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Los derechos humanos de los cubanos

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- El pasado 18 de mayo, 110 personas murieron cuando minutos después de despegar del aeropuerto de Rancho Boyeros, se cayó un Boeing 737 rentado por Cubana de Aviación para vuelos locales a una aerolínea mexicana. No pudo despegar adecuadamente. Era un aparato viejo, seguramente con su secuela de desperfectos. Como otros que todavía vuelan en Cuba, construidos hace más de 30 años.

Y uno se pregunta: ¿Cuáles derechos tenían esas personas a bordo de aquella nave que acabó destrozada en un potrero sembrado de yucas en la periferia de la terminal aérea? Ahora solo le quedan los derechos de los muertos, que no sirven para mucho, por eso son importantes cuando estamos vivos y como quiera que sea hay que respetárnoslos, aunque nos parezca una tontería cuando no conocemos mucho sobre esta asignatura.

Resulta muy incómodo, por decirlo suavemente, ver como los medios oficiales, sobre todo la televisión, enfoca la tragedia y el seguimiento a los familiares de los siniestrados, como si fuera un gran logro de la Revolución, los dirigentes en primera plana, solidarizándose con los dolientes, cuando probablemente ellos sean los culpables, cuando han sumido a esta nación en la miseria, lo que obliga a las aerolíneas locales a utilizar naves defectuosas y sobrexplotadas, a saltarse mantenimientos y no disponer de los más elementales repuestos, como sucede, mucho más visiblemente, con los cacharrones automóviles.

¿Indemnizaciones? En Cuba eso no existe. Si te sucede algo es porque estabas en el lugar equivocado en el momento equivocado y punto.

Por eso, me molestó tanto ver en nuestra televisión a funcionarios del gobierno cubano expresar ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que que en Cuba se respetan esos derechos.

En Cuba, donde existen la ley mordaza y la de peligrosidad social pre-delictiva, no hay libertad de expresión, de reunión, de asociación, de prensa. Los cubanos no tenemos derecho a recibir salarios dignos a cambio del gasto real de fuerza de trabajo, salarios con los que se pueda mantener a una familia y vivir como Dios manda. No tenemos derecho a realizar protestas pacíficas y huelgas, a tener sindicatos y tribunales independientes que defiendan a todos por igual; el derecho a conocer dónde invierte el gobierno cada centavo que producimos; el derecho a informarnos adecuadamente a través de fuentes de nuestra elección, a estudiar donde decidamos y a recibir atención médica más eficiente que la que brindan en los paupérrimos hospitales cubanos.

Es una pena que uno no pueda ir a decirle estas cosas a estos funcionarios que hablan con tamaña hipocresía, conociendo perfectamente cómo se vive en Cuba. Espero que en algún momento podamos sentar a esos funcionarios ante un panel de expertos que les cuestionen su accionar y tengan que explicar, ante cinco o seis oficiales con caras de pocos amigos, por qué mienten y hacen lo que hacen, pues a todas luces saben que lo que defienden no es más que unas poco firmes patrañas con muy poca o ninguna legitimidad. Me agradaría ver a esos funcionarios que estuvieron en Ginebra defendiendo a esta dictadura, sentados ante un tribunal.

¿De cuáles derechos hablan esos funcionarios? ¿O es que se pueden autorizar algunos derechos humanos y otros no, en dependencia de la conveniencia política o la comodidad de quienes gobiernan?

Los derechos humanos para los cubanos no son iguales que para las demás personas los del resto del planeta, nosotros no necesitamos de tal tontería, gobernados como estamos por seres infalibles y autoritarios al extremo que no admiten equivocadas disidencias de mercenarios del imperialismo a quienes nunca nos han pagado nada y pasamos hambre como todos los de abajo, quienes deberían callarse de una buena vez y dejar gobernar… ¿al pueblo?