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Ruteros y rateros… crónicas de viaje

Alejandro Hernández Cepero, en Primavera Digital

Mantilla, Arroyo Naranjo.- El transporte, en la Cuba “revolucionaria del hombre nuevo” constituye, como tantas otras esferas de la vida social y sin importar cuanta inyección de capital reciba, ya sea humano o técnico, una asignatura reprobada.

De manera general y en honor a la verdad, es justo reconocer que nuevas flotillas de ómnibus -rígidos y articulados- han incrementado, a lo menos en la capital, la red de transporte público.

Para “reforzar”, la creación de dos Cooperativas de Taxis Ruteros, han añadido nuevas rutas de taxis, por un lado, en autos ligeros que realizan recorridos por tramos, y por otro, con diferentes ómnibus de menor tamaño que han sido retirados del servicio al turismo que apoyan el recorrido de ciertas rutas. Y a todo esto, sumémosle el servicio que brindan los ómnibus de Transmetro.

En todos los casos, vale reconocer que constituyen una oferta económica y asequible al bolsillo del cubano promedio, el trabajador estatal, aquel que se ha convertido en mago tras poder sobrevivir todo un mes con un salario que está muy por debajo del umbral máximo de pobreza, según el Banco Mundial.

Llegado a este punto, se impone una pregunta: ¿por qué el transporte en Cuba sigue en estado de coma?

Si bien esta pregunta es imparcial y objetiva, su respuesta no sería ni de lejos la que les gustaría escuchar a todos aquellos sesudos capaces de soñar detrás de un buró: la culpa es de la corrupción imperante.

Pues sí, amigo, justo como lo leéis: ¡la corrupción! Y entiéndase con nombre y apellido: la corrupción empresarial que no es más que los delitos y faltas cometidas por una empresa o personas que están ligadas a esta y que se amparan en su relación con ella.

Permítame un ejemplo

Hace unos días, venía en un taxi rutero que cubre la ruta Mantilla – Parque Fraternidad y que pertenece a la Cooperativa # 1. Pasando La Víbora, el chofer comenzó a transportar personas de pie, es decir, violó lo estipulado oficialmente por la empresa a la que está ligada. El estrecho pasillo se llenó al punto que se convirtió en una odisea cuando llegaba la parada de cualquier pasajero.

Un señor, en un ligero estado de embriaguez y que, dicho sea de paso, había subido bebiendo cerveza, con un gesto muy amable, se levantó para ceder el asiento a una mujer con niños. Minutos más tarde, el altruista gesto había desencadenado una revuelta.

Este señor, al bajarse en la céntrica esquina de Toyo se negó a pagar el servicio recibido, el chofer respondió agrediéndole verbalmente: “borracha” y, ni corto ni perezoso el pasajero, con una excelente puntería tiró la lata de cerveza dentro del rutero razón por la cual el chofer intentó parar y bajarse para entrarse a puñetazo limpio con el pasajero.

La idea de los taxis ruteros es genial, pero como todos los proyectos de una sociedad estatizada, se quedan muy por debajo la oferta con respecto a la demanda, lo que a la postre, además de generar una insostenible perdida, hace que el servicio brindado esté muy lejos de la eficacia necesaria.

Por otro lado, las altísimas cuotas de recaudación impuestas por el estado en su afán acaparar cada vez más y más riqueza aún a expensas del sacrificio y el dolor de su propio pueblo, les impide a los choferes poder contar con una especie de estimulación legal pro-bono resultante de la diferencia entre la recaudación física y la que tienen que reintegrar terminada su jornada de trabajo.

Para rematar, topar los salarios bajo la utopía de la igualdad de clases, genera que los empleados del gobierno -y que nadie se piense que defenderé actitudes corruptas- se ven obligados a generar ciertos tipos de estrategias para solventar sus más elementales necesidades y las de sus familias.

Esta historia se repite a diario, sea la ruta que sea, da igual el horario o el día de la semana.

Lo cierto es que precisamente aquellos que supuestamente son la “vanguardia de la revolución” -entiéndase, “militantes de la fuerza dirigente superior de la sociedad y del estado” y cualquier otro “dirigente, funcionarios y empleados… que tienen la “obligación de observar estrictamente la legalidad socialista y velar por su respeto en la vida de toda de toda la sociedad”- y no cumplen con sus deberes sagrados con la patria, se constituyen igualmente por defecto, en “vanguardias de la robolución”.