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La Contra

Jorge Luis González Suárez, en Primavera Digital

Plaza, La Habana.- Mis desaparecidos padres contaban que de niños durante los tiempos de las vacas flacas en la República, los enviaban a comprar ciertos mandados a la tienda o bodega del campo. Allí iban con un medio para pedir 3 centavos de café y 2 centavos de azúcar. Siempre se les recordaba que debían decir al bodeguero: “deme la contra de sal”. La contra era denominada también, ñapa.

Esta frase escuchada muchas veces por adultos mayores de edad, resulta algo que obliga a pensar. ¿Cómo obtener con tan poca cantidad de dinero dos productos y además recibir uno gratis? En los instantes actuales esto parece inconcebible o cosa de locos. El costo de la vida es tan elevado que resulta muy difícil creer esta situación.

Trato de imaginar a mi abuelo materno con su familia de 12 hijos, además del matrimonio y mantener a todos en su casa con los 20 centavos diarios que ganaba en el corte de caña. La prole de abuelo paterno era menor y con mejor nivel de vida, pero no escapaban a esta fórmula.

Durante mi generación, los menores iban con el padre o la madre a comprar la factura del mes. Allí el dependiente siempre nos daba algunos caramelos o golosinas, mientras atendía al familiar comprador. Era también una costumbre que al finalizar la adquisición de productos añadiera algo de regalo y dijera: “…esto va por la casa”.

La imagen se repetía también cuando íbamos a las tiendas de ventas con mercaderías variadas. Era frecuente que el dueño obsequiara algún producto o diera a los menores juguetes pequeños. Era casi una tradición tener la atención con el cliente, pues esto formaba parte de la promoción que hacía el establecimiento.

Vienen a mi memoria lugares donde recibí ciertos modestos presentes. Uno de ellos es La Casa de las Liquidaciones, hoy llamada Alborada en la calle Monte. Su propietario fue un guajiro avispado y emprendedor que logró tener dos comercios similares, La Casa de 1, 2, y 3 centavos en Reina y Belascoaín, actual Yumurí y la antes mencionada.

Ahora como la mayoría de los lugares pertenecen al estado, los dependientes se ven atados de pies y manos sin poder brindar nada de forma gratuita, aunque si resulta posible, que lejos de dar, te quiten o roben parte del producto. Hoy nada más que los cuentapropistas se permiten acciones similares a las hechas por los pequeños empresarios particulares de antaño.

Las grandes empresas con mayor capacidad de atención, realizaban fuertes campañas publicitarias para brindar ofertas de precios. Esta variante que es la manera más difundida en el mundo moderno de aplicar la gestión comercial, cumple con la idea básica de la contra.

Aquellas personas más jóvenes no conocen esta forma de atraer consumidores. Tanto las tiendas pequeñas como los grandes bazares usan en el exterior este tipo de gancho que resulta muy útil para conquistar nueva clientela.

Un somero análisis del asunto lleva a determinadas conclusiones. Los pequeños negociantes aplicaban un marketing espontáneo sin ningún tipo de estudio sobre dichas leyes. Cumplían con el principio básico de esta filosofía: Satisfacer necesidades y deseos del interesado para la obtención de beneficios por ambas partes.

Una explicación sobre las posibles pérdidas que tendría el comerciante, queda justificado con los costos de los artículos, los cuales dejan márgenes de ganancia que permitían estas entregas como gratificación a la fidelidad del marchante.

Queda así bien claro como el servicio del capitalista es superior al socialista. La pérdida de la contra, va en contra de todos los cubanos de a pie, en nuestros días.