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¿Conformidad o resignación?

Jorge Luis González Suárez, en Primavera Digital

Plaza, La Habana.- Una frase popular muy repetida por la población cubana es: “Esto es lo que hay. No hay más ná”. Dicha frase refleja una actitud pasiva de asentimiento ante las pocas cosas que aparecen en los mercados y que se aceptan como un logro.

Esta forma de pensar se extiende también a la vida social y hasta la política, donde quedan al margen las aspiraciones que tienen todos los seres humanos en la vida común.

Este tipo de comportamiento da que pensar. ¿Por qué hoy una buena parte de los ciudadanos, en su mayoría los de bajos ingresos y limitaciones materiales se expresan de esta forma?

Vamos a retrotraernos a los inicios de la llegada al poder del régimen revolucionario.

La ruptura de relaciones con los Estados Unidos originó el comienzo de la llamada “escasez”. Una de las principales alternativas del gobierno revolucionario, fue lanzar una enorme campaña ideológica para adaptar la mente de las personas a “resistir”, ante la falta de productos y así demostrar al mundo que podían vencer, aun con esas condiciones.

La entrada en vigor de la llamada Libreta de Abastecimientos para alimentos y ropa, la cual normaba los artículos y cantidades que debía recibir cada persona, fue un primer paso para condicionar una actitud pasiva de conformidad, pues daba derecho a tener aquellas cosas indispensable para la vida cotidiana.

Este instrumento de distribución hoy casi obsoleto para la obtención de unos pocos alimentos es aceptado por el pueblo como un náufrago a una tabla de salvación. Incluso una gran cantidad de personas agradecen al Estado por mantener la exigua cuota alimentaria.

Se diseñó una ideología de resignación ante las cosas materiales no indispensables. Por ejemplo, un joven en aquellos inicios de la Revolución no debía ambicionar un vestuario diferente al usado por la mayoría. Esto se recalcaba con ideas sobre cómo personas de otros países vivían en condiciones infrahumanas.

La enseñanza escolar en todos los niveles tuvo un gran papel y aun hoy lo mantiene, para inculcar estas formas de igualitarismo. Esto se extiende desde el uso obligatorio del uniforme escolar, hasta asignaturas que predican formas de actuar sin aspiraciones de sobresalir ante otros compañeros en la imagen personal.

Un papel fundamental jugaron los medios de difusión masiva. La supresión desde los primeros momentos de fotografías de actores extranjeros destacados, de la música rock, películas, revistas de farándula y otros objetos, fueron eliminados por ser catalogados como “diversionismo ideológico”.

Asuntos como el transporte, la calidad de los servicios y la falta de opciones recreativas, entre otras situaciones, siempre agravaron hasta hoy más dificultades a la vida diaria de los cubanos de a pie, pero aparte de escuchar ahora expresiones de inconformidad en público y alta voz, “no pasa nada”.

Estos prototipos de comportamiento donde todos teníamos que ser iguales se extendieron hasta la entrada por vez primera de familiares de la llamada “comunidad cubana en el exterior”, quienes trajeron cargamentos de objetos y bisuterías que comenzaron a deslumbrar a muchos cubanos.

El famoso cuento del personaje Pepito, el cual cambiaba un tío de la comunidad por dos parientes comunistas, demuestra hasta donde llegó la influencia negativa para el régimen sobre la gran falacia de la explotación a los trabajadores en el capitalismo.

Hoy el inmenso desarrollo tecnológico, aun con la enorme limitación en estos medios que poseemos la mayoría de la población por su costo y por la interferencia gubernamental, hacen que la visión tenga un cambio enorme, pero aun así persiste la inacción.

La gran pregunta que hacen muchos extranjeros cuando nos visitan y pueden adentrarse en la vida cotidiana del cubano es: ¿Por qué la gente no se rebela?

La respuesta a esta interrogante es bastante difícil de brindar, pues depende de varios factores.

Ante todo hay que considerar que en Cuba nada funciona bien, excepto la maquinaria represiva de la Seguridad del Estado que parece un reloj de alta precisión.

Otro elemento a tener en cuenta es como las altas esferas se mantienen bien apartadas del vulgo en lugares exclusivos y evitan todo contacto e información popular sobre su medio de vida.

El tema puede discutirse hasta el infinito y analizarse desde otros puntos de vista, pero una realidad es inocultable: los de arriba viven bien, los de abajo, según el pensamiento inculcado, deben tener conformidad o resignación con las restricciones que padecen. “Esto es lo que hay. No hay más ná”.