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Contra el supuesto derecho de mentir

 

Con la inclusión de Cuba en una supuesta relación de 14 países auspiciadores del terrorismo, el gobierno de EE.UU. ha proclamado universalmente su derecho de mentir.

 

Roberto Pérez Betancourt, Kaos en la Red

 

Con la inclusión de Cuba en una supuesta relación de 14 países auspiciadores del terrorismo, el actual gobierno de Estados Unidos ha proclamado universalmente su derecho de mentir, con la misma frialdad con la que el Tribunal federal de Apelaciones de Washington afirma olímpicamente que “el Presidente estadounidense está por encima del Derecho Internacional”.

 

Pareciera que el mundo ha retrocedido a tiempos medievales y un nuevo orden inquisitorial se arroga la facultad omnímoda de discernir sobre el bien o el mal, más allá de toda lógica, de cualquier evidencia, por encima de la ética elemental, saltando todas las barreras de la moral y de la decena pública, como si los seres humanos que escuchan los dictámenes fueran estúpidos incapaces de razonar por sí mismos.

 

Es esta una interpretación derivada de los actos que se han sucedido: El gobierno norteamericano, sin avenirse a ninguna formalidad del derecho internacional, decide quién es bueno y quién es malo; quién patrocina actos terroristas y quién debe ser beatificado, y así baja y sube pulgares imperiales para condenar o absolver al que le venga en ganas, así de simple, y de horripilante a la vez.

 

Para quienes conocen que el territorio estadounidense, en especial el sur floridano, es santuario para terroristas connotados, de expedientes abundantes y conocidos por las autoridades de ese país, la flamante lista proclamada por la Administración de Barack Obama es un insulto total a la inteligencia.

 

¿Dónde están los fundamentos que supuestamente deben sustentar a la publicitada inclusión de Cuba en esa lista espuria? ¿Cuáles son los hechos verídicos que pueden atribuirse a la nación cubana para tamaña calumnia?

 

Simplemente no existen. Se inventan con la mala intención de seguir dañando a la nación que 51 años atrás proclamó su decisión de no seguir dejándose avasallar , enarboló su independencia total de cualquier señor imperial y se dispuso a pagar el precio de la dignidad.

 

Es por eso que en estos días oleadas de cubanos alzan sus voces en todos los puntos de la geografía nacional para protestar airadamente la ofensa pública que implícitamente los nombra ciudadanos de una nación terrorista, obviamente con las implicaciones políticas y prácticas que tal arbitrariedad conlleva en el plano internacional.

 

Terrorismo verdadero es la práctica genocida de bloquear a la nación cubana, con carácter extraterritorial, en los ámbitos económico, comercial y financiero, situación mantenida por 10 administraciones estadounidenses con intención de estrangular a los cubanos.

 

Verdaderamente incurre en terrorismo la nación que continúa amparando en su territorio a probados delincuentes, autores de crímenes horrendos, como Luís Posada Carriles y Orlando Bosh Ávila, actores intelectuales de la explosión de un avión y la muerte de 73 seres humanos, y a la vez ese gobierno reitera una vocación antiterrorista que a diario desmiente.

 

La traducción de esto es cinismo puro.

 

Es cínico el gobierno que llegó al poder dando a entender que cambiaría el historial sangriento dejado por el ex inquilino de la Casa Blanca, y en vez de acabar las guerras de agresión se empeña en seguir enviando a jóvenes norteamericanos a matar y a morir en Afganistán e Iraq.

 

Multiplica ese cinismo la Administración de Obama cuando mantiene en prisión a Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González, cinco verdaderos luchadores antiterroristas, cuyas valerosas acciones condujeron a que el gobierno de ese propio país conociera actos criminales que se fraguaban en su territorio.

 

Para comprender mejor la madeja de intencionalidades cínicas, también ayuda asomarse a la actualidad estadounidense para enterarnos que “el Presidente de esa nación está por encima del Derecho Internacional”, según acaba de dictaminar el poderoso Tribunal federal de Apelaciones de Washington.

 

El fallo de 25 páginas confiere autoridad suprema al mandatario de EE.UU. para detener en la cárcel que mantienen en la ilegal base de Guantánamo -ocupada a Cuba- a los "no-ciudadanos" que el gobierno estima son sospechosos de haber cometido actos de terrorismo.

 

Nos enteramos, además, que la redacción del citado texto corresponde a la jueza Janice Rogers Brown, apoyada por el juez Brett M. Kavanaugh, ambos nombrados por el cínico anterior, el ex presidente George W. Bush.

 

Cinismo es sustantivo que en idioma español expresa desvergüenza en defender o practicar acciones o doctrinas con intención de causar deshonor a otros, es descaro en el mentir, grosería y obscenidad.

 

El actual gobierno de Estados Unidos, para frustración de quienes confiaron en el slogan de cambio de su presidente Barack Obama, ha abierto el año 2010 incurriendo en un acto de cinismo al cuadrado, es decir, cinismo por cinismo, cuando olímpicamente incluye a Cuba en una arbitraria lista negra de naciones auspiciadoras del terrorismo.

 

No es para echarse a reír, aunque mueva a hilaridad este descaro a pulso.

 

¿Y no temen los funcionarios, servidores del poder hegemónico, que el cinismo oficial se convierta en bumerang?

 

Es obvio que, inspirados en viejas experiencias heredadas, los tanques pensantes del supuesto “cambio” confían en que la propaganda repetidamente orquestada por los grandes medios de difusión al servicio de los que pagan, seguirá multiplicando las falsedades en su maquinaria de producir cinismo digerible por multitudes de votantes.

 

Sin embargo, a pesar de los monopolios mediáticos de la desinformación, a veces se filtran voces cuerdas, como la de Eugene Robinson, columnista del Washington Post, cuando niega absolutamente el calificativo de terrorista endilgado a Cuba y afirma que en este país subsiste una de las sociedades más duramente bloqueadas del mundo.

 

En este contexto, el pueblo cubano se convocó a sí mismo en mítines obreros, estudiantiles, campesinos, populares, para rechazar, una vez más, el cinismo de Washington.

 

La declaración oficial de Cuba el siete de enero, a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, fue amplia, documentada y precisa en sus conclusiones:

 

“El gobierno cubano, con toda su moral y dignidad, condena la inclusión arbitraria de Cuba en la lista de 14 países cuyos ciudadanos serán sometidos a nuevas medidas restrictivas por decisión del Gobierno de los Estados Unidos.

 

“El gobierno cubano demanda también la inmediata exclusión de Cuba de la lista de "Estados patrocinadores del terrorismo internacional", por constituir una designación injusta, arbitraria y políticamente motivada, que contradice la conducta ejemplar de nuestro país en el enfrentamiento al terrorismo y pone en tela de juicio la seriedad de los Estados Unidos en la lucha contra este flagelo.

 

“Asimismo, insta al gobierno de los Estados Unidos a que, como expresión de compromiso con la lucha antiterrorista, actúe con firmeza y sin dobles raseros contra quienes desde el territorio norteamericano han perpetrado actos terroristas contra Cuba; y a que libere a los Cinco Héroes antiterroristas cubanos injustamente encarcelados en ese país.”

 

El supuesto derecho de mentir es práctica cínica que jamás será admitida por la humanidad racional y justa; es aberración que los hombres de buena voluntad rechazan, porque se inspira en la fuerza bruta, en la imposición arbitraria.

 

El supuesto derecho de mentir fue uno de los grandes errores del nazi- fascismo que, a pesar de su aparente poderío y de sus crimines horrendos, fue derrotado por los hombres de buena voluntad.