Cubanálisis - El Think-Tank

    LA PRENSA INDEPENDIENTE CUBANA

 DESDE EL CAIMÁN

.

Cubanálisis - El Think-Tank abre un espacio más a los heroicos y decididos profesionales que desde dentro del monstruo enfrentan innumerables y continuas presiones para ejercer cada día su derecho a expresar sus opiniones. No se publicarán materiales donde los autores no se identifican con sus nombres reales o no residan en Cuba. El único criterio restrictivo es la calidad: materiales escritos con rigor profesional se publican, aunque Cubanálisis - El Think-Tank no comparta necesariamente opiniones vertidas en dichos artículos.

 

De Meritocráticos a Mediocre-Cráticos

Jorge Prieto, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- “…de chico en las escuelas nos enseñaron: las transnacionales son los tentáculos del imperialismo, los deportistas profesionales unos vendidos y los negocitos privados rezagos del pasado”.

Todas estas sentencias absolutas quedarán atrás el próximo 24 de febrero cuando se refrende la Nueva Constitución de la República promocionada por el propio gobierno comunista. Lo que quiere decir que a partir de la aprobación, podrán seguir en la senda al comunismo, sin ser tan recelosos con los “Principios”, al menos, aquellos referentes a la ortodoxia económica marxista.

Aunque ya desde la caída del Muro de Berlín en los 80s se habían aprobado determinadas aperturas, esta vez las reformas llevan la tradicional fuerza retórica revolucionaria, “Inversión extranjera o Muerte”. Esto quiere decir más. Todos los encrespamientos pasados con los consorcios, titulares estadounidenses y nacionales por las confiscaciones y expropiaciones, pudieron haberse evitado.

Es decir, que lo más sano para el país al triunfo de la Revolución hubiera sido que los rebeldes bajados de La Sierra hubieran implantado igual su particular Dictadura del Proletariado, pero en lo económico, debieron haber dejado a la economía en su curso de prosperidad, que traía desde principio de la década de los 50s.

“Yo antes de la Revolución, podía pagarme unas buenas vacaciones, incluso en otro país, rodar el auto del año, vestirme y comer muy bien. Todo eso con mi salario medio y el de mi esposa. ¡Ah! pagando con la moneda nacional”.

A finales del siglo XVIII a Napoleón Bonaparte se le presentaron similares circunstancias y aplicó lo que luego se nombraría como la meritocracia, esto es, el poder de los hábiles e inteligentes. Una estructura de ascenso militar y social que se armaba en el talento, no en los títulos nobiliarios.

Cuando la independencia de las trece colonias en el 1789, los americanos se le habían adelantado a Napoleón por unos años. Americanizaron la meritocracia, propiciando un seguro ambiente de negocios, con el libre albedrío como norma económica. Ante el éxito, lo reprodujeron al hilo Holanda y luego Gran Bretaña. A lo largo del tiempo muchos países lo aplicarían, sin siquiera estar definido el término.

El calificativo parece una palabra antigua, pero la acuñó recién en 1958 el sociólogo británico Michael Young.

A la Revolución de Cuba, le hubiera resultado fácil implementar la meritocracia, con el mismo rigor policial con que persiguió a agentes productivos y políticos. Con iguales ímpetus, se pudo sanear el país de todas las lacras y parásitos que les hacían la competencia desleal a quienes trabajaban duro. Estos fueron, terratenientes de barbecho, aristócratas del ocio, políticos corruptos y extorsionadores o la legendaria botella cubana.

Incluso existe el ejemplo contemporáneo en Asia. Singapur que en el propio año 1959 con similar desarrollo y recursos que Cuba y hasta con potenciales enemigos en su proximidad, instauró la meritocracia. 60 años después es un país de ensueños.

El proletario singapurense actualmente devenga más de ¡100 veces! el salario promedio de sus colegas socialistas cubanos. Esto es, más de 3 mil dólares mensuales, contra menos de 30 dólares al mes, que devengan los cubanos.

“La meritocracia no fue una opción a tener en cuenta por la Revolución”, -me decía un revolucionario retórico- la meritocracia es una forma de discriminación, supondría enormes desequilibrios en los ingresos, entre la gran mayoría obrera no-venturosa y la minoría exitosa aburguesada”.

Después de escuchar sus argumentos caí en cuenta del porqué estos revolucionarios escogerían el marxismo y no la meritocracia como forma económica de gestión. La meritocracia es sobre todo un ejercicio de libre albedrío económico.

Napoleón la implantó pensando en sí mismo, era un súper talento con una capacidad de trabajo inagotable. Podía escuchar un parte de guerra, mientras escribía órdenes al frente.

Los barbudos bajados de la Sierra Maestra tenían bien claro que la democracia y en especial las elecciones democráticas son también una manifestación abiertamente meritocrática. Una competencia libre donde cada pretendiente al poder, muestra sus cartas, su carisma y elocuencia emérita. Muchísimos de los guerrilleros se habían alzado desde el surco, de monte adentro, recién veían La Habana con la invasión y sabían que el deslumbramiento inicial, la popularidad obtenida a coraje, bala y petardo, se desvanecería rápidamente en la paz. En cuanto se rasuraran las barbas y el aspecto guerrillero, podrían hasta ser tildados de gatillos alegres o terroristas.

La presunción cae por su peso, “¿los incompetentes son quienes llevan adelante la Revolución?”. Es por ende natural, ver durante todos estos años de revolución, toda índole de torpezas. Tratar de desecar medio millar de hectáreas de Ciénaga o una zafra de 10 millones de toneladas de azúcar. Que un ministro, cheque en mano, importe varias barredoras de nieve, e intentar ponerlas a barrer ¡en La Habana! O la “genial idea”, de enviar un contingente de tiritantes leñadores a la gélida Taiga Siberiana o confiscar las propiedades de norteamericanos y cubanos, y ahora, con la nueva Constitución, proponerlas a terceros.