Cubanálisis  El Think-Tank

        RAZONES Y PERCEPCIONES DESDE LAS POSICIONES CASTRISTAS:

                                  SUS AUTORES, SUS PROPIAS PALABRAS

 

 

La supuesta confabulación de la oposición de “izquierda” y el plattismo:

¿una Luna de queso?

 

Pedro Monreal González, en Cuba Posible

 

El análisis político no es mero parloteo sobre un tema. El análisis político, como cualquier otro análisis, necesita método, rigor, y horas de trabajo. Requiere, sobre todo, estar basado en la evidencia. Esa es una exigencia crucial del análisis, no es una opción que puede obviarse. Aquí radica la diferencia entre el análisis y la charlatanería.

 

La última ocurrencia del pseudo-análisis político sobre Cuba consiste en lanzar al vuelo la noción de que en Cuba existe una supuesta oposición de “izquierda” que funcionaría como un anexionismo solapado. Para no dejar ninguna duda, tal postulado se remata con la aseveración de que “tanto la oposición de la «izquierda» como de la derecha abiertamente anexionista, son dos alas de la misma águila estadounidense”.

 

Dos artículos recientes de un mismo autor -el periodista canadiense Arnold August- se han encargado de divulgar estos postulados. Primero publicó ¿El final de la ideología en Cuba? (6 enero 2017). Unos días después, consideró que era conveniente ahondar en el «concepto» de que “la más peligrosa oposición a la Revolución cubana proviene de la llamada izquierda”, a la que llega a calificar como “un cáncer en la sociedad cubana”. Para redondear sus argumentos, August publicó el 20 de enero un artículo titulado La oposición de la “izquierda” cubana y los anexionistas: dos alas de una misma águila.

 

Se trata de una valoración políticamente negativa respecto a una parte indeterminada de lo que pudiera ser la “izquierda” cubana. Demasiado fuerte como para no examinar en detalle los argumentos de Arnold August. ¿Se corresponde su postulado con el resultado de un análisis mínimamente riguroso de la realidad política cubana?

 

Intentemos entender el asunto. El señor August ha planteado una clasificación política “novedosa”, adicionándole al espectro político cubano contemporáneo la presumible existencia de una oposición de “izquierda”. Ese entrecomillado del término “izquierda” es de August y solamente puede ser entendido en el sentido de que no la consideraría como una verdadera “izquierda”. De entrada, sabemos que la considera como anexionismo solapado. Para decirlo claramente, se trataría de una “izquierda” traidora, que en realidad no sería una “izquierda”, al menos en el contexto político interno cubano.

 

Hay un problema interesante con esta nueva clasificación que se nos propone en esos dos artículos. El señor August habría sido mucho más perspicaz que el propio Partido Comunista de Cuba (PCC) pues, hasta donde conozco, ningún documento oficial del PCC reconoce la existencia de ese tipo de oposición de “izquierda” en Cuba. Tampoco logro detectar ningún discurso del Primer Secretario del PCC que lo haga. A lo que se refirió el Informe Central al VII Congreso del PCC fue a “las acciones dirigidas a introducir plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración capitalista apoyadas por una perversa estrategia de subversión político-ideológica que atenta contra las esencias mismas de la Revolución”, es decir, parámetros ideológicos que no son los de la “izquierda”. Ciertamente, Raúl se ha referido también a otro tipo de oposición: la obstrucción burocrática al proceso de “actualización”, pero ese es un tema completamente distinto del que nos habla August. De hecho, es a esta “oposición” burocrática (formalmente criticada por el Primer Secretario del PCC) a la que habría que concederle especial atención y no a la que proviene de una elucubración periodística montada desde el exterior.

 

El argumento central de August sería que la supuesta oposición de “izquierda” habría abrazado el presupuesto político esencial de la derecha plattista: la necesidad de destruir la unidad de la sociedad cubana construida desde 1959. Al asumir tal presupuesto político, la conjeturada oposición de “izquierda”, según August, “contribuye objetivamente al American Dream de instaurar el capitalismo en Cuba”. Al referirse a la “objetividad”, pudiera pensarse que August dispone de elementos más allá de su imaginación.

 

¿Quiénes componen esa supuesta oposición de “izquierda” en Cuba? No lo sabemos. El señor August parece no tener la menor intención de aclararlo con precisión, pero ¿qué razón pudiera existir para aceptar la validez de esa idea? En rigor solamente pudiera existir una sola razón: que tal idea pudiera ser verificada con datos de la realidad.

 

Tratemos de plantear formalmente las hipótesis básicas de August y su posible proceso de validación:

 

Hipótesis #1: La causa de que la oposición de “izquierda” funcione como anexionismo solapado es la aceptación del presupuesto político esencial de la derecha plattista (la necesidad de destruir la unidad de la sociedad cubana construida desde 1959).

 

Hipótesis #2: La aceptación del presupuesto político de la derecha plattista por parte de la oposición de “izquierda” es un hecho indiscutible.

 

Hipótesis #3: Por tanto, la oposición de “izquierda” debe ser considerada como un anexionismo solapado.

 

Para que la hipótesis #3 sea válida, la clave radica en que la hipótesis #2 también lo sea. Si la hipótesis #2 no puede ser validada, entonces el postulado de August (resumido en la hipótesis #3) se queda “colgado de la brocha”. Por supuesto, tampoco habría que hacerle entonces el más mínimo caso a la hipótesis #1 que plantea una relación de causalidad que no tendría sentido porque el factor causal (la “aceptación”) sería analíticamente espurio.

 

La pregunta obvia sería entonces ¿Cuál es la evidencia que aporta August para sostener la validez de la hipótesis #2? ¿Qué datos concretos utiliza August para afirmar que hay una parte de la “izquierda” cubana que ha abrazado el presupuesto político esencial de la derecha anexionista cubana?

 

En un tema como este se necesitaría aportar -como mínimo- nombres de personas, organizaciones y medios, la identificación de posibles posicionamientos contrarrevolucionarios verificables sobre temas concretos, y datos sobre las relaciones entre ideas (o sistemas de creencias) y los intereses que pudiera tener esa presumible oposición de “izquierda”. Sin embargo, los dos artículos son completamente mudos sobre ese tipo de evidencia crucial. En caso de ser presentadas en una evaluación universitaria, la mención que se hace en los artículos de una serie de citas inconexas y la utilización de una anodina metáfora sobre relojes, no serían consideradas como evidencias ni por el más piadoso profesor de investigación social.

 

Una conclusión inevitable es que estamos en presencia de una “falacia analítica”, es decir, se han sacado conclusiones -políticamente muy gruesas- a partir de una evidencia que o bien no existe, o que si existiese no habría sido recopilada y utilizada, pero que, contrario a todas las convenciones del método analítico, August asume imaginativamente que sí existe y que lo imaginado bastaría para apoyar su opinión personal sobre el tema.

 

Quienes parten de la evidencia y la analizan para confirmar o para rechazar una hipótesis son considerados normalmente como analistas. Quienes no parten de la evidencia y no dominan los métodos de análisis son pseudo-analistas.

 

Si no aporta evidencia creíble, ¿cuál es el propósito de Arnold August al tratar de establecer supuestas divisiones en el seno de la “izquierda” cubana? No tengo una respuesta para eso.

 

En sentido estricto, no hace falta refutar lo que dice August. La refutación es parte del método analítico, algo que nada tiene que ver con los dos artículos de referencia. Una opinión es una opinión, y nada más. Está muy bien que el señor August tenga las suyas. Después de todo, todavía existen sociedades tradicionales en regiones remotas del planeta que piensan que la Luna está hecha de queso. Como opinión eso está muy bien. El problema es que no tiene que ver con la realidad.