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La Feria del Libro: más de lo mismo

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- Para comentar sobre la Feria del Libro de La Habana, como es algo que se repite cada año casi exactamente igual, podría buscar el artículo del año pasado, el antes pasado o el de algunos años atrás y nadie lo notaría.

Es más de lo mismo: montones de libros de contenido político apologético del sistema, textos que casi nadie compra.

Hubo estupideces como por ejemplo, “Impronta de Fidel en la Agricultura”. Si se buscan los datos de nuestra economía, a pesar de lo falseados que están, uno se percata de que lo que hizo Fidel Castro fue acabar con la gran producción ganadera que tenía Cuba antes de 1959, cuando había una vaca por persona. Hoy casi nadie come carne de res, excepto los dirigentes y unos pocos privilegiados.

Hubo otro, “Ahí viene Fidel”, con más de quinientas fotos del recorrido del cortejo fúnebre de Fidel Castro. Lo presentó, como una gran cosa, el ministro de Cultura, Abel Prieto.

También había una autobiografía de Evo Morales y varios libros venezolanos. El gobierno de Venezuela, como el de Cuba, utiliza los libros para diseminar no tan sutilmente su propaganda política, puro proselitismo.

En esta Feria del Libro, como en otras muchas anteriores, el noventa por ciento de las obras presentadas son impresiones, reediciones y reimpresiones de textos políticos, muchos de autores desconocidos y en muchos casos malísimos, pero muy amables con el gobierno, que es quien decide y financia qué se imprime y se autoriza a vender en Cuba.

El dinero con que se financia esta propaganda es el que produce el propio pueblo, que se ve manipulado por el gobierno en detrimento de la calidad de los textos que recibe.

Existen disponibles muy pocos textos como el libro 1984 de George Orwell, impreso aquí el año 2016 y sacado a buchitos en las dos últimas ferias, pero hay que tener suerte para hallarlo a la venta. Me arrebataron de la mano el último ejemplar de 1984.

¿Libros buenos? Casi ninguno.

Escuché decir a uno de los empleados que los pocos libros de valor se venden en la primera hora después de la apertura de los salones.

Los precios de los libros han ido subiendo lenta pero sostenidamente. Hoy un libro cuesta entre quince y veinte pesos, lo que equivale a un día de trabajo.

Un hecho que da fe de que siempre existen funcionarios inteligentes, es la rebaja de precios de algunos títulos de poca salida. Pero aun así, como son apologías del socialismo, muy pocos los compran.

Me pude haber ahorrado el viaje a la Feria del Libro. Pero continúo esperanzado de que algún día me sorprenderán.