Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

Entre el deber y la pared (basado en una historia real)

Alejandro Hernández Cepero, en Primavera Digital

El Carro, La Habana.- ¡Justicia…!!! Clama su alma desde el fondo del oscuro sepulcro donde yacen sus restos mortales. Apenas pasaba los treinta cuando su último aliento de vida expiró. La mitad de su corta existencia la pasó, como sólo un número más entre los tantos en los cementerios de hombres vivos que son las cárceles cubanas.

De adolescente, se dedicaba a ‘echarle el guante’ a cualquier cosa que alcanzaran sus manos. Las razones del por qué decidió ese camino, es el secreto compartido con su Creador. Pudiera justificarse en el origen disfuncional de su hogar, lejos de la guía y la mano dura de un padre, pero no lo creo. Yo también crecí así, sin padre y peor aún, sin madre.

Al ser detenido, se convirtió en el chivo expiatorio de aquellos oficiales que con su captura, por defecto, cerraron todos los casos que tenían el mismo o un parecido modus operandi. Ya podían dormir en paz, un delincuente menos y un número más, para el sistema penitenciario.

El estar confinado no constituyó la más mínima garantía de su reeducación. Tras un pase del que no regresó a tiempo, le añadieron más años y se le trasladó hacia el oriente del país. La distancia que debían recorrer para asistir a sus visitas, se convirtió también en un castigo para la familia.

Los testimonios de los allí recluidos hablan por sí solos. Algunos entre ellos llegaron a coserse la boca para obligar a los guardias llevarlos a la enfermería. Esto era un hotel de seis estrellas comparado con los calabozos y las galeras.

Existen quienes aseguran que esa prisión, en otro tiempo, había albergado a reclusos víctimas del ‘bacilo de Koch’, conocido como causa de tuberculosis. Una enfermedad que se propaga por las vías respiratorias. Sensible a la luz ultravioleta, al calor y la luz solar. Esto último, un lujo del que son privados los reclusos en las cárceles cubanas.

Durante su corta estancia en la prisión recibió una segunda condena. En este caso fue a muerte, víctima del bacilo de Koch. Cuando se decidió su traslado, el impacto de la tuberculosis en su organismo era irreversible.

No obstante, era mejor que muriese en un hospital civil y no dentro de esos bunkers de concreto a los que llaman calabozos. Húmedos son, con escasa luz y poca ventilación. Sin condiciones sanitarias y mucho menos higiénicas.

Por parte de los médicos, se agotaron todos los recursos. Uno de sus pulmones, no se expandía y no pudieron extirparlo antes que causara la muerte de su hermano gemelo. Expiró encadenado esta vez, a una máquina de respiración artificial.

Esta, puede ser la historia de cualquier joven dentro de las mazmorras de un feudo que tiene a poco la vida de sus súbditos. Sobre todo, la de aquellos que en algún momento erraron en sus caminos. Un feudo en el que aquello de que errar es de humanos y rectificar de sabios, sólo constituye un slogan en medio de toda su utopía. Otra falacia ideológica para vender al por mayor.

A este joven no le conocí personalmente, a sus padres sí. Su papá hoy vive en mutis la agonía de haberlo perdido sin tener a quien reclamarle por la cobardía de asesinarle en silencio.

Yo, quedé atrapado entre el deber y la pared. O lo que es peor, entre mi deber y nuestra amistad. Cierro mis ojos y me parece ver a Desmond Tutu en pie, delante de mí, recordándome: “Si eres neutral en situaciones de injusticia es que has elegido el lado del opresor”.

Y me pregunto, ¿por qué callar?, si ya perdió a su hijo, ¿qué más tiene que perder? Le miro a los ojos y puedo ver que en medio de aquella fortaleza que se esfuerza por construir a su alrededor, su alma gime como la de un indefenso niño pequeño y callo en señal de respeto a su dolor.

Es por ello que como periodista, me veo obligado a elegir un camino, y no puede ser otro que cumplir con el más sagrado deber de mi profesión. Es por ello, que hoy denuncio una vez más, los desmanes de aquellos que tienen a mi pueblo en constante agonía.

Me enfrento a mi deber. Quizás, sacrificando la amistad para levantar la voz por aquel joven al que impunemente se la arrancaron.

Es mi deber también, izar la voz de aquellos hombres que poco a poco, ven como sus lámparas se apagan en las cárceles en las que han sido confinados. Verdaderos cementerios de hombres vivos.