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Trump se siente como en casa con pervertidos y delincuentes

 

Álvaro Fernández, Progreso Semanal

 

MIAMI. Algo que sé con certeza es que Donald Trump tiene el mal hábito de rodearse de individuos desviados y corruptos. Sus dos años de permanencia como presidente -hasta ahora- son testigos de esto. Su campaña en Miami durante el Día de los Presidentes, donde habló en la Universidad Internacional de La Florida, demostró que continúa atrayendo al mismo tipo de gente: pervertidos y delincuentes.

 

Vino para anunciar que “un nuevo día está llegando a Latinoamérica” y que “los días del socialismo y el comunismo están contados”.

 

Hemos visto este espectáculo antes, varias veces, comenzando con el presidente John F. Kennedy a principios de la década de 1960, después del desastre conocido como la invasión de Bahía de Cochinos. Por estos días, cualquier historiador que se respete nos dirá que el desastre de Trump es existencial y se define como su permanencia en la Oficina Oval.

 

A estas alturas, Trump hará cualquier cosa para ganar la reelección en 2020. Fabricará una Bahía de Cochinos, pero en Venezuela, o una falsa emergencia nacional en la frontera de Texas. El hombre es un ilusionista político desesperado por desviar la opinión del público estadounidense de la clase de desorden que ya ha creado.

 

Sabía que el público de Miami que Marco Rubio y Mario Díaz-Balart reunieron en la FIU no lo decepcionaría. Si uno hubiera observado con atención, habría visto allí muchas de las viejas caras cubanas, animándolo y cantando: “U-S-A, U-S-A”. También estuvieron presentes los nuevos reemplazos para los miles de cubanos moribundos de las décadas de 1960, 1970 y 1980 - la comunidad venezolana “exiliada” de Doral y otros barrios del área de Miami.

 

Mientras miraba a la audiencia en You Tube, una cosa me vino a la mente. Los venezolanos que vi en el público me recordaron un momento anterior aquí en Miami, décadas atrás, cuando un gran grupo de cubanos blancos, en su mayoría ricos, habían huido de otro líder latinoamericano al que despreciaban. Una vez seguros, les rogaron a “los americanos” que les solucionaran su problema.

 

En cuanto a Trump, él y su gente han determinado que no hay manera de reelegirse sin una victoria en La Florida en 2020. Y al seguir el ejemplo de presidentes republicanos anteriores, Trump ha decidido que, si él logra exacerbar a la comunidad cubana de extrema derecha hasta un frenesí anticomunista, junto con sus nuevos reemplazos venezolanos, existe la posibilidad de que obtenga suficientes votos para obtener reñidamente una victoria.

 

¿Funcionará la estrategia? Todavía es muy temprano para decirlo.

 

Hablando de elecciones, sin embargo, lo más peligroso, creo, son los propios demócratas. Con la excepción de solo unos pocos, los demócratas de Nancy Pelosi han caído en la trampa de Venezuela y, de repente, se encuentran hombro con hombro con Trump en este tema. Un plan ideado por matones políticos como Elliott Abrams, declarado culpable de mentir al Congreso y de aprobar a los escuadrones de la muerte en Centroamérica, y John Bolton, otra clave para el imperialismo estadounidense que ayudó a vender la idea de las inexistentes armas de destrucción masiva en Iraq. Un plan luego llevado al Congreso por Rubio y Díaz-Balart.

 

Los demócratas, especialmente aquí en el sur de la Florida, están ayudando a atraer a los lectores hacia Trump. Y es por eso que el presidente estuvo aquí en el Día de los Presidentes. La verdad es que a Donald Trump no le importa Venezuela, Cuba o Nicaragua. Y para él, el socialismo y el comunismo son solo palabras que puede manipular para crear miedo y dirigir a los electores hacia su falsa visión de un Estados Unidos “excepcional” que nunca existió. Lo que, por cierto, no significa que Donald Trump lo pensaría dos veces antes de invadir Venezuela.

 

Pero permítanme terminar con el desviado y los ladrones. Normalmente, cuando los presidentes visitan y hablan ante una audiencia, los que se sientan y se paran detrás de él por lo general son recompensados ​​por su lealtad, por recaudar dinero o por ambas cosas. El lunes en la FIU, mientras veía hablar al presidente, de pronto reconocí a dos personas en el público.

 

Uno era un hombre que conocí en la década de 1980, cuando trabajé en Hialeah. Este hombre estaba parado a la derecha del presidente tratando de atraer la atención de Trump. ¡Yo no lo podía creer! Esta es una persona que, mientras hacía campaña para un cargo en el ayuntamiento en la década de 1980 (probablemente con menos de 30 años en aquel momento) había sido sorprendida tratando de seducir a la hija de un político de alto rango de la ciudad. La niña tenía 12 o 13 años en aquel momento…

 

Nada grave sucedió, gracias a Dios.

 

A la izquierda del presidente había una mujer seria con el cabello rubio perfectamente teñido y perfectamente peinado. Ella es una asidua asistente a estas cosas. Y una gran seguidora de Trump. A fines de la década de 1990, esta mujer, pilar de la sociedad cubana de Miami, se declaró culpable de fraude, evasión de impuestos y otros delitos.

 

Hay un refrán en español que dice: “Dios los cría, y el diablo los junta”.

 

¡Qué gran verdad!

 

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.