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¿Inversión extranjera?

Abdel Legrá Pacheco, en Ptimavera Digital

“No quiere a su pueblo el que le ahoga su capacidad”. José Martí: O C, 2. 215.

Plaza, La Habana.- “Hay que ser creativos y correr riesgos, sin afectar nuestra soberanía”. Esa es la receta del sobreviviente para convertir el socialismo en próspero y sostenible.

Queda evidenciado el interés de las autoridades cubanas en continuar apostando por el gran capital financiero internacional y no por las capacidades de su pueblo.

El interés desenfrenado porque el capitalismo salve al socialismo cubano, denota la poca capacidad de este sistema, que pasados 59 años todavía tiene que acudir al capital generado por “el neoliberalismo” y “el imperialismo” porque no es capaz por sí mismo de crear algo que sea eficiente y sostenible.

El socialismo cubano, durante su existencia, ha tratado de hacerse el defensor de los humildes, pero solo hemos visto derroches, desidia, chapucerías y prohibiciones de todo tipo.

Ahora, la estrategia es que el gran capital financiero internacional sea el que resuelva nuestras penurias. Los inversionistas extranjeros pueden venir a Cuba, traer sus capitales para poder continuar enriqueciéndose, pues ninguno de ellos viene de forma altruista, todos vienen para continuar haciéndose más ricos. Pero los cubanos no pueden aspirar a acumular riquezas dentro de su propio país.

Esos inversionistas extranjeros no tienen ningún derecho dentro de nuestro territorio, solo a invertir y llevarse sus ganancias; no pueden hacer reclamos sociales ni estructurales de ningún tipo ante las autoridades porque inmediatamente los anularían.

Un cubano con capital financiero sí tendría derecho y sí podría exigirle y reclamarle al estado ineficiente. Por eso de que los cubanos no podemos aspirar a hacernos ricos ni podríamos aspirar a invertir en nuestro territorio el dinero que con tanto esfuerzo y sacrificio han obtenido los cubanos radicados en otras latitudes.

Un cubano con derechos pondría en jaque la soberanía de la casta gobernante. Por eso existe una Ley de Inversión Extranjera, y nuestros compatriotas radicados en otros países no puedan invertir en su país.

Muchos otros países han logrado prosperidad y niveles de desarrollo sostenibles gracias a sus emigrados.

A un extranjero capitalista no le importa lo que suceda en nuestro país, solo le interesa llevarse sus ganancias y hacerse mucho más rico con nuestras penurias, como lo hacen normalmente.

No entiendo cómo puede existir un capitalista bueno extranjero que quiera invertir y hacerse rico en nuestro país y que los cubanos no podamos aspirar a ser también esos capitalista ricos y buenos que necesita nuestro país.

El enunciado de “hay que ser creativos y correr riesgos, sin afectar nuestra soberanía”, deja claro que están pataleando en un abismo, pero no quieren ver la solución a nuestros problemas. Somos nosotros mismos, los cubanos, los que tendremos que hallarlas, y no será con patrioterismo y consignas ideológicas.

Nuestro Apóstol, hombre de gran luz nos dejó varios avisos importantes. Les cito algunos. Y saque usted sus propias conclusiones.

“Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre, pero en lo común de la naturaleza humana se necesita ser prospero para ser bueno”.

“Pero los pobres sin éxito en la vida, que enseñan el puño a los pobres que tuvieron éxito; los trabajadores sin fortuna que se encienden en ira contra los trabajadores con fortuna, son locos que quieren negar a la naturaleza humana el legítimo uso de las facultades que vienen con ella”.

En carta dirigida a su amigo Fermín Valdés Domínguez, acerca de los trabajos que realizaba a favor del socialismo, Martí expresó: “Una cosa te tengo que celebrar mucho, y es el cariño con que tratas; y tu respeto de hombre, a los cubanos que por ahí buscan sinceramente, con este nombre o aquel, un poco más de orden cordial, y de equilibrio indispensable, en la administración de las cosas de este mundo. Por lo noble se ha de juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras, el de las lecturas extranjerizadas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados.”

A la muerte de Marx, Martí escribió: “Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor… Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias temerosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros”.

Y recordemos aquella advertencia: “La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie”.