Cubanálisis  El Think-Tank

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Mirando a través de las ventas de servicios médicos

 

Ricardo Torres, Progreso Semanal

 

LA HABANA. El 14 de noviembre, el gobierno cubano anunció mediante una declaración del Ministerio de Salud Pública la terminación de la presencia de médicos cubanos en Brasil, contratados como parte del programa “Mais Médicos”, concebido por la administración de Dilma Rouseff en 2013. El objetivo de ese programa es mejorar la atención de los usuarios del Sistema Único de Salud, especialmente en zonas donde la asistencia sanitaria era muy baja o nula. La participación de galenos cubanos fue posible a través de un proyecto de cooperación técnica entre la OPS/OMS y los Ministerios de Salud de Brasil y de Cuba. Los cubanos llegaron a representar casi dos tercios del total de profesionales contratados.

 

La retirada de los médicos cubanos no beneficia directamente a ninguna de las partes, con la probable excepción de los grupos que celebran cualquier acontecimiento que imponga restricciones adicionales al desempeño económico cubano, para inmediatamente destacarlo como una muestra más del fracaso del modelo económico de la Isla. La parte de la población brasileña atendida por los médicos cubanos verá su partida con preocupación, y con la incertidumbre que rodea su reemplazo. El gobierno brasileño tendrá que procurar la atención médica en zonas donde ya estaba garantizada. Los médicos cubanos y sus familias pierden la posibilidad de contar con ingresos más altos para mejorar sus estándares de vida. El gobierno cubano pierde su segundo mayor mercado para servicios médicos, y una fuente de ingresos significativos, muy valorados en las circunstancias actuales, cuando el país sufre la caída de ingresos externos y maneja una situación muy compleja en sus finanzas internacionales.

 

Esta columna no discutirá los méritos y debilidades de la decisión de las autoridades cubanas, aunque vale la pena señalar que la postura asumida por el presidente electo de Brasil no brindaba muchas esperanzas en términos de plantearse una renegociación seria de los términos del acuerdo inicialmente suscrito. Tampoco ahondará en los términos del acuerdo y su significado para los profesionales cubanos. Son ellos los que pueden determinar la pertinencia de las condiciones que reciben, y a través de las organizaciones que los deben representar, procurar la modificación de los acápites que no satisfagan sus expectativas.

 

La prestación de servicios médicos en gran escala, principalmente mediante el envío de profesionales (modo cuatro, de acuerdo a la clasificación de la Organización Mundial de Comercio) se convirtió en el principal capítulo de las exportaciones cubanas desde mediados de la década pasada. El primer gran acuerdo se suscribió con Venezuela, y a través del programa Mais Médicos, Brasil se convirtió en el segundo destino desde 2013. Los pagos recibidos a través de este último son recursos líquidos, mientras que en el caso de Venezuela se ha establecido un esquema de intercambio que valora conjuntamente los servicios prestados por Cuba y la importación de petróleo desde ese país.

 

 

El acuerdo establece que el gobierno brasileño paga por los servicios prestados por el personal cubano, de cuyo total una parte considerable se canaliza directamente hacia el gobierno cubano, y el porcentaje restante hacia los profesionales de la salud. Las transferencias anuales para el caso brasileño se han estimado en unos 250-300 millones de dólares.

 

Lo que puede resultar oportuno es discutir una estrategia económica en la que la exportación de servicios con estas características se ha convertido en un elemento clave. Esta relativamente reciente nueva “especialización exportadora” para Cuba, y para su proyección de desarrollo económico tiene implicaciones importantes para el desarrollo presente y futuro de la nación. En 2017, los servicios representaron casi el 81% de las exportaciones totales, un cambio notable respecto a 1990, cuando eran el 10%. Sin embargo, habría que ponderar que una buena parte de este resultado, se debe al colapso de los envíos de bienes (azúcar, níquel, tabaco, medicamentos), los que han aumentado el 2,8% anual desde 1994, menos de la mitad del ritmo mundial. Costa Rica, cuya población representa el 42% de la población cubana, exportó cuatro veces más bienes en 2017.

 

Entre 1994 y 2004, en un escenario externo muy hostil que incluyó las afectaciones al turismo internacional derivadas del ataque a las Torres Gemelas, el PIB cubano (de acuerdo a las cifras oficiales) creció como promedio el 3,2%. Entre 2005 y el año pasado, durante el despegue de las exportaciones de servicios “profesionales”, lo hizo al 3,6%. No es una gran diferencia, si se tiene en cuenta que el turismo siguió creciendo en este período, y sobre todo después de 2014 lo hizo a ritmos relativamente altos. Desde 2014, las ventas de servicios profesionales se han venido reduciendo anualmente.

 

Donde sí existe una diferencia es en la capacidad de estos servicios de estimular la actividad económica en el patio, a través de encadenamientos productivos y otros derrames. Los estudios realizados para Cuba confirman que esta capacidad de las exportaciones se ha venido debilitando sistemáticamente desde 1985, coincidentemente con el reemplazo de la industria azucarera como principal rubro exportador, primero por el turismo internacional y luego por los servicios profesionales. Si bien el turismo no se convirtió en la “locomotora” que muchos auguraron (sobre todo por deficiencias en el tejido económico doméstico), el arrastre de estos servicios es mucho menor.

 

El despegue de los servicios médicos ha estado vinculado desde sus inicios a contratos negociados como parte de acuerdos gobierno-gobierno, donde la sintonía política ha sido un elemento central. Esto ha sido beneficioso en ciertos aspectos. Por ejemplo, garantiza grandes volúmenes e inmediatez en la implementación. Además, tiene la garantía de los recursos fiscales del país de destino, y el respaldo gubernamental que permite sortear con relativa facilidad obstáculos regulatorios. Fue en su momento una gran oportunidad, porque permitía monetizar la gran inversión en formación médica que el país había realizado desde la década del sesenta. También era coherente con cierto estilo de concebir el desarrollo, dado que estos esquemas permiten que el Estado cubano capture la mayor parte de las rentas generadas, y pueda disponer de estas centralmente para llevar adelante su agenda de desarrollo económico-social.

 

Sin embargo, este proceder exhibe varias debilidades que cuestionan su contribución verdadera al desarrollo de la nación a largo plazo. Primeramente, tal y como han demostrado los últimos años, es una estrategia altamente riesgosa. Dado que depende de la sintonía política y los recursos fiscales, son altamente vulnerables a crisis políticas y económicas. Lamentablemente, los dos principales mercados para Cuba se han visto afectados por una combinación de ambas desde por lo menos 2013. Asimismo, la provisión estandarizada y uniforme de estos servicios por una única entidad cubana, limita significativamente la posibilidad de revelar las verdaderas ventajas del servicio prestado, y la generación de capacidades comerciales que posibilitarían la penetración de otros mercados en condiciones competitivas. Una solución más basada en las reglas de mercado prevalecientes constituiría una garantía en términos de la sostenibilidad de la relación.

 

Con la estructura actual, considerando las actividades de servicios profesionales, tabaco, níquel, y farmacéuticos, se puede estimar que el 5% de los trabajadores cubanos están vinculados al 66% de las exportaciones del país. Ello representa una enorme distorsión en términos del aprovechamiento de las capacidades de producción. Desafortunadamente, las últimas iniciativas de política económica no van en la dirección de crear un entorno que estimule la actividad productiva doméstica. Las restricciones adicionales al ejercicio del trabajo por cuenta propia y cooperativo no hará sino agudizar esta contradicción, incompatible con la construcción de un país próspero.

 

Hoy Cuba exhibe uno de los más bajos índices de exportaciones per cápita de América Latina, lo que tiene mucho que ver con sus problemas recurrentes de balanza de pagos. A la sombra de un modelo que tiene evidentes problemas para ofrecer un empleo de calidad a buena parte de sus trabajadores, progresan fenómenos como la economía informal, el contrabando de hormiga transfronterizo, la emigración; pero también la aparente necesidad de las autoridades cubanas de controlar directamente todas las fuentes de ingresos externos. La estrategia no ha funcionado hasta ahora. Quizá conviene prestar atención a otras alternativas.