Cubanálisis  El Think-Tank

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Condicionantes del Socialismo en Cuba

 

Es insoslayable la calidad de la participación, mientras que la contradicción no antagónica en nuestro caso es motor del desarrollo; hay que fortalecer la dirección colectiva

 

Noel Manzanares Blanco

 

Honrarla-defenderla-enriquecerla Desde este año, se ha venido afinando la planificación de la producción y los servicios en Cuba, incluida la de mediano plazo, como un instrumento imprescindible para la labor de dirección. No obstante, urge perfeccionar más la conducción del Socialismo en Cuba, a tono con una advertencia del compañero Raúl Castro en el 9no Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), concluido el pasado 4 de abril:

 

“La batalla económica constituye hoy, más que nunca, la tarea principal y el centro del trabajo ideológico de los cuadros, porque de ella depende la sostenibilidad y preservación de nuestro sistema social”.

 

En correspondencia con la idea expresada por el Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en la cita juvenil, es apremiante perfilar estas condicionantes:

 

a) Para avanzar en la elevación del nivel de vida de la población y mejorar lo alcanzados en la educación y la salud que gratuitamente se garantizan a todos los ciudadanos, resulta imprescindible que nuestra economía sea sólida y dinámica.

 

b) Para aspirar a sostener y elevar la alimentación de la población, se requiere de una agricultura fuerte y eficiente que desarrollemos a partir de los recursos de que disponemos, y dejar de importar productos que pueden cultivarse en Cuba.

 

c) Para estimular el amor al trabajo y solucionar la falta de constructores, obreros agrícolas e industriales, maestros, policías y otros oficios indispensables, las personas tienen que sentir la necesidad de trabajar para vivir, sin que abunden regulaciones paternalistas e irracionales.

 

d) Para que la productividad sea un acto constante, tienen que desaparecer las plantillas infladas de los centros de la producción y los servicios a escala nacional, con salarios vinculados a los resultados del trabajo, para evitar la masa de dinero en circulación que estimula el ascenso de los precios y deteriora la capacidad adquisitiva del pueblo.

 

e) Para que cese el enriquecimiento a costa del sudor de la mayoría, esparciendo actitudes que atacan directamente a la esencia del Socialismo, es indispensable un firme y sistemático rechazo social a las ilegalidades y diversas manifestaciones de corrupción.

 

f) Para no dejarnos conducir por emociones y actuar sin la integralidad requerida, debemos evitar que por apresuramiento o improvisación, tratando de solucionar un problema, causemos otro mayor.

 

g) Para llevar a cabo una labor ideológica efectiva, hoy más que nunca se demandan cuadros capaces, que comprendan que el diálogo no puede ser de sordos ni repetición mecánica de consignas; dirigentes que razonen con argumentos sólidos, sin creerse dueños absolutos de la verdad.

 

h) Para elevar el trabajo político-ideológico, se requieren directivos que sepan escuchar, aunque no agrade lo que algunos digan; que valoren con mente abierta los criterios de los demás, lo que no excluye rebatir con fundamentos y energía aquellos que resulten inaceptables.

 

i) Para avanzar en la construcción del consenso nacional —aprehensión de que la alternativa es el perfeccionamiento constante de la obra revolucionaria—, es vital fomentar la discusión franca y no ver en la discrepancia un problema, sino la fuente de las mejores soluciones.

 

h) Para garantizar la continuidad de la Patria Socialista, hemos de fomentar  jóvenes que exhiban actitud y capacidades necesarias para asumir tareas de dirección a lo largo y ancho del país, quienes mucho todavía pueden y deben aprender de los Líderes Históricos de la Revolución.

 

i) Para que las presentes y las nuevas generaciones asuman el papel que les corresponde en la edificación de la irreversibilidad del modelo ideo-político y económico-social cubano, es insoslayable concebir la participación en la conjunción de los sueños, del sentido de la vida, de las expectativas del hoy y del porvenir, y potenciar las iniciativas propias hacia la superación de las dificultades y la modificación tangible del contexto inmediato —según el magisterio de Graziella Pogolotti.

 

En última instancia, tenemos que vivir convencidos de que la unanimidad absoluta generalmente es ficticia y por tanto dañina; la contradicción no antagónica en nuestro caso es motor del desarrollo; hay que extirpar, con toda intencionalidad, cuanto alimente la simulación y el oportunismo; resulta inaplazable colegiar las opiniones, estimular la unidad y fortalecer la dirección colectiva.

 

He aquí rasgos que condicionan el desarrollo del Socialismo en Cuba.