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Una Fiesta del Chivo y un funeral del caballo

Juan González Febles, Primavera Digital

Lawton, La Habana.- La fiesta del chivo (2000) es una novela del escritor peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura en 2010. El libro se ambienta en la República Dominicana y retrata la eliminación del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y sus secuelas.

La novela es de las que atrapan y dejan sensaciones diversas de esperanza y plenitud. Los tiranos mueren inexorablemente y nadie en su sano juicio lamenta sinceramente su adiós definitivo. A los tiranos, nadie llega a amarlos con sinceridad. Los más genuflexos, quizás vivan de ellos y se beneficien con sus limosnas, pero esto, no es amor. Cuando un tirano se va, solo deja sensaciones de alivio, alegría y esperanza.

El pasado 13 de agosto, el régimen conmemoró y quiso imponer desde los medios que dispone, agasajos a nivel nacional por el 92 aniversario del nacimiento del felizmente difunto tirano, Fidel Castro. Como es costumbre, se sobresaturaron los espacios mediáticos oficiales. Lo hicieron con loas y semblanzas sobre el tirano ausente, aunque no todo lo distante que todos quisiéramos.

El domingo 12 de agosto, su recordación fue más señalada ya que como es costumbre, los represores asalariados del sicariato más representativo del régimen, la policía Seguridad del Estado (DSE) oprimió, reprimió y abuso como ya es costumbre a las dignas y valientes Damas de Blanco.

En ese entorno y desde el bodrio televisivo ‘Mesa Redonda’, se televisó una entrevista al servidor más cercano del difunto tirano. El represor emblema del castrismo, ese que logró verdaderamente ser ‘la fría y eficiente máquina de matar’, que quedara como aspiración nunca realizada para el terrorista arquetípico, Ernesto Guevara de la Serna o la Sarna o Chancho para sus más afines. Para la ocasión, se entrevistó al Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez

Se trató, aunque no fuese logrado, de humanizar la figura de Ramiro Valdés, el primer ministro del Interior del régimen, creador y responsable directo de los horrores del presidio político en Cuba, amén de ejecuciones extrajudiciales y toda la parafernalia de crueldades y horrores del castrismo, que tuvieron su inicio en la década del sesenta del siglo XX.

Cuando se trata de un tirano, no se celebra su entrada al mundo, se celebra su salida definitiva. Una copla o una rumba que se escucha entre gente de a pie en Lawton, lo dice: “Se sabe que se murió, se sabe que ya no está, que no dirá más discursos, y no nos quitará más na”.

Llama la atención que tantos cubanos dignos hayan sido engañados en su momento, cuando el tirano difunto prometía restablecer la Constitución de 1940. Hoy se vive bajo la amenaza del engendro constitucional que consagrará un capitalismo de estado fascista sin derechos ni libertades, que oprimirá aún más al pueblo y la nación cubana.

Se hará bajo la égida falsa del sucesor designado por el heredero en jefe dinástico, del poder absoluto, el general de fusilamientos, atropellos y abusos y hasta se dice de ejército, Raúl Castro. Quien funge de Primer Secretario del PCC y Presidente de la Comisión de Reforma Constitucional de la Asamblea Nacional.

Entonces, tanto ‘La fiesta del chivo’ como el funeral del caballo, son alegorías válidas para pueblos que salen o sueñan con salir de tiranos. ¡Que para bien sea!