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            La discrepancia, la disidencia, la oposición  

Tarea pendiente para los cubanos de hoy

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- Algo que todavía nos falta y que resulta una esfera primordial, importantísima para la vida del cubano es el funcionamiento de la economía. A pesar de todas las otras prioridades que se pudieran esgrimir, la principal carencia es la de una gestión económica que beneficie a todos, pero que, a pesar de todas las excusas que esgrimimos, como el socorrido Bloqueo-Embargo, no logramos ni lograremos hacerla avanzar, si no colocamos leyes adecuadas que promuevan el esfuerzo personal, la iniciativa privada y corporativa, la competencia feroz, la posibilidad de hacer dinero e invertirlo, de poseer y acumular propiedades, con leyes y reglamentos que protejan a estas personas y compañías de todo tipo que intenten echar a andar a esta nación, así como al capital que se invierta nacional o foráneo. Los bancos tendrán que funcionar como efectivos centros de créditos y financiamientos reales para estos emprendedores.

La Economía estatal planificada ha demostrado en sesenta años que no funciona debido a la gran cantidad de leyes, reglamentos y disposiciones contradictorias que si bien tienen un discurso pro liberalización hacia la gestión privada, actúan en la práctica de forma totalmente contraria, a un nulo sentido de pertenencia de sus directivos, a la casi imposibilidad de mejorar ni de introducir reformas en las empresas, tampoco de comerciar directamente con el extranjero, etc. Esto está claro.

Las empresas estatales no funcionan ni siquiera gastando un mínimo en los muy bajos e ilegales salarios, ni siquiera con la protección y el subsidio del paternalista Estado. Esto es una tarea pendiente tanto del actual, como de futuros gobiernos.

En segundo lugar, y no por eso menos importante, tenemos que nuestra sociedad va imponiendo cambios hacia una mayor inclusión y respeto por las personas que componen nuestra nación, todas ellas.

En 1985, debido a las conversaciones con Frei Beto y tal vez a otros procesos de maduración personal, Fidel expresó en público, con plena conciencia de lo que estaba haciendo, que podían haber religiosos que fueran buenos patriotas. Esto después de que por dos décadas y media se había masacrado a los católicos y demás, mientras una de las primeras preguntas que invalidaban para cualquier trabajo o cargo era si se profesaba alguna creencia religiosa. Hoy los religiosos forman parte del gobierno, aunque aún existen conflictos serios.

Ya para mediados de los noventa, diez años después, llegan los homosexuales a nuestra escena pública. Dentro de una nación extremadamente machista, comenzando por sus líderes históricos y actuales, este segmento de la población va ganando protagonismo y puestos de decisión, así como de directivos en los medios que los han sacado al primer plano del debate público.

Lo impensable, hoy los homosexuales hacen Paradas y desfiles por las avenidas Prado y 23 sin que las fuerzas represivas les caigan a palos y los arresten. Ya se pueden reunir frente a la antigua agencia Fiat, o en cualquier lugar que ellos elijan, y nadie los molesta. Al contrario, la policía los protege cuando recordamos perfectamente a las UMAP, a los sucesos homofóbicos oficiales no muy lejanos que hicieron de la existencia de un escritor como Reinaldo Arenas un suicida exitoso en la flor de su existencia. Está pendiente el referendo sobre si se permite el matrimonio igualitario o no. Ha contribuido mucho en esto el que la hija del Jefe de Estado y Gobierno Raúl Castro, sea quien los defiende a capa y espada con su Cenesex.

La otra tarea pendiente es la aceptación de los disidentes, de aquellas personas que pensamos diferente a lo que orienta el gobierno. Ya en los resultados de la votación en el referendo para la aprobación de la nueva Constitución hoy vigente quedó demostrado que un millón quinientos sesenta y tres mil cuatrocientos treinta cubanos (1563430) son disidentes. Así será al contar legítimamente aquellos que no fuimos a votar, anulamos las boletas, o votamos por el No. Eso es una minoría, pero una minoría enorme. Un 23 por ciento de los votantes. Un quinto de la población total de la isla.

Pero precisamente uno de los derechos que nuestra novedosa Carta Magna olvidó consignar es el derecho a la no existencia de discriminación por actitudes políticamente erradas, siempre según la oficialidad. A pesar de todos los avances sociales dentro de Cuba que se narran por acá, el gobierno no acepta categóricamente congregaciones religiosas disidentes de ningún tipo. Las persigue y las reprime con fuerza.

Ni el Cenesex, ni ninguna otra organización oficial, ni semioficial Gay acepta homosexuales disidentes, solo algunas privadas como Shui Twics y Puertas Abiertas.

Políticamente disentir en esta nación aún es materia de ofensa pública, de delito, de marginalidad y objeto de represión brutal, según la conveniencia de nuestro ejecutivo. Que aún esgrime aquella manida excusa de la Seguridad Nacional que tan bien viene a mano, a todos los dictadores.

Se han obtenido logros fundamentales y avances dentro de nuestra sociedad aún con este gobierno totalitario e intolerante a bordo. No escatimemos esfuerzos para que lo último sea aceptado y nos acercaremos a la regularidad de todas las demás naciones del planeta.

Este enorme fragmento de la población, esta minoría gigante que se expresó en las urnas, necesita tener acceso pleno a los medios (que supuestamente son de todos) para exponer su criterio y que se lo respeten. Nada de tolerancia y de aceptación pasiva. El Estado Cubano tiene que dar a la oposición de todo tipo el lugar que le corresponde dentro de esta sociedad.

Después veremos quién triunfa en unas elecciones libres, directas y secretas. Pero esto es aún otra tarea pendiente, entre las muchas que tenemos por delante.