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Elecciones… ¿por Cuba?

Germán M. González, en Primavera Digital

Bauta, Artemisa.- Hace unos meses, Granma, el órgano del partido-gobierno, publicó una serie de 13 artículos explicando el kafkiano sistema electoral cubano bajo el título “Por Cuba”, lema de las últimas elecciones.

Intentaremos describir orígenes y características del sistema electoral cubano.

Cuando en 1976 se aprobó (con 98% votantes, 97,7% del sí) la traducción cubana de la constitución soviética, Fidel Castro llevaba 17 años de gobierno absoluto bajo la llamada Ley Fundamental, que dijeron sería provisional hasta el restablecimiento de la Constitución de 1940, promesa que pronto fue desechada. Esa Ley daba al Consejo de Ministros facultades legislativas, judiciales y ejecutivas. Ya en esa fecha se había consolidado un estado totalitario.

Ese período se caracterizó en lo económico por la irresponsable dilapidación del patrimonio estatizado, y en lo político por el fusilamiento de miles de opositores y el encarcelamiento de decenas de miles condenados en juicios sumarísimos sin garantías procesales, más el exilio de cientos de miles, esquivando ambas posibilidades.

La ayuda soviética vistió, calzó, alimentó y armó hasta un millón de soldados y milicianos que neutralizaron la invasión por Girón (1,200 hombres) y a más de seis mil alzados anticastristas.

Tras 17 años de poder absoluto, Fidel Castro había conformado la cúpula del partido-gobierno bajo dos premisas: incondicionalidad y relaciones con los soviéticos, con Raúl como máximo exponente de ambas. Del seno de ese equipo u otros niveles de la nomenklatura, salen los directivos de “la polea trasmisora de la política del partido a “las masas”, léase organizaciones de masas.

Establecidas esas condiciones podemos comentar las ¿elecciones? cubanas.

El proceso ocurre de arriba hacia abajo, con la siguiente secuencia:

I-La cúpula del partido-gobierno por medio de las “organizaciones de masas” -cuyos directivos designados forman las comisiones de candidatura en las instancias municipales, provinciales y nacionalmente.

II-Las comisiones preseleccionan los integrantes de las listas de candidatos para:

a-Presidir las asambleas municipales y provinciales del poder popular.

b-Delegados a las asambleas provinciales y diputados a la Asamblea Nacional.

Estas listas primero son revisadas por cada nivel del partido-gobierno, luego presentadas a las asambleas provinciales y municipales como lista cerrada y la de diputados a los electores igualmente, no se puede modificar la propuesta.

III-En el caso de la Asamblea Nacional, los diputados “eligen” el consejo de estado igualmente en una lista cerrada pero esta vez no hay comisiones: la lista la confecciona la cúpula del partido-gobierno, la cual se auto reelige periódicamente, con variaciones por muerte y enfermedad o renuncias “sugeridas” a algún que otro miembro ya en desuso.

IV-Paralelo a este proceso se realiza la única fase algo democrática con la nominación de candidatos a las asambleas municipales y elección de éstos. Increíblemente el partido-gobierno hostiliza a cualquier persona “no incondicional” impidiendo su nominación y elección. Esto es increíble pues el delegado es un cero a la izquierda: la directiva de la asamblea municipal la selecciona la “comisión de candidatura” y el artículo cinco de la constitución “casualmente” exacto al correspondiente de la soviética, establece que “El Partido Comunista de Cuba, ¿!martiano!? y marxista-leninista es “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado…” Este artículo descalifica todo el proceso descrito: en todas las instancias manda el partido como autoridad real, así lo establece la constitución.

No obstante, ni siquiera el bodrio copiado se respeta. Progresivamente se erigen los militares como casta superior dentro de la estratificada sociedad cubana: generales de tres estrellas presiden las denominadas “regiones estratégicas” (occidente, centro y oriente) y el de cuatro estrellas; Raúl Castro es cada vez más citado, en lugar de con las 23 palabras habituales (primer secretario del… etc.) como “presidente del Consejo de Defensa Nacional”.

Con el poder militar, político y económico en sus manos, el estado dentro del estado, como “Alien, el octavo pasajero” emerge desgarrando a su hospedero y destruyendo la depauperada sociedad cubana.