cubana necesita ser incorporada a un debate nacional que responsabilice a todos sin excepción. Un debate democrático sobre el socialismo en Cuba. Sobre los derroteros de la transición socialista. Es decir, sobre cómo cuestionar radical y definitivamente la modelación cubana de “socialismo real” que ha comprometido la suerte y el futuro de la nación cubana.

 

En consecuencia, no se trata de escaramuzas políticas de frente a la llamada comunidad internacional en busca de una paz interna para hoy que, en esencia,  no ataca la génesis del profundo conflicto socioeconómico y político sembrado en la sociedad y el estado cubano. La sociedad cubana necesita ser empoderada como sujeto político determinante. Cuba necesita el reposicionamiento del abordaje de sus problemas internos.

 

Los ciudadanos cubanos condenados por causas políticas, en cuyo hecho carga con una gran responsabilidad la injerencia de los EEUU en los asuntos internos de Cuba, necesitan ser incoporados en plenitud de derechos al proceso de reflexión, análisis y debate nacional que necesita Cuba en busca de soluciones “con todos y para el bien de todos”. La oposición ideológica al socialismo no-mercenaria, la oposición ideológica interna que se auto reconoce en el sentir independentista del pueblo cubano, que se reconoce en el anti-anexionismo, que se auto reconoce soberana, necesita y ha de tener espacio político en el proceso de transformación poscapitalista por el que ha optado la mayoría de la sociedad cubana. La negociación de la libertad de los presos por causas políticas es políticamente espuria porque desconoce ese derecho que la sociedad cubana, que el pueblo puede reconocerle a dichos encausados.

 

Desde la perspectiva de los intereses genuinos de la nación cubana, asociados a la suerte del proyecto socialista de la Revolución:

 

La amnistía política general, no se reduce a un gesto de voluntad política a favor de ciudadanos condenados según el orden jurídico cubano. Es el reconocimiento abierto y principista al pueblo cubano como soberano, el único legítimo sujeto de diálogo en problemas nacionales.

 

La amnistía política general es el reconocimiento de la soberanía interna que expresa la voluntad política de inclusión ciudadana. Es el reconocimiento del principio de Estado de Derecho cubano, ante el cual los ciudadanos asumen derechos y deberes.

 

La amnistía política general es la proyección política del Estado y la Sociedad que plantea un nuevo punto de partida en el relacionamiento sociopolítico interno. La voluntad de consensuar los caminos de la transición socialista en Cuba. Expresa la voluntad de Cuba de liberarse del «síndrome de plaza sitiada» con el que se le ha hecho el juego a la política injerencista y anticubana de los EEUU.

 

La amnistía política general sienta el precedente democrático de la consulta al pueblo cubano en todo lo trascendente que le concierne como sociedad y nación.

 

La amnistía política general, siendo expresión de soberanía interna, libera a Cuba de todo compromiso de agradecimiento a estados e intereses contrarios al Proyecto Socialista de la Revolución cubana.

 

La amnistía política general constituye la expresión cabal de soberanía nacional de Cuba.

 

La amnistía política general es, por lo tanto, el reconocimiento de la necesidad del cambio profundo que exigen las relaciones sociopolíticas internas. Es, en consecuencia, el reconocimiento de que el proyecto socialista cubano para hacerse viable necesita un cambio radical del concepto de participación democrática. Que la viabilidad de la transición socialista podrá ser posible, por objetiva, sí y sólo si la cultura del debate de ideas adquiere derecho de ciudadanía.

 

Demostrar que las corrientes de pensamiento e intereses internos (y externos) que abogan por la restauración capitalista en Cuba carecen de futuro porque significa sumergir a la nación en la prehistoria de la humanidad, no se consigue desde la doctrina de la estadocracia como forma de gobierno y orden político.

 

La amnistía política general constituye la expresión de una voluntad de principios inequívoca hacia la democracia socialista en Cuba. Principios democráticos sin los cuales no se podrá aspirar a encarrilar el proyecto socialista en una trayectoria de viabilidad socioeconómica y política.

 

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[1] “Las delimitaciones fronterizas no siempre son sencillas y la Iglesia reconoce que lo suyo se hace presente, por uno u otro costado, en casi todos los ámbitos y espacios”. Mons. Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal. En: Panel sobre la necesidad de diálogo o no en la situación actual cubana. X Semana Social Católica en Cuba (La Habana, junio 2010). Revista Laical. Cuba.