Cubanálisis - El Think-Tank

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¡Ah, los crédulos cubanos!

Eduardo Martínez Rodríguez, en Primavera Digital

El Cerro, La Habana.- El pasado 26 de julio no encendí la televisión ni siquiera para ver los Juegos Centroamericanos, para no tener que chocar con la exacerbada propaganda política estatal y el chovinismo de los directivos de la capa gobernante que no pueden dejar de ninguna forma que esto se caiga pues ¿a dónde irían a parar?

Al final, si las tendencias derechistas continúan ganando espacio en el planeta, los comunistas e izquierdosos van a tener que construir un estado flotante nuevo e ir a residir bien lejos de quienes quieren ajustarle cuentas. Yo les recomendaría que le pusieran un buen motor, pues algunos que no olvidan van a perseguirlos.

Fui al Palacio de las Moscas (como llama mi hermano al mercado de mi barrio) para adquirir el paquete de un kilogramo de leche descremada en polvo que recibe mi anciana madre como dieta especial debido a su diabetes. El día 25 no había llegado y se supone que se venda a principio de mes. En la cola me enteré de que no hay leche descremada, la que se va a entregar es la cremada, o leche entera, pues el estado no ha podido adquirir la otra en el mercado Internacional. ¡Wao!

Por un momento me vi en Venezuela, pero en este caso algo diferente pues allá el dinero no vale casi nada y un cartón de huevos cuesta dos millones de bolívares; no, aquí hay algo de dinero, tampoco mucho, pero no existen los productos, incluso los más importantes y de primera necesidad. Hasta el pollo se ha perdido. Y ni hablar de lo demás que el barco que lo traía parece haberse hundido en el trayecto.

Una señora, mulata, alta, le decía a otra: -“Oye, desde que pusieron la piedra de Fidel en Santiago, la tierra no ha vuelto a temblar.” A lo mejor es verdad y ese era el peso que les hacía falta completar. Si ese fuera el caso, entonces podríamos acudir a la iglesia para que proponga al señor de la barba como San Fidel. Ya ha hecho un milagro. Entonces se colgará una gran imagen suya la Catedral Santiaguera y se venderán estampillas con su rostro y muchas personas como la mulata del mercado, le pedirán secretamente cosas. Yo también seguramente le pediría algunas, pero son esas mismas que nunca nos concedió en vida, que nunca quiso escuchar.

Un cubano emigrado hacia Argentina tiempo atrás llegó de visita a esta, su tierra, y no cesaba de exclamar como asombrado: -“¡Ñoo, qué malo está esto!” En mi casa lo expresó como cuatro veces.

Argentina se nos muestra como a punto de naufragar en manos del FMI, con sus ciudadanos a punto de cortarse las venas. ¿Y esto está más malo? ¡Ñoo!