Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

Estampas Cubanas: Las posadas

Jorge Luis González Suárez, en Primavera Digital

Plaza, La Habana.- Nadie mejor que Guillermo Cabrera Infante describió las posadas, como se llamaba en Cuba a esos lugares de recreo del placer sexual. En su libro “La Habana para un Infante difunto” narra algunas de sus experiencias en estos sitios con mujeres que tuvo de forma ocasional.

La connotación de este vocablo en Cuba, difiere del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. En España se interpreta como casa de huéspedes, hostal o vivienda que brinda hospedaje a caminantes que viajan por campos y poblaciones del interior del país. Para nosotros aquí el término tiene un significado desdeñoso, debido al uso dado por las parejas de enamorados, sobre todo aquellas personas que mantenían una aventura breve con infidelidad matrimonial. Aun así existió de manera más o menos oculta, cierto nivel de condescendencia con los concurrentes, lo cual se justificaba por la necesidad fisiológica del propio acto.

El número de posadas que existieron en La Habana fue enorme (la modalidad de un lugar para hacer el amor fue casi exclusiva de la capital). La calidad de las mismas variaba según su punto de ubicación, así como una tarifa de precios, que tenía un mínimo de 2.40 pesos por tres horas y 60 centavos la hora adicional.

Todas tenían un diseño arquitectónico inconfundible para la función que realizaban. Nada más se identificaban por el nombre visible. Hubo establecimientos que ni siquiera contaban con denominación exterior.

El interior también era característico. Largos pasillos con habitaciones continuas y poca iluminación. Cada cubículo poseía una cama camera, algún espejo grande en la pared o coqueta, un ventilador y un baño accesorio dentro. Otras tenían una minúscula sala con sillas, previa al dormitorio, pero su diseño era estándar.

Las de lujo eran parecidas a un motel norteamericano. Contaban con un garaje propio, al cual llegaban las parejas, lo cual facilitaba la intimidad y discreción, requisito indispensable en cualquiera de estos locales. Aunque hubo momentos que se vigiló que no cometieran adulterio las esposas de los participantes en la zafra de 1970 y los que combatían en Angola.

Los posaderos brindaban un servicio de bebidas y comestibles o refrigerios según la categoría. Esta prestación la solicitaba el cliente por un teléfono interno que había en todas las habitaciones.

Cuando empezó la escasez, había personas previsoras que acudían con agua, sábanas, toalla y jabón, por si no los tenían.

El pago era cuando se marchaban los clientes, momento que aprovechaba el sirviente para cambiar la ropa de cama.

Alcancé pocas veces a recorrer algunas en mi juventud, antes de su completa desaparición. Estuve en la famosa 11 y 24, y la de 2 esquina a 31, ambas en El Vedado, mencionadas por Cabrera Infante en su obra, así como las conocidas casitas de Ayestarán.

Hubo muchas más a las que no asistí. Entre ellas recuerdo la llamada Rex en San Miguel, La Campiña, detrás del paradero del Cerro, La de Monte y Arroyo, en la esquina del Mercado Único y las de gran renombre, como la Monumental, en esa vía periférica, o la de Alta Habana, ubicada en dicho reparto, muy cerca de la industria de perfumería Avón.

Al llegar la Revolución y nacionalizar estos negocios, aparecieron en su frente unos curiosos cartelitos que presentaban un dibujo de un hombre y una mujer sin rostro definido con el eufemístico nombre de “Albergue INIT”. Para inventar apelativos busquen a nuestros señores dirigentes.

Hoy, los edificios sobrevivientes que ocuparon las posadas se han destinado como albergues para damnificados por desastres naturales o derrumbes de sus casas. En principio se dijo que estos locales funcionarían como albergues, hasta que el estado construyera nuevos hogares para los perjudicados por esas catástrofes. Muchas de esas familias llevan más de 20 años en dichos recintos, hoy de manera permanente.

Hace unos meses, en el programa “Vivir del cuento”, con su satírico personaje Pánfilo, dedicó un espacio al tema de recuperación de las posadas, servicio que ahora brindan particulares en sus casas a precios exorbitantes. La burla consistió en informarlo como una noticia oficial y quedó tan bien hecha que muchos creyeron que era verdad.

¿Volverán las posadas? Recomiendo a los enamorados consulten el Kama Sutra y el Ananga Ranga, textos que brindan soluciones para hacer el acto sexual, además buscar lugares públicos discretos, pues con este sistema, cosas tan simples que no preocupan a las altas esferas, nunca tendrán respuesta.