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Cuba: entre la escasez y el abuso

Las aglomeraciones de personas en tiendas y puestos de venta ya son habituales, sobre todo cuando se ofertan productos como el aceite, el pollo o la carne de cerdo

Roberto Jesús Quiñones Haces, en Cubanet

GUANTÁNAMO, Cuba. – Las aglomeraciones de personas ante las tiendas son notorias cuando se conoce que van a vender productos deficitarios como el aceite, el pollo o la carne de cerdo. Por ejemplo, la pasada semana, en la Tienda Recaudadora de Divisas (TRD) “El Orbe”, situada en el centro de la ciudad de Guantánamo, anunciaron la venta de pollo y las personas que se posicionaron frente a la puerta perdieron la paciencia e irrumpieron violentamente en el local. En la trifulca para adquirir los dos paquetes autorizados fue roto el cristal de una de las neveras.

Desde hace varios meses no hay venta libre de huevos y escasean productos de primera necesidad, objetos de regulaciones administrativas para impedir el acaparamiento. La venta de pan normado ha presentado irregularidades en Guantánamo en estos días y la oferta de pan especial también ha estado limitada.

Las carnicerías que venden la ínfima porción de productos cárnicos que el Estado garantiza por la libreta de abastecimientos sólo han ofertado este mes cinco huevos por persona al precio de 0.90 centavos por cada unidad. A pesar de la crisis alimentaria que padece el país, no todos los ciudadanos pueden comprarlos debido al precio.

El abuso y el maltrato a los consumidores

Toda crisis potencia lo peor de muchos seres humanos y un sector tan desprestigiado en Cuba como el del comercio y la gastronomía no es precisamente la excepción.

Tanto en el sector estatal como en el privado -el mal llamado cuentapropismo- las violaciones a los derechos de los consumidores mantienen una presencia pasmosa que, increíblemente, cuenta con la permisividad casi absoluta de los perjudicados, tan es así que se ha vuelto algo excepcional presenciar la reclamación de un cliente ante la violación de sus derechos.

En el sector estatal las mañas van desde añadirle agua a la carne de cerdo, los embutidos y el pollo antes de congelarlos hasta “bautizar” -echarle agua- al ron que se expende directamente desde los tanques o al que se vende en botellas plásticas. De la adulteración no se salva el café normado -de hecho, ya adulterado porque está mezclado con chícharos- ni el que se vende en las TRD -de mayor calidad-, algo que daña la imagen comercial del producto. Tampoco escapan al fraude la cerveza nacional y el yogur.

En los establecimientos estatales se hace sentir la mala educación y hasta la grosería de muchos de empleados, quienes actúan como si  estuvieran allí para hacer un favor y no para prestar un servicio por el que se les paga. A este sector también lo distinguen la excesiva demora en atender a los clientes, la alteración de los precios de los productos, las “multas” impuestas a los compradores -aumento del precio real de la venta- y el expendio de productos “ordeñados” -disminución ilícita del contenido del producto-.

En el caso de los líquidos envasados en cartón, como los jugos de frutas; o en plástico -como el ron, el detergente líquido y el aceite- es sabido que los dependientes usan agujas para robar el contenido. Si Ud. reclama le advierten que el sello de seguridad está intacto y que el producto llegó así de la fábrica.

Ni siquiera la pasta dental, los desodorantes o los creyones de labios se salvan de estos comerciantes inescrupulosos, quienes usan dichos productos y vuelven a colocarlos en los anaqueles.

En un reciente viaje que hice a Cienfuegos presencié la comisión de uno de esos actos deleznables en la cafetería situada al lado del Cine Luisa, que cobra sus servicios en moneda convertible. Una joven dependienta le cobró a un anciano por una pizza de atún (2.60 CUC) y una cerveza Heineken (1.30 CUC), la suma de 4.20 CUC (Pesos convertibles). El señor le pagó con un billete de 5 CUC y, además de haber sido “multado” con 0.30 CUC, se quedó sin su vuelto pues, cuando lo reclamó, la dependienta -una hermosa mulatica con un moño tenido de amarillo- le respondió conminatoriamente que ya se lo había dado. A pesar de los reclamos del anciano -que apoyé- la joven se mantuvo “en sus trece”. Cuando el hombre salió de allí le sugerí que se quejara ante la gerencia y me respondió: “¿Para qué? Lo que más me duele no es el robo de un peso y pico sino que me hagan pasar por loco delante de otras personas”.

En casi todos los pequeños puntos de venta dedicados a la comida rápida -pizzas, fritas, ensaladas, refrescos, bocaditos, etc.- se aprecian la mala higiene y la incorrecta conservación y manipulación de los alimentos.

En muchos restaurantes privados los precios de los alimentos y las bebidas son excesivos. Ya es vox populi que no debe pedirse pescado de mar en ellos si no se es un conocedor pues los cocineros -todos excelentes- convierten un pez gato, una tenca o una trucha en el más suculento de los pargos.

El precio de las maltas, refrescos y cervezas en algunos de estos negocios es igualmente abusivo, pues una cerveza nacional puede llegar a costar hasta 35 pesos y una importada 50.

En los puntos de venta existentes en la calle principal de Jatibonico, poblado de la provincia de Sancti Spíritus donde se detienen numerosos ómnibus de pasajeros, los refrescos que el Estado vende a 10 pesos corrientes o 0.50 CUC, son vendidos a 20 y hasta 25 pesos cuando están en falta. Lo mismo ocurre con las maltas, que cuestan 0.60 CUC y 0.80 CUC y son vendidas a 20 y 25 pesos corrientes. Es decir, cobran 10 y 15 pesos sólo por enfriarlos.

En los mercados de productos agropecuarios y cárnicos -estatales o privados- el primer obstáculo que confrontan los clientes es el pesaje de los productos, pues casi todas las pesas están preparadas para robar al cliente. Aunque está orientado que el pesaje se haga en kilogramos, los vendedores siguen usando la libra y, al hacer la conversión, engañan a los consumidores afirmando que esta tiene 400 gramos en vez de 453.59.

Tampoco varían el precio del producto cuando envejece en las tarimas ya que lo venden al mismo precio, aunque luego reportan que fue modificado. Las ganancias obtenidas no van a las arcas del Estado sino a los bolsillos de los dependientes.

En estos momentos, el precio de la libra de carne de cerdo en Guantánamo ha llegado hasta los 30 pesos, y si es deshuesada 35 pesos, aunque ya hay sitios que la venden a 40. A 30 pesos está la libra de carne de ovejo y “la prohibida” -la de res, cuando aparece- ronda los 40 pesos en el marcado negro, aunque rara vez el Estado la vende en las TRD al “módico” precio de 11 y hasta 13 CUC el kilogramo, es decir, entre 275 y 325 pesos cubanos. ¡Todo un salario mensual!

A pesar de la promulgación de las recientes medidas para proteger a los consumidores, todo indica que con ellas está pasando lo que ocurrió con las leyes de Indias: se acatan pero no se cumplen.