Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

¿Se acabó el reinado de los Castro?

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- Finalmente llegó el día cuando no hay un Castro al frente del gobierno.

Fidel y luego Raúl Castro estuvieron 59 años en el poder, con un resultado muy diferente al que hubieran deseado: la destrucción de la nación.

Desde el pasado 19 de abril Miguel Díaz Canel es el Presidente del Consejo de Estado y de Ministros. Es un ingeniero eléctrico, de 57 años de edad. Lo habían venido mostrando y entrenando por los últimos cinco años y logró llegar incólume hasta la cúspide del ejecutivo, a diferencia de personajes ya casi olvidados como Carlos Lage Dávila, hoy desaparecido totalmente de la vida pública.

Díaz-Canel tendrá que hacer su gobierno con los ripios que le ha dejado Raúl Castro, quien se mantiene como Secretario General del PCC.

La nueva Asamblea Nacional tiene a un 48 por ciento de nuevos miembros, seleccionados desde la base. El otro 52 por ciento fue designado a dedo por el gobierno, a través de la Comisión de Candidatura. Se garantiza la mayoría absoluta en todas las decisiones estaduales donde se requiere para una aprobación tan solo con un mínimo de 51 por ciento de los votos. Está claro. El Consejo de Estado emite decretos que los diputados transforman en leyes durante sus seis días de labor anual. No tienen más que hacer que levantar la mano cada vez que haga falta.

Díaz-Canel fue electo por casi un cien por ciento de los 605 delegados, no por el voto secreto y directo del pueblo. Alguno del Parlamento no votó por él, así que ya existen enemigos, y acaba de comenzar.

Le sigue a Díaz-Canel como Primer Vicepresidente Salvador Valdés Mesa, quien cuando estaba en funciones como Secretario General de la CTC tuvo la desvergüenza de pedir a sus afiliados que se fueran a casa sin chistar si eran despedidos, pues el gobierno necesitaba desemplear a millón y medio de sus funcionarios y empleados, la tercera parte de la fuerza laboral del país, proceso que continúa hoy en silencio sin que la economía parezca mejorar, sino que más bien empeora.

Raúl Castro continuará empotrado en el trono del único partido político legal, el PCC. Desde su atalaya, continuará dando órdenes y sugerencias obligatorias a Díaz-Canel y comparsa. Tampoco se ha quitado los grados, por si acaso.

A Díaz-Canel le va a ser muy difícil gobernar más allá de las ordinariedades banales que no requieren decisiones reales, salirse de los marcos por donde se supone se deba mover, comenzar a hacer cambios importantes e impactantes dentro de la economía y la vida nacional, pero los hará. Pertenece a una generación diferente, que no hizo la guerra ni forjó al país a su manera, por lo tanto, su compromiso sicológico y real no es ni medianamente igual de fuerte.

En la medida que se es más joven, menos importa el legado de los Castro. Para comprobar esto solo hay que alejarse un poquito de las cámaras y micrófonos de los medios oficiales, propiedad del gobierno, para constatar la realidad. A la gran mayoría de la juventud le importa un bledo.

Díaz-Canel, desaparecidos los vejetes, solo entonces, podrá comenzar a gobernar, a no ser que se decida a forzar un borrón y cuenta nueva, pero para eso requerirá de mucho valor y empuje personal, y comenzar a hablar en buen cubano para que lo entiendan y le sigan de verdad por un camino totalmente diferente al trillado por más de medio siglo sin buenos resultados.

Puede hacerlo. No es como los Castro, que siempre vivieron en una concha de oro, con todo garantizado, alejados de la mundanal miseria del pueblo, a pesar de sus discursitos populacheros.

Díaz-Canel estudió en la Universidad Central de Las Villas y allí pasó hambre como todos los demás estudiantes mientras se quemaba las pestañas. Él sí conoce a Cuba por dentro.

¿Lo apoyarán? Estoy seguro.

En Cuba ocurre algo similar a lo que pasó cuando cayó la Unión Soviética. Cada día se mueven silenciosamente por nuestras ciudades autos muy lujosos que solo pueden importar los privilegiados. Cada día los dirigentes se ven más gordos y más falsos, robando cámara mientras, junto a los militares de alta graduación, intentan más o menos discretamente, apoderarse de cuanto puedan, antes de que ocurra una debacle. Hay muchos a la espera y preparándose.