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Bajo la mirada de los CDR

Los CDR se convirtieron en clanes familiares, heredados por los hijos y nietos de sus fundadores

Miriam Leiva, en Cubanet

LA HABANA, Cuba.- El IX Congreso de los Comités de Defensa de la Revolución, efectuado del 26 al 28 de septiembre, con la participación de 480 delegados y 90 invitados nacionales, evidenció la obsolescencia de la Revolución y sus organizaciones.

Raúl Castro solo estuvo en la mañanera y breve clausura, como convidado de piedra. José Ramón Machado Ventura asistió el segundo día a las sesiones de trabajo y pronunció el discurso de cierre. El llamado presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, se desplazaba por Nueva York, por lo que llegó a proponerse la posposición del congreso y únicamente celebrar el aniversario de la llamada organización no gubernamental para que pudiera asistir el nuevo jefe de estado y de gobierno.

Debido a la creciente apatía de la población hacia las “tareas” de los CDR se suponía que sería un congreso dinámico, con actividades atractivas. Pero no fue así. El evento careció de la relevancia que les confería Fidel Castro, que asistía, rodeado de los principales dirigentes, para pronunciar inflamados discursos, y con gran cobertura de las sesiones en los medios.

El Comandante anunció la creación de los CDR con el objetivo de “establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva”, durante una concentración en la terraza norte del Palacio Presidencial, el 28 de septiembre de 1960.

En cada cuadra se creó un CDR para vigilar a cada cubano e informar a la Seguridad del Estado acerca de las personas acusadas de ser contrarrevolucionarias.

Los cederistas, además de hacer guardias nocturnas, también fueron utilizados para compulsar la participación en los desfiles en la Plaza de la Revolución, o frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos por diversos motivos, como el retorno del niño Elián González o la liberación de los Cinco. También son usados en los tristemente conocidos “mítines de repudio” contra cualquier persona señalada como “contrarrevolucionaria”.

Los CDR se convirtieron en clanes familiares, heredados por los hijos y nietos de sus fundadores, en ocasiones coludidos con los negocios ilícitos.

Los CDR cuentan con 8 500 000 miembros, de una población de 11 239 224 de cubanos. La membresía es prácticamente automática al arribar a los 14 años de edad.

Las recomendaciones e informes de los CDR llegan a las escuelas y centros de trabajo. Las licencias para abrir un negocio y otras gestiones también pueden ser afectadas por los criterios de los CDR que, además, llevan el registro de los moradores de las viviendas, y el control de todos los extranjeros y cubanos residentes en el exterior que visitan o alquilan a los vecinos de un barrio.

Los llamados “factores de la comunidad” con los cuales el gobierno ejerce presión sobre la población, están integrados por militantes del Partido Comunista y de los CDR.

La primera visita de Miguel Díaz-Canel a Estados Unidos, su primera participación en el segmento de alto nivel de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, y los encuentros con personalidades norteamericanas y cubano-americanas, acapararon la atención de los medios durante una semana, restándole espacio al congreso de los CDR.

Las palabras de Carlos Rafael Miranda, coordinador nacional de los CDR y miembro del Consejo de Estado durante el congreso, ocuparon escasas líneas, en contraposición con las gritonas directivas del secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en las asambleas preparatorias de su próximo congreso, lo que demuestra la prioridad que confieren los altos dirigentes del país a la CTC como polea de transmisión del poder a los trabajadores, cuando los salarios y las condiciones de trabajo son muy precarios, y la crisis económica afecta grandemente la calidad de vida.

El fomento de la unidad, el trabajo ideológico con la familia y los niños, y la lucha contra las drogas, la prostitución y la corrupción, fueron priorizados en el congreso de los CDR, junto a los círculos de estudio, el trabajo voluntario, la limpieza de las cuadras, las donaciones de sangre y la recogida de materia prima.

Durante el gobierno de Raúl Castro, las tensiones con Estados Unidos descendieron de tono, y por tanto, en la actualidad, los CDR, fundamentalmente, se movilizan para los desfiles de cada primero de mayo, la celebración de algunas efemérides, las visitas de dignatarios extranjeros, los procesos electorales. En estos momentos se ocupan de las reuniones para el análisis del Proyecto de Nueva Constitución.

Al parecer, en la era de Miguel Díaz-Canel continuará el ocaso de la motivación popular hacia los CDR, pero se mantiene su propósito fundamental: la vigilancia, siempre entrelazados al Ministerio del Interior.