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La Asamblea Nacional, una oficina del Partido Comunista

Poco importa quién suba al podio

Jorge Ángel Pérez, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- El Granma, diario oficial del Partido Comunista de Cuba, anda muy ocupado mostrando, a los cubanos que lo leen, a esos que “podrían” ser diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Y para “ilustrarnos” revelan sus rostros y dan algún detalle de su biografía, esa que no va más allá de la edad, la militancia política, el nivel escolar, y su desempeño laboral. Unas líneas, una foto, y nada más.

El recuento del Granma comienza en Pinar del Río, en su más occidental emplazamiento. El municipio de Sandino abre su candidatura con Caridad Diego Bello, miembro del Comité Central del Partido Comunista y jefa de la oficina de asuntos religiosos de ese organismo político que es rector de la vida cubana. No sé cuántos sean los pinareños que conocen a esta mujer, formada en Filosofía Marxista en la extinta Unión Soviética, y a quien veo a menudo, en la televisión, acompañando a autoridades religiosas cubanas y extranjeras, con una apariencia de beata que nos podría hacer creer a algunos que hasta tiene fe en Dios.

Las fotos de los diputados que publica el diario son tan minúsculas, y tan pésima es su impresión, que resultará muy difícil retener el rostro de los posibles diputados, esos a quienes no veremos más allá de la televisión o de esas desvanecidas fotitos que podrían terminar cerca del inodoro. La información que acompaña la imagen es breve, lacónica en extremo, y nos advierte los nombres, edades, desempeño laboral, y filiaciones políticas. Nada más. Eso es lo que por ahora, y para siempre, sabremos los cubanos de quienes pueden tener un asiento en ese que, según dicen, es el “gobierno del pueblo cubano”.

En el municipio de Corralillo, en Villa Clara, nominaron, sin que sepamos por qué, a la vicepresidenta de la Asamblea Nacional, aunque ella naciera en Calabazar de Sagua, mientras que en el municipio habanero de Plaza de la revolución se escogió, entre otros, a una mujer heterosexual que es directora del CENESEX, y que está muy “ocupada” en la “defensa” de los derechos de gais y lesbianas, sin que consiguiera hasta hoy un matrimonio igualitario para todos y mucho menos reivindicar a quienes sufrieron tantas vejaciones de manos de esa “revolución” que ella representa y defiende. Mariela tiene muy singulares apellidos, “Castro y Espín”, de gran “arraigo” en la política cubana de los últimos sesenta años. Y no tengo noticias de que ella viva en el municipio Plaza, y lo peor es que de ella solo sé lo que dice el Granma.

Ese es el “gobierno del pueblo”, en el que el pueblo no elige nada, y en el que tampoco nomina. Ese “gobierno” en el que solo será elegido, y no por decisión del pueblo, quien sea comunista, quien convenga a ese gobierno comunista. ¿Qué sabemos los cubanos de esa candidatura? ¿Acaso suponen que con tres líneas se conoce a un diputado, a un “posible” jefe de Gobierno? A mí me encantaría saber con quién vive y en qué lugar, si el techo de su casa tiene filtraciones, y si le falta el gas o el agua. ¡Quiero saber sus gustos! ¿Qué comen? ¿Tienen tiempo de hacer cola en la bodega? ¿Son buenos padres? ¿Qué piensan del racismo y la homofobia? ¿Montan guaguas?

Yo quiero saber en qué lugar vacacionan, y si los intoxica la langosta. Quiero saber qué piensan del exilio cubano, de los médicos que contrajeron enfermedades, y de los abandonaron alguna misión, y también si son capaces de reconocer las razones que los llevaron a cometer esa “traición”. Yo quiero saber qué piensan de los gobiernos populares y de su populismo. Yo quiero elegir, y de verdad, alguna vez. Me gustaría preguntarles por la demagogia y el populismo de esos “gobiernos populares” que los hace ostentar tanto, fanfarronear.

Confieso que me encantaría mirarlos debatiendo, sobre todo ahora que van para el Capitolio, y donde hay espacio para que el pueblo participe en sus debates, y los interrumpa, y los increpe. ¿Estarán dispuestos esos “diputados que el pueblo elige” a debatir y decidir así? Creo que no, porque como nos enseñó Herodoto desde hace tanto, un gobierno así sería bueno si no terminara en la degeneración, si no se viera obligado a recurrir a la demagogia para sobrevivir.

Resulta que en Corralillo, en Camagüey, en La Habana Vieja, en Plaza, los cubanos no decidirán nada, solo aceptarán, o simularán creer que algo de su determinación se tuvo en cuenta. Y poco importa quién suba al podio, quién discursee, porque la demagogia será otra vez el signo distintivo en cualquier localidad, en cualquier tribuna; porque no elegimos a ninguna de esas voces que sermonean en las tribunas, porque no elegimos a un gobierno que sea capaz de poner frenos al poder.