Cubanálisis  El Think-Tank

        RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

                                  SUS AUTORES, SUS PROPIAS PALABRAS

 

 

Al imperialismo, nada; al pueblo, todo

 

No hay justificación a la falta de derechos y libertades, que no son para los terroristas ni el imperialismo, sino para que el pueblo decida, se defienda de dominaciones y se auto gobierne.

 

Pedro Campos, para Kaos en la Red

 

 “¿Haremos los cubanos una revolución por el derecho, por la persona del hombre y su derecho total, que es lo único que justifica el sacrificio a que se convida a todo un pueblo y negaremos, al día siguiente del triunfo, los derechos porque hemos batallado?

José Martí

 

El partido/gobierno dedica muchos recursos y amplios espacios en sus medios a recordarle al pueblo de Cuba, constantemente, el rosario interminable de las agresiones del imperialismo y del terrorismo de la extrema derecha, en lo que concentra  su batalla de ideas.

 

Es verdad que desde el mismo 1959, comenzaron tales acciones, para tratar de revertir el proceso revolucionario en marcha.

 

El recuento sería interminable. Existen gruesos tomos que recopilan, quizás sin abarcar todas, las agresiones de que ha sido víctima el pueblo cubano en estos años.

 

Pero recordemos algunos hechos muy significativos: la invasión de Girón en 1961, financiada y  organizada  por EE.UU.; el apoyo logístico a los grupos de alzados en los primeros años; los cientos, tal vez miles, de ataques armados a objetivos económicos y poblaciones y  el terrible sabotaje, en puerto habanero, al vapor La Coubre, cargado de armas.

 

Y cómo olvidar el horrendo crimen de Barbados; los múltiples atentados contra el personal y las misiones diplomáticas y comerciales de Cuba en el extranjero que cegaron vidas; los cientos de intentos de asesinato de dirigentes cubanos, neutralizados por heroicos combatientes anónimos de la Inteligencia y la Contra Inteligencia; la guerra bacteriológica que afectó personas, plantas y animales y las injustas condenas a nuestros 5 compañeros antiterroristas.

 

Especialmente, hay que mencionar el criminal e injustificable bloqueo económico y financiero impuesto a nuestro país desde 1962, que nos ha dejado, y sigue ocasionando, pérdidas por miles de millones de dólares a la economía nacional, secuelas en todas las esferas de la vida nacional y, más que todo, ha servido para intentar justificar el bloqueo interno impuesto al pueblo de Cuba y todas las aberraciones económicas y políticas de eso que  el intelectual revolucionario Alfredo Guevara ha llamado: “disparate”.

 

Ese bloqueo externo del imperialismo y el bloqueo interno del modelo neoestalinista y sus controles de todo tipo, tratan de justificarse mutuamente, compiten en vileza y aplastan entre ellos al pueblo cubano al que convierten en víctima por partida doble.

 

Es habitual en el discurso justificativo, maniqueo y beriano de la burocracia, expresar que no es posible conceder al pueblo de Cuba las libertades y derechos reconocidos por todos los revolucionarios de todas las épocas, porque “No podemos permitir democracia y libertad, mientras el imperialismo esté ahí, agrediendo”.   ¡Como si el imperialismo se fuera a acabar mañana, como si el pueblo tuviera la culpa de su existencia, como si castigar al pueblo fuera castigar al imperialismo!

 

Se trata de la justificación histórica del estalinismo para controlar absolutamente la vida económica y política de los ciudadanos: “el proletariado necesita su dictadura para defender su poder revolucionario”. Por eso ha tenido tanta gente en contra y por eso la oposición crece.

 

Pero en fin, ninguna, ni todas esas agresiones juntas, ni ninguno de los planes reales o supuestos del imperialismo  justifican que, 52 años después del triunfo de una revolución popular “de los humildes, por los humildes y para los humildes”, que derrocó a una tiranía, precisamente por violar la institucionalidad democrática, no tengamos aún un sistema político sustentado en una verdadera democracia participativa y directa que haga efectivo el poder de los trabajadores y el pueblo,  como correspondería a la pretensión de una nueva sociedad sin explotadores ni explotados, sin hegemonismos, sin enajenaciones, libre, justa e independiente.

 

Esas agresiones no justifican que en Cuba no se reconozcan plenamente todos los derechos contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos; que no se hayan ratificado los ya firmados tratados de derechos civiles y políticos y de derechos sociales, económicos y culturales y que los mismos no estén –todos- debidamente contemplados en nuestra legislación y en el código de procedimiento penal.

 

Y para las dudas: muchos revolucionarios cubanos hemos luchando, desde dentro, por esos derechos y libertades, bastante antes que la mayoría de sus actuales defensores en la oposición y no ha sido poco el costo pagado, capítulo desconocido de esta historia.

 

Nada justifica que no exista libertad plena de expresión, prensa y asociación, que se criminalicen las diferencias políticas, se reprima e impida la difusión del pensamiento político diferente, que se obstaculice el pleno acceso a Internet.

 

Ninguna agresión justifica que en Cuba, el estado todo poseedor y decisor monopolice la economía y obstaculice el trabajo libre, la libre asociación de productores, la plena liberación del trabajo por cuenta propia de todas las profesiones y oficios, con decretos y legislaciones sesgadas, abusivas, omisas, absurdas y corruptoras.

 

Sesgadas, porque no son integrales y solo abordan los problemas parcial y deficientemente. Abusivas, porque el estado confisca la mayor parte de los salarios en divisa de los cubanos que trabajan en firmas extranjeras aquí y fuera del país. Omisas, porque todavía no hay una ley de cooperativas para la industria y los servicios. Absurdas, como la ley de impuestos, según la cual, luego de 2,400 dólares/CUC de ingresos  -60 mil pesos cubanos- hay que pagar el 50% del ingreso, al fisco. Corruptoras porque que obligan a su violación, con un ejército de inspectores y funcionarios exigiendo lo que saben imposible y buscando coimas.

 

No hay justificación alguna al cercenamiento de la libertad de movimiento dentro del país y al derecho de todo ciudadano a viajar libremente sin irracionales y anti-populares regulaciones migratorias –ya ni las menciono porque dan pena- que, reitero, más parecen un negocio privado del aparato burocrático, que facilidades a los ciudadanos para visitar familiares, conocer otros mundos, buscar mejores posibilidades de vida permanentes o transitorias, etc.

 

Ninguna, ni todas esas agresiones juntas, justifican que en nuestro país sigan existiendo formas de discriminación por el color de la piel, el sexo y la preferencia sexual, creencias religiosas, ideologías, origen regional, edad, procedencia política o extracción social, o por no pertenecer o responder a las Fuerzas Armadas, etc., y que no existan leyes para penalizarlas.

 

Nada, absolutamente nada, justifica que no exista transparencia en las finanzas del estado cubano, que el pueblo no decida  sobre presupuestos participativos y nunca sepa a dónde va a parar cada dólar que ingresa al país, ni cómo se gasta.

 

La causa real que lleva a todas esas restricciones no está en el peligro imperialista; sino en que el desviado modelo neo-estalinista, capitalista monopolista de estado, implantado en nombre del “proletariado, del socialismo y la revolución”, ha generado una burocracia que ha concentrado y centralizado el poder político y económico, del cual se ha apropiado, para sí, y teme, con tales libertades, perder su hegemonía, su dominación sobre la sociedad.

 

El capitalismo nunca se ha ido de Cuba, se transformó de privado en estatal. Y ahora esa burocracia, la nueva clase “imprevista” de allí surgida, ya casi convertida en buro-burguesía, se está encargando ella misma de sepultar el estatalismo centralizado y organiza, a hurtadillas, el regreso al capitalismo privado, pero bajo su control, no el de los antiguos dueños. 

 

Pues sepan: ni los antiguos ni los pretendidos nuevos dueños. La revolución se hizo para empoderar económica y políticamente al pueblo, o no sería tal.

 

Ciertamente, tanto daño ha hecho el neoestalinismo en nombre de la revolución y el socialismo, y tanto odio y sed de venganza se acumula en unos pocos extremistas de derecha, que algunos desean terminar esta pesadilla en un baño de sangre. Pero creer que la democratización y socialización del poder económico y político llevaría al control de la extrema derecha, sería, cuando menos, subestimar los propios valores humanistas, solidarios y revolucionarios adquiridos por el pueblo cubano en estos años.

 

Las libertades, derechos y poderes que demandamos, no son para soltar las manos en Cuba a la extrema derecha y a sus terroristas, ni para que retornen al poder el capital norteamericano y el de  la oligarquía criolla, reciclada en Miami; sino, y precisamente, para que esto nunca sea posible, no por el capricho de nadie, ni por el interés de los aspirantes a burgueses, sino porque sean el pueblo y los trabajadores quienes decidan, se puedan defender de todos los hegemonismos y se auto gobiernen.

 

La burocracia, que en su seno se desdienta por fracciones de poderío, intenta presentar un frente común ante las demandas populares que rechaza, y le da al pueblo la “libertad de escoger” entre “nosotros (la revolución) o ellos (la contrarrevolución pro-imperialista)”. 

 

Obnubilada por su poder, la burocracia no acaba de reparar en el discurso del nuevo Presidente abierto a la diversidad, y no se percata de que su modelo político-económico jerárquico y asalariado ha fomentado un “ellos” y un “nosotros”, que no tiene nada que ver con ese otro que nos ponen a escoger y que no divide al pueblo entre revolucionarios y contrarrevolucionarios, entre izquierda y derecha, sino entre los que mandan y los mandados, entre los poseedores y los desposeídos, entre los que tienen derechos  y los sin-derechos, entre la burocracia explotadora y los trabajadores mal pagados, entre los de “arriba”  y los de “abajo”.

 

Y los de abajo, que son mayoría, ya están cansados de tanto capitalismo estatal disfrazado de socialismo y quieren el poder para ellos, no para la burocracia ni para los ricos de la extrema derecha proimperialista.

 

La extrema izquierda neoestalinista cubana tampoco entiende que cuanto mayor es su resistencia a compartir el poder con el pueblo y los trabajadores, peores pueden ser las consecuencias para ella misma. No han aprendido nada de la historia reciente del “socialismo real”.... “Es que soy así y no puedo cambiar”, dijo el alacrán en medio del río, enterrando su ponzoña en la cabeza de la ranita que le estaba haciendo el favor de cruzarla a la otra orilla.

 

Es verdad que al imperialismo no hay que hacerle ninguna concesión. ¿Quién habla de hacer concesiones al imperialismo y quién las hace? No hay que negociar nada con él, si no es en condiciones de igualdad y no hay que pedirle nada, ni suplicarle, como se la pasan algunos, para que nos compre, nos venda y para que invierta sus capitales en Cuba: esa “lucha contra el bloqueo” que tantos trasfondos y oportunismos trata de esconder.

 

Tampoco hay que permitirle que se apropie de ninguno de nuestros recursos naturales, ni que -nunca más- vuelva a explotar a nuestros trabajadores, concesiones ¡muy peligrosas! que sí le hace la burocracia en sus afanes por mantenerse en el poder y por conseguir dinero, financiamiento y “ayuda” del capital internacional, con quien sí parece dispuesta a compartir el poder económico y la explotación de nuestra fuerza de trabajo.

 

Al imperialismo no hay que darle, “ni tantico así, nada”. Pero al pueblo, a ese pueblo, que sí lo ha dado todo por esta revolución... ¡al pueblo hay que dárselo todo!, ¡todo el poder económico! y ¡todo el poder político!

 

Y se lo digo alto y claro a la alta dirección del partido/gobierno, a la cual no necesito dar más pruebas de mis consideraciones: si antes de desaparecer físicamente, no concretan ese poder para los trabajadores y el pueblo, “su revolución” pasará a la historia como una impostura.