Cubanálisis  El Think-Tank

        RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

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Código de Trabajo o ¿CÓDIGO PARA LOS DE ABAJO?

 

Félix Guerra, Kaos en la Red

 

Una discusión pública en Cuba, curiosamente muy permeada de secretismo.

 

Desmontar lo que resta, resquicio, de Socialismo en Cuba, puede casi concluir en breve si el Código de Trabajo que se discute a toda vela en los centro de producción queda aprobado como fue redactado y determinado por el Estado-gobierno. Es decir, el propietario mismo de los medios de producción a lo largo y ancho del país. El gran patrón actual.

 

Hoy por hoy, y ahora, se discute, por separado, aquí y allá, sin que aquí y allá se conecten por vía alguna los enfrascados en unas y otras discusiones. Cada cual en su corralito. En tanto, la prensa, muy discreta, actúa casi como si eso no ocurriera en ninguna parte.

 

Seguramente las proposiciones que se argumentan en esas asambleas inconexas e hipodivulgadas, quedan en actas. Pero ¿quién redacta las actas?, ¿Quién custodia la actas? ¿Quiénes las elevan al próximo nivel y de nivel en nivel?

 

ES UNA DISCUSIÓN PÚBLICA, PERO MUY PERMEADA DE SECRETISMO.

 

Miren qué sofisticación.

 

Se divulga un eco de ecos con una faz opaca halagüeña que tranquilizaría a cualquier persona distraída. Había una vez un Código de Trabajo… podrían comenzar todas esas informaciones. ¿Más triunfalismos para triunfar cuándo?

 

¿Qué se discute? ¿Qué incisos o párrafos o acápites resultan polémicos? ¿Qué dice la gente, los obreros, los miembros del sindicato, los jóvenes, los militantes de la UJC y el PCC?

 

¿Qué dice la masa del principio de idoneidad, por el cual cada trabajador queda a merced de las administraciones? Ya el principio demostró su verdadera idoneidad: sirve a las administraciones para determinar quiénes sí y quiénes no trabajan bajo sus órdenes. Un principio clave para más corrupción en los aparatos administrativos, el gobierno y el Estado.

 

¿Una vez más el trabajador solo con la propiedad de su fuerza de trabajo? ¿Qué instancias para reclamar, para defender el derecho universal al trabajo por encima de los particulares intereses personales de administraciones y dirigentes de cada centro laboral?

 

¿Qué dicen los trabajadores acerca del salario mínimo, que será fijado por el Estado en base a no se sabe qué principios todavía? ¿Ese asunto estratégico para todos no debiera ser fijado puntualmente por trabajadores y el sindicato mismo, mediante conversaciones y debates y acuerdos, tomando en cuenta la situación económica, valor de la moneda, precios de los productos, alzas del costo de la vida y otros parámetros cambiantes?

 

¿Quién hace o hará escrutinio de proposiciones o de opiniones o de votos en las asambleas que ahora se celebran para discutir a gran velocidad el Código de Trabajo?

 

¿Dónde y con quién se va consensuar la totalidad de lo discutido? ¿Quiénes adoptan las decisiones finales?  ¿Será un ministro o un consejo de ministros quien diga la última palabra? ¿Cómo sonarían esas últimas palabras? ¿Será una despedida de fin de siglo, llevándose las últimas mesas y sillas del antiguo modelo en bancarrota o del Socialismo que siempre se ha postulado?

 

¿De las conquistas históricas de la clases obrera y trabajadoras, y de las alcanzadas en la era revolucionaria luego de 1959, tanto del campo como de la ciudad, de los empleados por el Estado o los Cuentapropistas, o las empresas extranjeras, etcétera, cuáles seguirán vigentes y cuáles borradas por decreto?

 

¿Se pueden ejecutar malabares con la democracia? Pues sí. Y ya se hizo antes. Vean, nada por aquí y nada por allá. Pero del sombrero sale una liebre que llegó de repente del país del Nuncajamás. Ahí permanece, por ejemplo, cómo fue aprobada sin escaramuzas una ley que aumentó en cinco años la edad de retiro para hombres y mujeres.

 

Si las discusiones concluyen y algunos y varios y demasiado asuntos no salen a la luz pública, si  no se debaten a  otras escalas y con otras cualidades, si obreros y obreras y actuales dirigentes no se quitan la camisa y van al fondo de los asuntos, honesta y democráticamente, si el bendito Código no sufre cambios sustanciales a favor del productor de las riquezas y de los reales príncipes del Socialismo (que es lo que tocaría ahora, para seguir en línea con la Historia) entonces, los futuros patrones  de la Clase Obrera cubana tendrán a su servicio no solo todo un flamante Código para el trabajo, sino además un auténtico Código para los de abajo.