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La nueva Constitución

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- A inicios de este mes de junio, durante una reunión de la Asamblea Nacional, se anunció oficialmente que se va a renovar la Constitución vigente desde 1976 y modificada en 1992 y 2002.

Este documento rector de la vida de nuestra nación adolece de muchas lagunas y omisiones, así como muestra nefastas e irreales adiciones posteriores a su redacción, como la del socialismo irrevocable.

No es mi interés en este comentario analizar la vigente Constitución, para ello se requeriría un largo ensayo.

El presidente Díaz-Canel ha dicho que se mantendrá el socialismo, pero se intentará hacerlo más inclusivo.

Díaz-Canel tiene la clara consciencia de que hay que cambiar muchísimas cosas para sacar a esta nación del hueco donde se encuentra.

Las primeras señales positivas comienzan a verse y esta reforma constitucional podría ser precisamente una de estas, la más importante.

Lo negativo es que estos cambios ya se inician lastrados, pues el presidente de la Comisión que redactará el borrador de la nueva constitución es Raúl Castro, y de él ya no se puede esperar algo diferente de lo que ha hecho hasta ahora.

Quienes van a redactar este importante borrador serán los mismos que hoy gobiernan e intentarán a toda costa que no se les vaya el poder de las manos. Los cambios serán mínimos y no realmente importantes. Al ritmo que estos “compañeros” van a elaborar los nuevos parámetros oficiales de la vida nacional, se necesitarían otras diez o doce constituyentes para llegar a tener diversos partidos políticos, libertad de empresa y todas las otras libertades que se nos conculcan, así como la aceptación e implementación total y no mutilada de los derechos humanos universalmente reconocidos como inalienables para todos.

Una Constitución casi igual o muy parecida a la aún vigente, aparte del enorme gasto inútil en estos momentos de hambruna, tendrá la sola función de intentar aportar legitimidad al nuevo gobierno.

Importante, tal vez imprescindible, sería que para confeccionar este borrador para una nueva Constitución se convocaran a todas las organizaciones políticas, ilegales o no, existentes dentro y fuera de Cuba para que enviaran a la Comisión Principal su borrador con todo lo que cada organización considere que es necesario incluir. Lo mismo debería hacerse con cada ciudadano que tenga algo que decir, incluir o cambiar. Entonces, una vez revisadas, condensadas, graficadas, extractadas y sintetizadas todas las propuestas realistas, confeccionar este importantísimo documento con todo lo que el cubano piense, no importa dónde esté o quien sea, pues este documento estará hecho para regir nuestras vidas en lo adelante y por tanto nos pertenece decidir a todos, no tan solo a un pequeño grupo de burócratas interesados.

Lo que no se incluyera de lo propuesto por la gran masa previamente publicado, tendrían que explicar exhaustivamente ante los medios nacionales cuáles razones llevaron a su no inclusión.

Eso de hacer un país más inclusivo conlleva a cambios enormes, como por ejemplo, el derecho a huelga, una conquista obrera; permitir organizar medios de comunicación no oficiales, cosa que ya existe de todas formas y que continuará aumentando a pesar de los intentos por frenarlos, gracias a las cada vez más rápidas maneras de informarnos en forma alternativa y masiva. Esto conlleva a que aquel que disiente públicamente de la política oficial no se transforme automáticamente en un vende patria, un contrarrevolucionario o un “disidente”, con esa connotación de antipatriota que el Newspeak castrista le ha dado a ese término.

Los que redactarán un documento a priori, en una oficina, siempre de espaldas a la realidad nacional, ignorarán a ese tercio de la población cubana que reside fuera de nuestras fronteras, precisamente porque ellos mismos intentaron pensar por el pueblo, sin escuchar y sin tener en cuenta realmente a todos.

¿Dónde está aquello de Martí de “con todos y para el bien de todos”?

Dicen que el proceso de consulta se hará después, pero como ya hemos visto, eso nunca funciona en la realidad pues las propuestas públicas nunca se extractan y se incluyen en un documento ya hecho según las intenciones e ideas de quienes han vivido toda su vida en posiciones confortables a pesar de la mala vida de la inmensa mayoría de los nacionales.

Para una Constitución como la que necesitamos en esta nueva etapa de cambio definitivo hacia una nación con una economía sustentable, eficiente e inclusiva, habría que hacer borrón y cuenta nueva. ¿Será ese el caso?