Cubanálisis  El Think-Tank

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Como desinflar el globo

 

Para desinflar la plantilla se debe empezar por abolir lo que ya no sirve pasando por lo que nunca sirvió.

 

Joven cubano, Kaosenlared

 

(NOTA: Cubanálisis respeta las faltas de ortografía y gramática en el original)

 

Un millón trescientos mil trabajadores quedaran cesantes mas temprano que tarde. Es un hecho.

 

Engalanado con el pronunciamiento servil de la central “obrera”. La economía cubana no da más. Parece que es ahora cuando nos damos cuenta. La extemporaneidad siempre caracterizó a la burocracia isleña. Esta vez quiso hacer gala de ella.

 

De todos modos no es nada nuevo. A los desmemoriados baste recordarle que a principios de la década de los noventas se desinfló la plantilla en casi un 60 % y se inauguro el vilipendiado y no muy bien ponderado trabajo por cuenta propia.

 

A juzgar por los vientos que corren esto sirvió de muy poco a nada. Maravillosa, aunque no inesperadamente, en menos de 20 años estamos en las mismas o peor. ¿Que pasa con la larga de la burocracia? La plantilla estatal padece del síndrome del globo se infla y se desinfla. Pifia de nuestro especialista en semiológica Lázaro Barredo, aunque ya sabemos que el solo tiene ojo clínico para los síndromes locales nunca para los sistémicos.

 

Circula una lista bastarda de nuevas actividades por cuenta propia en ausencia de la legitima ¿O será esta la legitima filtrada así no mas, como quien no quiere las cosas para ir poniendo la masa a hervir? (véase mecanismos de manipulación de masas). De ser verídico lo que circula para el bien de mi hígado, no puedo más que carcajearme.

 

Se leen cosas tan ridículas como forradora de botones (que todavía no me imagino que hará porque ya no se usan botones ni sin forrar) desmochador de palmas, carretero y un rosario de oficios que si algo demuestra es la nula voluntad de facilitarles las cosas al millón y pico de trabajadores que pretenden abandonar a su suerte. Amen de que figuran algunas profesiones (mas bien oficios) que podrían resultar llamativas, para quien tenga la habilidad, solo un ciego no se daría cuanta que ese mercado ya esta copado desde hace mucho bajo la sombra o el amparo de una “ilegalidad” éticamente cuestionable.

 

Imagino a una secretaria recién cesanteada compitiendo con las costureras que desde hace 20 años monopolizan el mercado de su barrio, de su municipio y hasta de la ciudad. Es que todo el que podía trabajar con o sin licencia lejos del estado ya lo esta haciendo desde hace mucho. Parece que la burocracia obvia ese detalle. Desconoce, cuando le conviene, la existencia de un mercado negro más fuerte que el estatal. Esta nueva supuesta apertura al cuantapropismo a dura penas servirá para legalizar a algunos que ya se ubicaron en el mercado desde hace mucho. Muy poco o nada quedará para los nuevos desempleados que son unos cuantos.

 

De todos modos no se puede negar que en nuestra isla las plantillas están infladas. No de ahora, desde hace mucho. Lo que pasa es que no es precisamente de obreros. Si la burocracia pretende prescindir de lo inservible debería empezar por ella misma. La CTC es un perfecto ejemplo. Si existe una organización sindical megalómana con una buena carga de subsidios estatales no solo en plantilla véase también recursos, gasolina, automóviles etc etc que para colmo no cumple su objetivo social que es y ha sido siempre defender a los trabajadores de la patronal (en este caso el estado) debe simplemente desaparecer. El estado puede buscar cualquier otro vocero que legitime sus actos en materia laboral que resulte más económico y sobre todo más ético.

 

Sin querer herir susceptibilidades, para ser objetivo debo separarme de nostalgias de épocas pasadas. El ritmo de la modernidad exige actualizaciones. Las sociedades cambian y es ese cambio el que deja obsoletas a organizaciones que en su momento fueron imprescindibles y que por el cambio del momento histórico concreto ya no lo son más. Una buena carga económica para nuestra sociedad representa cargar con organizaciones de las que por suerte se puede ya prescindir. La FMC jugó su papel indiscutible y heroico. Sacó a la mujer cubana del atraso y la marginación que sufría en el siglo pasado. Una vez cumplida su tarea en el siglo veintiuno ya no es necesaria o al menos no tendría por que el estado encargarse de ella. Una o­nG, lo que implica cero subsidios del estado, pudiera ser una digna sustituta mas acorde con la época.

 

Los CDR entran dentro de esta categoría. Constituyen una organización inmensa que solo tiene sentido en la base donde juegan su papel. Organizaciones comunales auto financiadas podrían sustituirlos. Deshaciéndonos así de no poca burocracia.

 

Notemos también como medidas coercitivas desfasadas y moralmente inaceptables inflan increíblemente la plantilla. Si cuba readaptara su política migratoria respetando los derechos que a todo cubano le atañen, la plantilla de la dirección nacional de inmigración seria racional. El tristemente celebre permiso de salida conlleva una cantidad de mano de obra prescindible incalculable. Requiere de oficinas, de sistemas informáticos. Se utiliza un mar de recursos solamente para cuartearle al ciudadano su derecho ¿Cuantos obreros se podrían mantener en su puesto de trabajo si se mandara a las unidades regionales de inmigración al cuentapropismo?

 

Abundan restricciones absurdas que mueven presupuestos abultados. En épocas de austeridad se impone racionalidad. No deben sacrificarse puestos de trabajos si poco productivos al menos honrados a expensas de mantener decretos, directrices, circulares y cuanto engendro encuentre la burocracia para ejercer su poder.

 

En fin que para desinflar la plantilla se debe empezar por abolir lo que ya no sirve pasando por lo que nunca sirvió. Se debe reevaluar el objetivo social de cada centro de trabajo. No deben crecer los órganos represivos del estado a costa del sacrificio del pueblo trabajador. No se debe priorizar la cohesión sino la libertad. Se debe asumir un compromiso serio de estimulo a la actividad individual y cooperativa que irremediablemente tiene que empezar con la información clara de lo que se piensa hacer abandonando ya ese secretismo absurdo y ese juego con el rumor que deja mal parado el compromiso de la dirigencia con la clase obrera.

 

De no cumplirse todo lo anterior seguiremos jugando con el síndrome del globo y aquí estaremos dentro de menos de 20 años tratando de desinflarlo por tercera vez.