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Un día de paseo

Martha Beatriz Roque Cabello, en Primavera Digital

La Víbora, La Habana.- Durante cualquier recorrido que se haga por la capital, se pueden encontrar incumplimientos de lo que establece la Ley, lo que pasa es que lo mismo que los ven ciudadanos de a pie, deberían detectarlos aquellos funcionarios que están ocupando un cargo vinculado con los problemas.

Me referiré a la situación de la Bandera Cubana. La Ley No.42 de 1988, que trata sobre los Símbolos Nacionales y su Reglamento, es bastante detallada al respecto, pues tiene hasta la música del Himno Nacional, las medidas de la bandera, los componentes del escudo y su forma de colocación, etc.; pero al parecer como se ha hecho vieja, no es de conocimiento de muchas personas.

En particular el trato de la bandera, la que debe colocarse con la punta de la estrella para arriba y tiene su hora de ser subida y arriada; así como la forma en que se dobla y se guarda.

De manera personal, por el amor que le tengo a los símbolos patrios, considero una gran ofensa encontrarla al revés en cualquier lugar donde esté izada. En varias ocasiones me he dirigido a distintas instituciones, incluyendo militares, para rectificarles cómo tienen mal puesta la bandera.

Con un poco de memoria puedo citar: la sede de la Seguridad del Estado, conocida como Villa Maristas; una escuela en la calle 26 y 5ta A en Miramar; una unidad de la Contra Inteligencia Militar en la calle 26, muy cerca del cine Acapulco, en Nuevo Vedado, allí tuve que ir dos veces; la tienda de divisas situada en 5ta y 42, etc. En la Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria ubicada en la calle Zanja, en el municipio Centro Habana, tuve que hablar con los dos policías que la arriaban, porque la trataron como si fuera el mantel de la mesa de su casa, después de comer.

Pero, en la esquina donde vivo, hay una Unidad Militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que atiende el municipio 10 de Octubre, la cual he visto en varias ocasiones con esta situación, por una causa u otra no había podido entrar a decirlo. Hoy se dio la oportunidad, aunque antes de la acera de enfrente de la calle Santa Catalina, donde se encuentra, tomé algunas fotos para que quedara la constancia; porque ya en una ocasión me entretuvieron en una oficina, para poder cambiarla y después decirme que estaba equivocada. ¡Imagínense una contrarrevolucionaria diciendo que la bandera está mal puesta!

El Oficial de Guardia salió conmigo hasta el portal y me expresó que era cierto que él estaba viendo la marquita que le habían hecho a la bandera para ponerla hacia arriba y que se había quedado abajo; pero enseguida dijo “allí fumé”: eso es culpa del oficial saliente. La “marquita” es una señal de que en varias ocasiones han hecho lo mismo.

Afuera se encontró con nosotros un señor mayor, al parecer ex combatiente, o del núcleo del Partido zonal, pero con mucho poder de palabra, pues se encaprichaba que estaba bien, que era el aire. Le enseñé la foto que había tomado y ahí se puso fea la cosa.

El Oficial de Guardia me reclamó que yo no podía retratar una edificación militar, a lo que contesté que lo que yo había fotografiado era la bandera.

Comenzaron a preocuparse de qué organismo yo era, con quién había venido, etc.; les dije que era una ciudadana más.

Al final el Oficial de Guardia reconoció el error y dijo que la iba a cambiar. De inmediato le rectifiqué que si la bajaba no la podía volver a subir, me contestó un poco molesto: ¡Ah, es verdad! En ese momento hizo mutis el otro personaje y se dio por terminada la conversación.

De forma general, puede decirse que no hay respeto por los símbolos patrios y hay un desconocimiento casi total de su uso, al que incorporo a los directores de escuela y a los maestros, que deberían ser los que más se preocuparan al respecto.

Cuando regresa cualquier delegación del extranjero, ya sea deportiva, cultural e incluso hasta los médicos internacionalista, bajan la escalinata del avión, con la bandera al revés  y se hacen fotos así sin que alguno de los responsables del grupo, ni siquiera se preocupe por ello.

Pero al igual que esto no interesa, así de forma general es la vida del cubano, al revés análoga a la bandera y sin saber siquiera como puede enderezarse.