Cubanálisis - El Think-Tank

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Habla de pelota

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- “¡Habla de pelota, mi hermano!” -Suele decirle a otro algún contertulio, en una forma irónica que debe enfatizar su doble sentido, cuando la discusión se pone caliente y el tema central de una conversación comienza a tratar los aspectos más candentes de nuestra política oficial y a criticar los enormes problemas nacionales.

Esta advertencia-solicitud hecha por un colega a otro, por un militar a otro, por un comunista a otro de la misma ralea, es expresada cuando hay moros en la costa, es decir, cuando las palabras dichas pueden ser escuchadas por la persona equivocada e interpretadas de manera dañina para la integridad sicológica y física de quien emite los conceptos controversiales.

También tiene mucho que ver con el lugar y el momento dónde se emitan los juicios delicados.

Delicado puede ser cualquier cosa que uno diga que no guste o esté fuera del discurso oficial que es constantemente emitido por nuestros medios para que quede bien grabado en las mentes de los escuchas televidentes, o los lectores de nuestros muy malos y escasos periódicos impresos.

No se puede criticar lo que hace mal nuestro gobierno, nada que decir de las enormes inversiones de dinero fuerte que hace en la neopropaganda política como la Elam, las Operaciones Milagro, etc., cuando nuestro pueblo pasa hambre literalmente y predomina un desabastecimiento general en todos los tipos de tiendas oficiales o no.

No es posible comentar lo pésima que está la programación de una televisión donde no se puede decir al aire casi nada y el noticiario estelar solo hace leer un guión en el telepromter escrito dos horas antes, no hay últimas hora; diez canales para aburrirse; no se puede acceder a muchísimos sitios web por censuras gubernamentales y un lentísimo servicio cuando se consigue, no hay un libro que sirva en las librerías, y así un enorme etcétera.

“¡Habla de pelota, compadre!” -Nos insistiría un amigo calladamente temeroso de que algún oficial de la Seguridad del Estado o de otro cuerpo militar, paramilitar, o un chivatón profesional, pueda estar escuchando y reporte nuestra actitud al centro de trabajo o a lugares más tenebrosos.

La pelota, un poco menos el fútbol, y en muchísimo menor escala otros deportes, son los únicos temas donde se puede estar discutiendo acaloradamente en público, exteriorizar las convicciones con total descuido sobre quién pueda estar escuchando pues nadie se va a molestar, nadie va a políticamente desconfiar. Es sobre lo único que nuestra población se atreve a expresarse libre y apasionadamente sin ser conspicuos o sospechosos de derechismo u otra cosa rara a los oídos de los escuchas archi-comunistas de costumbre, que abundan como la verdolaga, generalmente oportunistas a la caza de puntos o palmaditas en la espalda de jefes y superiores.

El apasionamiento llega a tal punto que se generan las famosas esquinas calientes como las del Parque Central, donde quien llega a presenciar la algarabía y los tonos, las voces altas, y no conoce esta característica de que les habla por ser extranjero, puede asustarse y llegar a pensar que los discutidores están a punto de caerse a piñazos, a puñaladas, o si tuvieran algún arma de fuego, iban a abundar los muertos. Se dicen las mayores ofensas y no pasa nada, nadie se ofende de verdad. Se suelta vapor y como locomotoras resuellan las peores discusiones sin herir a nadie, sin meternos en líos con las autoridades o los hijodeputas abundantes (como sí sucedería con todos los demás temas de vida), sin soltar una galleta o un buen puñetazo en pleno rostro y nadie puede decirnos nada.

Incluso estas esquinas calientes han sido materiales de televisión en diversos momentos cuando no hay miedo de poner al aire en vivo a transeúntes, cosa muy delicada (¿Recuerdan a Pánfilo el Negro?).

Llegamos a tal punto de apasionamiento en las discusiones peloteras o sobre fútbol internacional que los fanáticos se aluden personalmente, es decir, cuando se refiere un equipo que el fanático sigue, este se expresa en primera persona como si fuese él quien estaba en el terreno jugando, o como si fuese el dueño del team. “Viste, ¡Yo gané ayer!”o “Mañana voy a meterle durísimo a tu equipo.” Puede decir alguna persona y a nadie parecería raro cuando se refiera a estos dos deportes. También se dicen las mayores groserías y nadie se inmuta.

Para colmo y como ejemplo, una de las revistas supuestamente más importantes en la esfera literaria nacional, La Gaceta de Cuba, en su edición de mayo junio del 2015 dedicó la mitad de su espacio precisamente a trabajos sobre… la Pelota. ¡Increíble! Las primeras treinta y ocho páginas de unas setenta. Y por si las dudas, se incluyó un artículo final, titulado Pelota o Fútbol. ¿Entienden nuestro principal dilema?