Cubanálisis  El Think-Tank

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Un país en la ruta del autoabastecimiento

 

Leidys María Labrador Herrera, en Granma, Cuba

 

Treinta libras per cápita de frutas, viandas y hortalizas, esa es la meta. Si se realiza una traducción  de la cifra, se refiere al hecho de que, cada día, cuando los cubanos y cubanas se sienten a la mesa, tengan en ella el alimento necesario, balanceado, diverso, que todo el mundo necesita después de un arduo día de trabajo.

 

Dicho de esa manera, pareciera que nos referimos a una rutina sencilla mediante la cual el Estado provee y el pueblo sencillamente compra; pero, en absoluto, tras ese necesario y decisivo paso hay un proceso mucho más complejo, uno que pudiéramos calificar, sin duda alguna, como el reto fundamental del sistema de la agricultura en el país, se trata del autoabastecimiento.

 

Sin pretender abundar en elementos conceptuales, me atrevo a asegurar que si alguien quiere comprender en toda su magnitud lo que esa palabra representa, debe detenerse en varios aspectos esenciales. Primero, identificación de potencialidades locales; segundo, disponibilidad de los recursos para explotarlas y tercero, un ordenamiento riguroso de la cadena de comercialización que comienza en el campo y termina en la mesa. No digo que de forma absoluta sean estos los principios que rigen el camino hacia la soñada meta, pero sí constituyen pilares indispensables para materializarla.

 

No existe desarrollo socioeconómico si en su análisis no se incluye la base, lo local. Es imposible concebir avances significativos a nivel macro, si no se parte de una concepción que tenga al municipio como ente activo y protagónico, capaz de generar, incluso, la solución a sus propias necesidades. Es por eso que el autoabastecimiento alimentario parte desde allí, y desde las estructuras que lo componen, las demarcaciones de los consejos populares.

 

Pensemos por un momento, ¿qué problema se soluciona si una cooperativa entrega sus producciones a las instancias municipales o provinciales, si cumple con todos sus contratos y, sin embargo, los habitantes más cercanos a su radio de acción deben esperar a que se les trasladen hasta allí los mismos productos que constituyen objeto social de esa cooperativa? ¿No resulta más factible que la forma productiva garantice primero el autoabastecimiento de su demarcación, y que sea ese el punto de partida para sus compromisos estatales?

 

Son estas ideas las que hoy se manejan en cada uno de los territorios y que requieren de un intercambio que abarque a cada forma productiva y de manera más específica, a cada productor. Es por eso que la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, así como las estructuras del sistema de la agricultura a todos los niveles, han iniciado el proceso desde la base.

 

Hoy no se concibe que el presidente de una junta directiva no domine las cifras necesarias para el autoabastecimiento de su comunidad. De no ser así, ¿qué objetividad se manifiesta entonces en la definición de los planes?

 

Ello implica, invariablemente, la clara identificación de las potencialidades locales, el establecimiento de contratos atemperados a las capacidades reales con que cuenta toda zona dedicada a la explotación agrícola y por ende, un escalonamiento en el logro de las «30 libras», que parta desde el consejo popular, el municipio, la provincia y finalmente el país.

 

EL RETO

 

Para mantener el orden lógico de los elementos que con anterioridad planteamos, debemos decir que el país tiene hoy un reto enorme. Aunque la agricultura nunca se desprende del todo de técnicas tradicionales que existen por razones tanto culturales como económicas, la garantía de insumos, maquinarias y personal calificado tiene un impacto directo en el proceso productivo.

 

Tales razones han llevado a la aplicación de estrategias que incluyen la importación de modernas tecnologías, desde sistemas de riego hasta cosechadoras, pasando por tractores y otros equipos que permiten mayor eficiencia. Se han materializado esfuerzos también para la capacitación de la fuerza de trabajo y para la integración de personal calificado (dígase técnicos e ingenieros) a todos los

procesos que tienen lugar en el campo. No obstante, la aplicación de la ciencia a la producción agrícola aún necesita de un impulso superior.

 

La creación de pelotones de maquinarias que prestan sus servicios en la preparación de tierra, el concepto de polo productivo que implica la concentración de recursos alrededor de una estructura estatal, pero que benefician también al sector privado en un radio de acción específico, son fortalezas que rinden frutos y se revierten en mayores niveles productivos.

 

No todo está hecho, pero sería injusto dejar de reconocer que la realidad del sector agropecuario en el país se ha transformado de forma positiva durante los últimos años.

 

Sin embargo, todos estos puntales de los que hoy podemos hablar con conocimiento de causa, solo cumplen sus objetivos cuando el destino final de las producciones es realmente el previsto por la dirección del país: llegar al pueblo con precios justos y con un alto nivel de calidad y variedad. Para nadie es un secreto que resulta contradictorio hablar de indicadores positivos, de planes ambiciosos, de notables avances, cuando placitas y mercados no suplen todavía las demandas.

 

Es cierto que periodos de intensa sequía, huracanes y otros fenómenos meteorológicos extremos han dejado a su paso lamentables panoramas en la agricultura, pero no son la única causa cuando se manifiesta desabastecimiento. La realidad es que, todavía, no ha sido posible lograr una cadena de comercialización a la altura de las elevadas metas que se propone el país.

 

CUESTIÓN DE ACOPIO

 

En este punto es ineludible la mención de Acopio, que tiene la misión de contratar, recoger y distribuir las producciones. Si bien durante una etapa su papel se limitó a acopiar las producciones que respondían a la sustitución de importaciones, la vida demostró que demasiados intermediarios, lejos de resolver el problema del abastecimiento, lo agravaban, y llegaron a fijarse precios inalcanzables para el pueblo trabajador. Fue por eso que se le devolvió a dicha empresa la misión de convertirse en el canal fundamental para la comercialización.

 

La recuperación de las rutas, naves y puntos de recogida, así como el completamiento del personal que fungiera como gestor, fueron retos importantes aún no completados, si hablamos con transparencia, pero que tuvieron un impacto positivo. No obstante, aunque reconocemos que en el país se acopian por este concepto grandes volúmenes productivos, todavía es mucho lo que queda en el campo o toma otros rumbos.

 

Las deficiencias no son un secreto para nadie. Todavía existen atrasos en los pagos, no siempre se logra una adecuada preparación para responder a los picos de cosecha (eso incluye la capacidad de procesamiento industrial), los contratos deben apegarse cada vez más a la realidad y deben cumplirse las fechas pactadas para la recogida.  La consecuencia más lamentable antes estas problemáticas, es el desvío que facilita la venta de forma ilegal y a precios exorbitantes.

 

En materia de autoabastecimiento urgen el compromiso, la responsabilidad y el entendimiento de que es esta una necesidad inmediata del país. Es por ello que de la profundidad con que se discutan los aspectos que influyen en su materialización y de la rapidez para enfrentar los obstáculos harto conocidos, dependerá que se acorte el plazo para que esa realidad sea posible.

 

Autoabastecernos de productos agropecuarios representaría uno de los saltos más importantes del país en la búsqueda de la soberanía alimentaria y, por consiguiente, una elevación notable del nivel de vida de nuestro pueblo. Pero debemos entender que la responsabilidad no es solo de las estructuras que ordenan y controlan el proceso, es de cada cubano, porque igual de importante que el papel del campesino en la producción, es el del ciudadano que denuncia ilegalidades o el incumplimiento de lo establecido.

 

En correspondencia con los principios del socialismo, es esta una batalla de pueblo, de ese mismo pueblo que será sin duda alguna, el principal beneficiado.