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Rabo de nube

Hildebrando Chaviano Montes, en Primavera Digital

Plaza, La Habana.- Como consecuencia secundaria del paso de un tornado por La Habana, las redes sociales se hicieron eco de injusticias, prepotencia policial, tímidas protestas, monopolio estatal sobre la ayuda brindada a los damnificados, y de las pésimas condiciones de habitabilidad existentes en la capital del país.

Pero también de la solidaridad humana, del amor al prójimo, y del altruismo de los cubanos donde quiera que se encuentren. Algo que nada tiene que ver con la revolución y mucho menos con el comunismo.

Sin embargo, existe algo que sí tiene que ver con el comunismo, la neo lengua o lenguaje adaptado a las circunstancias del totalitarismo. Para el gobierno cubano, los asentamientos poblacionales alzados por medios propios en los alrededores de la ciudad ya no constituyen barrios marginales, asentamientos ilegales conocidos como los “llega y pon”.

Ahora, gracias a la neo lengua orweliana, estas villas miseria isleñas se convierten, según el noticiero de la televisión cubana, en “comunidades de tránsito” que, por supuesto, nada tienen de transitorias, pues las mismas han proliferado a lo largo y ancho de la geografía de la capital de todos los cubanos con intención de permanencia, a pesar de los allanamientos sistemáticos por parte de las fuerzas del orden, con la consecuente demolición de los precarios inmuebles y el desalojo y extradición de los ocupantes a sus provincias de origen.

Diría en su momento el líder del asalto al Cuartel Moncada “Tan grave o peor es la tragedia de la vivienda. Hay en Cuba doscientos mil bohíos y chozas; cuatrocientas mil familias del campo y de la ciudad viven hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud;”…”Un gobierno revolucionario resolvería el problema de la vivienda… demoliendo las infernales cuarterías para levantar en su lugar edificios modernos de muchas plantas y financiando la construcción de viviendas en toda la Isla en escala nunca vista, bajo el criterio de que si lo ideal en el campo es que cada familia posea su propia parcela (sic), lo ideal en la ciudad es que cada familia viva en su propia casa o apartamento”.

Ahora bien, aunque de manera oficial se habla de un déficit de más de 900 mil viviendas, las autoridades reconocen igualmente que de los 3 millones 800 mil en existencia, el 39% está en regular o mal estado técnico, el 5% en condiciones de precariedad.

Se utilizan en el país las tejas de fibrocemento, a pesar de que su uso está prohibido en todo el mundo debido a que se ha comprobado que emiten sustancias cancerígenas y que a largo plazo resultan muy costosas dado que los vientos y golpes las destruyen fácilmente, por lo que deben ser continuamente repuestas.

Una de las causas fundamentales del gran número de viviendas dañadas por la ocurrencia de fenómenos naturales, es lo inadecuado en los materiales con que se construyen (madera, fibrocemento, cartón, hojas de palma y similares). No es seguro ni rentable construir viviendas con materiales de este tipo.

Es altamente probable la ocurrencia de nuevos fenómenos similares. A seis décadas del triunfo de la revolución, lejos de desaparecer, las infernales cuarterías y barrios insalubres, estos se han multiplicado. Los campesinos afectados por los ciclones continúan viviendo en bohíos similares a los construidos por nuestros aborígenes. Las únicas cuarterías que han desaparecido lo han sido, debido a derrumbes provocados por la falta de mantenimiento, la superpoblación y las inclemencias atmosféricas.

Sirva como ejemplo que muchas de las edificaciones destruidas en Santa Cruz del Sur con el último ciclón que afectó esa comunidad, fueron las mismas casas de madera sobrevivientes del famoso ciclón de 1926. A raíz del paso del tornado, un funcionario del gobierno se atrevió a hablar de los que llamó “desagradecidos” por no participar en las alabanzas al gobierno sino criticarlo, no por su apresurada y publicitada gestión presente, sino por lo que se olvidó hacer durante tantos años.

Las edificaciones demolidas por el rabo de nube en su mayoría eran feas, viejas y estaban en pésimo estado constructivo, fue quizás un barredor de tristezas, el aguacero en venganza que cantaba el poeta.

Ojalá también algún día se cumplan nuestras esperanzas.