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A propósito del 6° Congreso del PCC: Cuba, Revolución en la Revolución

 

Acaba de concluir uno de los hechos políticos más trascendentales para los pueblos y los revolucionarios del continente latinoamericano en el siglo XXI, el 6° Congreso del Partido Comunista de Cuba.

 

Humberto Gómez García

 

Acaba de concluir uno de los hechos políticos más trascendentales para los pueblos y los revolucionarios del continente latinoamericano y caribeño en la segunda década del siglo XXI, el 6° Congreso del Partido Comunista de Cuba donde fue ratificada, con creces, la construcción cubana del socialismo y se dio una apertura más allá de la estatización de los medios e instrumentos de producción y de la economía social y a la participación del pueblo en una economía participativa en lo agrario, el trabajador por cuenta propia, el cooperativismo popular no estatal.

 

Un enorme salto político cualitativo ha dado el pueblo cubano en el plano de la economía y en el ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica al participar durante varios meses en la discusión de los materiales propuestos por la dirección del PCC, el Proyecto de Lineamientos Económicos y Sociales del Partido y la Revolución, para introducir drásticos y fundamentales cambios en la economía del país y que Cuba suelte las amarras del desarrollo de nuevas fuerzas productivas y del bienestar de su pueblo, para que éste alcance la mayor suma de felicidad posible como dijo el Libertador Simón Bolívar.

 

 “Durante tres meses, del primero de diciembre del 2010 al 28 de febrero del presente año, se desarrolló el debate, en el cual participaron 8 millones 913 mil 838 personas en más de 163 mil reuniones efectuadas en el seno de las diferentes organizaciones, registrándose una cifra superior a tres millones de intervenciones”, señaló el presidente Raúl Castro en la instalación del cónclave de los comunistas cubanos. ¿Podemos imaginar mayor ejercicio de la democracia por parte de un pueblo o mayor ejemplo para los pueblos de Nuestra América, qué otra nación iguala ese monumental ejercicio de la democracia participativa? El propio Raúl lo señaló en el Informe: “En un verdadero y amplio ejercicio democrático, el pueblo manifestó libremente sus opiniones, esclareció dudas, propuso modificaciones, expresó sus insatisfacciones y discrepancias y también sugirió abordar la solución de otros problemas no contenidos en el documento.

 

¿Desde el punto de vista de las ideas se puede imaginar lo que son y significan tres millones de intervenciones en un debate ardoroso, candente, controversial, un debate de ideas en el mejor sentido del término?

 

Casi nueve millones de cubanos ejercieron plenamente su derecho a participar, deliberar y discutir, desde las bases sociales, políticas, laborales, estudiantiles, de las organizaciones obreras, femeninas, campesinas, CDR, sobre su futuro y sus destinos en documentos que fueron debatidos, confrontados, enriquecidos, repotenciados a grados altamente elevados, recogidos por el Congreso del Partido, debatidos en las mesas de trabajo por los mil delegados y nuevamente adoptados con la inmensa riqueza que significó el debate por el pueblo. Se puede decir que el documento que se discutió en el Congreso, por cómo fue enriquecido y mejorado, fue otro documento enriquecido y mejorado en grado superlativo como lo señaló Raúl con las cifras estadísticas que presentó en su Informe.

 

Este ha sido un ejercicio político fresco, del debate de las ideas y de la convicción de lo que se discutía tenía que ver con el futuro de la nación y de sus sistema político socialista iniciado 50 años atrás cuando el pueblo en armas fue a Playa Girón a enfrentar una invasión mercenaria financiada por el gobierno norteamericano y a defender la naciente revolución socialista. Si hubo alguna voz o propuesta que de alguna manera defendiera la salida capitalista, que expresara el agotamiento y fin del modelo socialista, resultó ideológica, teórica y políticamente derrotada.

 

Desde la izquierda más moderada hasta la más ultra radical terciaron en el debate que se dio al ser publicado el Proyecto de Lineamientos Económicos y Sociales del Partido y la Revolución. Es decir, de alguna manera lo que estaba ocurriendo en Cuba y el destino mismo de la Revolución, importaba –e importa– a todo el movimiento revolucionario mundial, el latinoamericano en primer lugar. Por internet circularon infinidad de materiales sobre aquel documento y desde los más extremistas (por cierto, de grupos trotskista), los más aviesos, los más sensatos, los que hacían aportes sinceros. ¿Fueron tomados, por la dirección comunista cubana, en cuenta muchos de esos materiales de los comunistas y socialistas del mundo e incorporados al documento final? El camarada Raúl Castro en su Informe al Congreso no señaló nada al respecto, sin embargo podemos suponer que sí fueron valorados cuando agradeció el apoyo de los comunistas, socialistas y revolucionarios del mundo.

 

Los resultados del Congreso, los acuerdos y resoluciones terminan por desmontar las maniobras e intrigas de los agentes del imperio que trataron de incidir desde varios ángulos en los debates; allí se ubica, a nuestro juicio, toda la conspiración de la CIA, de la oficina norteamericana en La Habana, con los blogueros, los “disidentes”, las “cacatúas de blanco”, los “periodistas” tarifados. Esa guerra sucia, “secreta” del imperio para montar núcleos disidentes activos para golpear la revolución, tuvo mucho que ver con el debate sobre el destino económico de la Isla y las políticas del gobierno y del Partido, y de diferentes formas los grupúsculos participaron pero siguiendo la voz del amo imperial tratando de incidir, influir e incluso torcer el rumbo de la revolución buscando una brecha, un invisible hueco para penetrar por él, atraerse algún o alguna voz descontenta, confundida o con un criterio diferente al planteado. Lamentablemente para ellos y para el imperialismo, la dinámica de los debates, la participación popular, de la clase obrera y campesina blindaron la revolución, la amurallaron, y el proceso demostró su consolidación y robustez al punto que una figura estelar como la del camarada Fidel Castro no aparece entre los dirigentes del Partido, que renunció a sus privilegios y le abrió el cauce a dos o tres generaciones más jóvenes para que vayan tomando las riendas de la revolución socialista.

 

El proceso del 6° Congreso del PCC, los debates, el Informe del camarada Raúl, las Resoluciones sobre la cuestión económica –tema central y único del evento–, el Poder Popular, los cambios planteados, nos traen material para varios trabajos periodísticos de opinión y sobre ello volveremos más adelante. Sólo me resta, como revolucionario socialista y bolivariano, saludar ese exitoso y magnífico evento de los camaradas cubanos, rico en lo ideológico al fortalecer el papel del marxismo en su versión cubana y latinoamericana, en lo teórico al fortalecer el paradigma y el episteme revolucionario; en lo político, al ratificar la vigencia del partido proletario y de masas y repotenciar y refundar la revolución con la participación y dirección de un pueblo donde nueve millones de personas –de un total de doce millones de habitantes– discuten durante meses el destino de su economía socialista y la salida a su problemática social, más la preservación de la soberanía de la nación y su derecho a la libre autodeterminación. Los trascendentales acuerdos y resoluciones del 6° Congreso del Partido Comunista de Cuba, que ratifican las opiniones del poder popular, por su trascendencia y magnitud nos permiten afirmar que se está produciendo una revolución de la revolución.