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La inamovilidad del PCC en la Constitución de la Nación Cubana

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- ¿Y qué hay si el Partido comienza a cambiar? En el Proyecto de Constitución que se discute en uno de sus primeros párrafos se especifica que el Partido Comunista de Cuba es la institución rectora de la política, la ideología y la vida de la nación, el único legal con todo el aparato administrativo y ejecutivo del estado en sus manos para hacer todo lo que se propongan, incluso ordenar a la nación suicidarse como cuando a Fidel en su locura se le ocurrió pedirle a Jruchov que disparara contra USA (1962) los misiles nucleares disponibles y operacionales en Pinar del Río. Nos salvó el pequeño detalle de que este armamento era operado solamente por soldados y oficiales rusos. El Che Guevara estaba a buen recaudo en la Cueva de Los Portales. Fidel y Raúl pretendían estarlo en el túnel que se construyó entre la sede del Gobierno y el edificio del MINFAR del cual jamás se ha hablado. Algún día se sabrá qué tenían y que tienen allá abajo.

El PCC cuenta hoy con un poco más de ochocientos mil militantes en total, si acaso es el ocho por ciento del total de la población cubana. Es una organización selectiva con una ideología y un accionar regido por el Centralismo Democrático que dice, entre otras muchas especificidades, que cada miembro tiene que acatar las orientaciones, órdenes y directivas que vienen de arriba sin chistar, aunque usted sea de una opinión diferente o contraria. Se tiene que callar y obedecer, como un soldado.

Este PCC es el corazón ideológico de la nación, el celoso controlador del camino de todos los cubanos hacia el socialismo gústeles o no.

Este partido, como todos en este planeta, está conformado por seres humanos volubles, cambiantes, en ocasiones indecisos, víctimas de sus propias necesidades espirituales y materiales, que pueden cambiar de la noche a la mañana de palo pa’ rumba para dejarnos con la boca abierta.

Entonces, ¿qué sucedería si la cúpula de este PCC, unos siete u ocho individuos, incluso con uno solo bastaría, de repente cambiaran ligera o drásticamente de dirección ideológica? Como ha sucedido ya en muchísimos casos. El más reciente, el del supuesto comunista ecuatoriano Lenin Moreno.

Los comunistas de corazón no los podríamos quitar o sustituir. Están en la Constitución y tienen el control de todo legalizado y sellado. ¿Qué harían entonces? ¿Esperarían al próximo Congreso y reclamarían otra Constitución?

A los vejetes que están ahí nadie los pudo tocar y en sesenta años, los cambios fueron solo los que ellos permitieron. ¿Qué hay si a nuestra nueva cúpula dirigente, inamovible y sin oposición por Constitución, le diera por querer parecerse a los comunistas genocidas de Pol Pot de aquella Cambodia a la que por poco borran del mapa? ¿Alguien garantiza que de verdad estos muchachos no van a cambiar? Son al final tan seres humanos como este autor, o como cualquiera.