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Los colaboradores internacionalistas esclavos

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- Mañana se va mi hermano de vuelta hacia Venezuela donde realiza una misión internacionalista. Él es uno de las decenas de miles de cubanos exportados hacia diversas partes del planeta como material generador de ingresos para el gobierno. Cuba es una de las primeras naciones en utilizar la inteligencia acumulada en su potencial de capital, como mercancía de cambio contenida en un ser humano. El continente (nada que ver con la geografía) no es relevante.

Es importante que cada nación pueda ilustrar a sus ciudadanos para poder enviarlos ya formados al planeta donde se requiera de sus conocimientos y experiencia práctica una vez que sus necesidades estén cubiertas. Todo esto estaría muy bien, suena altruista y muy bondadoso, pero siempre existen sombras que empañan lo buena gente que somos.

Primero tenemos que nuestra nación desde hace sesenta años exporta en masa e involuntariamente fuerza de trabajo calificada sin poder impedirlo y esto tiene que ver con la emigración. Nuestro sistema social ha expelido de su suelo, violentando sus raíces, a más del treinta por ciento de su población, la cual ha escapado de las miserias que ha supuesto la instauración forzosa del sistema socialista, que no ha logrado para nada, mejorar el nivel de vida del nacional, a pesar de la propaganda interna que intenta demostrar lo que no existe y el excesivamente largo tiempo de su estadía. Esto ha provocado que hoy, unido a la sostenida muy baja natalidad bien por debajo del índice de decesos, Cuba se convierta en un gigantesco asilo de ancianos. Un aspecto sobre el cual los medios oficiales han mostrado la preocupación del ejecutivo, dentro de poco no habrá quien trabaje para sostener a quienes no pueden hacerlo ya. Esta es hoy una situación grave, otro problema que se suma a los muchos, sin tendencias a revertirse en el futuro inmediato, de continuar el mismo sistema sociopolítico y los mismos gobernantes obstinadamente ineficientes.

Segundo, tenemos que esta novedosa categoría de mercancía llamada Inteligencia-Destreza Acumulada es un valor inmaterial intelectual por el cual nuestra nación recibe ingresos cuantiosos en el orden de miles de millones de dólares. En este comentario no se presentan cifras, pues como ya he explicado y los lectores deben conocer, nuestro gobierno no aporta, de forma pública o desclasifica detalles estratégicos o ninguna cifra sobre su comercio exterior, sobre dónde invierte el dinero que ingresa y si lo hace, siempre existen dudas sobre la veracidad de los datos como cuando unos años atrás publicó al mundo que nuestro país había crecido repentinamente un doce por ciento, lo cual trajo a la isla expertos para ver cómo se había producido tal milagro que no fue más que otra mala historia de nuestro ejecutivo gobernante. Como cuando por la misma fecha reclamó que se le otorgara la sede de la Olimpiada de 2012 ( la inglesa que costó más de doce mil millones de dólares hacerla).

La experiencia práctica nos muestra que esa enorme cantidad de dinero que diversas naciones, como pagaba Brasil con su programa de Más Médicos, muchas veces ni siquiera ingresa a nuestras fronteras. Es gastado en las famosas operaciones de neopropaganda política como la llamada Operación Milagro, o ingresa y se malgasta en la enorme Elam, etc., como ya se ha explicado en comentarios anteriores.

Imagínense que Cuba tiene dispersos, también en detrimento a los que se quedan, colaboradores en ahora sesenta y seis naciones del planeta. Algunas de ellas muy ricas, como lo son hoy Angola y Sudáfrica. No solo son médicos, mi hermano es un simple educador de cultura física y por allá está. Creo que nuestro gobierno exporta desde militares, científicos, profesionales, hasta barredores de calles si se los compraran, pues buenos los tenemos.

El problema reside en la lista de prioridades que tiene planteadas el ejecutivo en la asignación de presupuestos para el desarrollo y los gastos internos. Los alimentos y los salarios no están entre las primeras. Son para ellos gastos dispensables, diferibles, mientras otra cosa nos grita nuestra realidad inmediata en cada hogar.

Pero todavía hay más. Todas esas especulaciones que ilustran lo que muchos conocen, no son todo lo malo. Creo que lo peor es analizar las condiciones como esos trabajadores se alejan de sus familias y su nación, pues son tristes exponentes de lo que Herbert Spencer calificó de la Nueva Esclavitud allá por el siglo diecinueve. A estas personas mientras laboran en otra nación se les ingresa en una cuenta personal en el banco un máximo de doscientos veinte pesos CUC mensuales, se les deja sus salarios completos en CUP a sus cónyuges o familiares allegados, o se les ingresa también en el banco, y se les paga una miseria en el extranjero donde están, para que subsistan como puedan.

Algo diferente y verdaderamente humanista que se podría hacer es continuar exportando la inteligencia creada, pero permitiendo a las naciones extranjeras pagar directamente (mediante contrato individual) a los nacionales que acudan a colaborar. Nuestro gobierno recibiría ganancias por los normales impuestos conocidos como los del ingreso anual y tal vez otros, no los leoninos y extorsionadores de hoy día.

Por eso es necesario una transparencia absoluta en nuestras finanzas, un sitio Web donde los nacionales puedan acceder para al menos conocer donde se invierte cada centavo que generado por los cubanos con nuestro sacrificio y sus resultados. Un periódico económico semanal, por ejemplo, donde se impriman todos los datos económicos y sus proyecciones, análisis, o ambos, etc. Ese es nuestro derecho absoluto, pues es nuestro dinero. Nosotros producimos ese efectivo-capital. El gobierno no es más que un instrumento administrativo a nuestro servicio, que nosotros supuestamente elegimos cada cierto tiempo, aunque ellos pretendan o asumen otra cosa.

Hoy más de once mil galenos retornan de Brasil donde estaban en una Misión muy lucrativa para el ejecutivo. El gobierno transformó la noticia en un gran triunfo del pundonor nacional y como tal, la venden a los cubanos sin mencionar la calamidad de la merma en cientos de millones de dólares que dejarán de ingresar en las carcomidas arcas oficiales. Incluso, para ser buenos, les permitirán a los retornantes de la tierra carioca considerar como Menaje a todo lo que hayan podido adquirir con sus centavos y así, no pagarán impuestos en la aduana nacional cubana al ingresarlos.

Los venezolanos se asombran y se interesan en conocer cómo mi hermano logra sobrevivir allí con apenas un puñado de bolívares fijos al mes, que no le alcanzan ni para comer todos los días, sin contar con la galopante inflación y aun así traer algo de pacotilla para su familia dentro de Cuba.

Con el dinerito ahorrado, aquí pretende terminar de construir su casita en esta isla. Esa fue su principal motivación para ir a aventurarse en los montes venezolanos. Su única vía para lograr el dinero que de otra forma no lograría reunir ni trabajando veinticuatro horas los siete días de la semana, toda su vida.

Él está en un estado venezolano cercano a las montañas. Allí existen grandes granjas donde se crían burros para el trasiego de mercancías por los vericuetos de las elevaciones, como en Cuba. A veces estos se escapan de las cercas y los vehículos los matan. Hace unos años se podía leer grandes señales de tránsito donde se leía; Cuidado. Burros en la vía.

Hoy han cambiado estas señales y ahora dicen: Burros, cuidado. Cubanos en la vía.

Los venezolanos no comen burros. No lo necesitan. Los cubanos sí, mi hermano entre ellos.