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 “Yo cumplí con Fidel, pero él me mintió”

Vecinos de un edificio en La Habana denuncian las pésimas condiciones en que viven

Alejandro Hernández Cepero, en Cubanet

LA HABANA.- El pésimo estado constructivo del edificio, su cisterna contaminada y clausurada y sin baño donde poder realizar sus necesidades fisiológicas hacen de Corrales 205, en opinión de sus moradores, “un corral de cerdos”. El gobierno hace caso omiso y se cruza de brazos.

Varios vecinos se arroparon de coraje y decidieron acudir a la prensa independiente ante la reiterada negativa del gobierno local de Habana Vieja de proveerles una solución habitacional ante el inminente derrumbe del edificio donde viven hace desde varias décadas.

El edificio, ubicado en la calle Corrales 205 entre Factoría y Aponte presenta seriamente comprometida su estructura tanto en la planta baja, en la planta alta, así como en las viviendas que se encuentran ubicadas en la azotea del citado inmueble, y forma parte del interminable inventario de “estáticas milagrosas” reconocidas por el gobierno local

Vecinos de la planta alta aseguraron a este reportero que cada día resulta más difícil el subir o bajar por el pésimo estado de la escalera, además que el “pasamanos” está totalmente suelto; algo que, en el caso de las personas de la tercera edad, les resulta imprescindible que funcione bien.

Construido antes de 1959, cada piso del inmueble poseía un baño colectivo. Ante la imposibilidad de que cada inquilino pudiese construir el suyo propio y la falta de mantenimiento que durante décadas ha sufrido el edificio, los baños colectivos también colapsaron y los inquilinos tienen que realizar sus necesidades unas en cubo y las otras en jabas de nylon que luego botan a la basura.

De igual manera, parte del pasillo que da acceso a los apartamentos de Juana Paula Izquierdo Álvarez y Ernesto Aguilera Infante, dos de los denunciantes, se desplomó, y por ahora estos ancianos resuelven el problema con unas tablas “hasta que el hueco sea más grande y no necesitemos la escalera para llegar a la calle”.

Pero, los pesares de los inquilinos de Corrales 205 no terminan aquí, en realidad se agravan pues desde hace varios años la cisterna se contaminó con las aguas albañales y tuvo que ser clausurada.

“Luego de ser clausurada la cisterna, el Gobierno nos prometió dos pipas de agua semanalmente”, aseguraba por su parte Juana, una mujer de 65 años con varios padecimientos médicos. “Eso fue el primer mes luego todo fue una mentira y ahora tenemos que buscar el agua, en cubos a varias cuadras de distancia”.

Por su parte Aguilera Infante con sus 74 años a cuestas y sus piernas operadas, al cuidado de su hija diagnosticada con trastornos psiquiátricos, asegura que en “caso de desplome no puedo salir corriendo”

Aguilera Infante además asegura haber sido combatiente internacionalista en diferentes lugares de África, pero la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) hasta la fecha no se ha preocupado en ayudarle con su problema.

Declaró Aguilera Infante que, previo a los Juegos Panamericanos celebrados en La Habana en 1991, trabajó en la construcción de las instalaciones. “Se nos prometió que, al terminar, nos darían una casa y al final vi morir en esa esquina a mi madre y a mi padre, pero la casa, al paso que voy, me moriré sin verla”.

“El único recuerdo es esta vieja medalla que me dieron”, dice mostrando el “trofeo”. Tras una breve pausa y un suspiro sentenció: “Medalla de oro… cumplí con el pueblo y con Fidel… pero Fidel no cumplió conmigo, me mintió…”

Por su parte Elio Elías Laffita Isaac, quien lleva viviendo en el edificio 60 años, aseguró a este reportero que “el peor error que se cometió luego de que intervinieran el edificio, fue que nos hicieran propietarios de la casa porque se olvidaron del edificio…”

Laffita Isaac “pagaba seis pesos mensuales nada más” por el alquiler. “Cuando se rompía algo llamábamos al dueño y él lo arreglaba, pero ahora… ¿a quién vamos a llamar si a nadie le importa nada?”

Asegura Laffita Isaac que “desde 1973 a la fecha no se le da mantenimiento a este edificio y por eso ha llegado a lo que ha llegado. Era preferible que no nos dieran propiedad y seguir pagando los seis pesos mensuales con tal de que le dieran mantenimiento al edificio”.

“Muchos de nosotros fuimos a buscar los materiales para arreglar el edificio, pero esa cantidad de pintura, materiales y cemento no se la dan a nadie y aseguraban que el cemento que tenían estaba destinado a otras construcciones”, añade.

Laffita es partidario de que “si el Gobierno tiene problemas y no puede arreglar el edificio, que nos cobre un alquiler y con ese dinero que compre la pintura y los materiales y entonces que lo arregle”.